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En verano, los jóvenes no se aceptan como inquilinos
Cada vez son más los avisos de alquiler en internet y diarios que advierten que no se aceptan jóvenes.
Los adolescentes dicen ser discriminados por la edad y aseguran que hoy les resulta muy difícil
encontrar alojamiento en la costa.
«Alquilar a adolescentes hoy es sinónimo de destrucción total de la vivienda», se queja Ramona Tieso, dueña de una casa en Villa Gesell. La propietaria explicó a Ámbito Financiero que desde este verano sólo alquila su inmueble a familias. «En enero pasado cuatro chicos de veinte años alquilaron mi casa la segundaquincena. No sólo tuve problemas con los vecinos, que se quejaron porque la música y los ruidos nocturnos no los dejaban dormir, sino que además me rompieron un sillón, una ventana y en vez de cuatro terminaron siendo siete los que se alojaron en mi propiedad», se lamenta Tieso.
Coincide Mirtha Gómez, propietaria de un departamento en San Bernardo: «Los jóvenes cada vez están más descontrolados. No les dan valor a las cosas. La última vez que alquilé a una banda de chicos me encontré con un departamento sucio, con comida en mal estado en la heladera,baños sucios y paredesmanchadas».
Desde las inmobiliarias explican que ya no hacen operaciones con jóvenes y que son los locadores quienes se niegan a hacerlo. «Los chicos destrozan las propiedades y se pelean con los vecinos y encargados. No queremos problemas, así que los operadores inmobiliarios de Pinamar optamos por no trabajar más con ellos», explicó a este diario Gabriela Barbero, de la inmobiliaria AGB de Pinamar.
La martillera dijo que esta tendencia de observa en todas las playas del municipio (Pinamar, Ostende, Cariló y Valeria del Mar). «Uno trata de confiar y no generalizar, pero ya es imposible. Las malas experiencias se repiten en grupos tanto de varones como de mujeres», asegura Barbero.
También en playas tradicionalmente repletas de jóvenes, como San Bernardo y Villa Gesell, se niegan a alquilarles a grupos de chicos. «No trabajamos con gente joven desde que tuvimos que pintar un inmueble entero por culpa de unos chicos que rompieron la membrana y todas las sillas. Para colmo son maleducados y ya estamos hartos de lidiar con los vecinos que se quejan del olor a marihuana y de que borrachos revolean cosas desde los balcones», aseguró Elsa Albertozzi, dueña de una de las inmobiliarias más antiguas de San Bernardo. Agrega: « Muchas casas están vacías esta temporada, pero sus dueños prefieren esto antes de que las ocupen adolescentes».
Si bien es lógico que quienes pasaron por este tipo de situaciones desagradables se nieguen a volver a confiar en los adolescentes, también es entendible la postura de los chicos que quieren de buena fe pasar sus vacaciones en la costa y no encuentran alojamiento.
«Este año se nos hizo muy difícil encontrar una casa para irme con mis cuatro amigas a Pinamar», afirma Melisa Micheletti, de 20 años. «Cuando nos preguntan la edad nos dicen que no alquilan a grupos de jóvenes. No nos quedó otra que buscar un departamento de un conocido porque los dueños de los complejos y las casas más lindas no quieren saber nada con la gente joven», se queja.
No es la única que pasó por esta dificultad. Leandro Batain, de 19 años, dice estar indignado porque tampoco le quisieron alquilar en Mar del Tuyú. «Es injusto: meten a todos en la misma bolsa y nosotros, que no queremos molestar a nadie ni hacer nada malo, tenemos que bancarnos que nos digan que no, y terminamos alquilando alguna casa en una mala ubicación o en condiciones pésimas», aseguró el joven.
En los apart-hoteles y cabañas, la veda para jóvenes es rotunda. «Son lugares familiares. Un propietario hace un tiempo tuvo que desalojar a un grupo de chicas que se paseaban desnudas de noche en la pileta del complejo, sin importarles que había familias con chicos. No respetan nada», explicó la responsable de la inmobiliaria AGB.
Este condicionamiento dio lugar a que algunos propietarios se aprovechen de los chicos que llegan a la costa y desesperados recorren las calles en busca de alojamiento, cobrándoles precios ridículos por pequeñas viviendas que ni siquiera cuentan con electrodomésticos básicos, como TV o calefacción.
«Estuvimos buscando mucho tiempo una casa para alquilar con mis cinco amigos en el centro de San Bernardo. Nos discriminaron por la edad, diciendo que sólo alquilaban a familias. Tuvimos que conformarnos con un departamento de dos ambientes, a casi veinte cuadras de la playa, por $ 2.100 la semana. Pagamos caro, pero era eso, dormir en la playa o volvernos a Capital Federal», se lamenta Maximiliano Romero, de 18 años.


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