Enfermedad siempre estuvo en los partidos

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Las reformas políticas siempre han tenido por objetivo mejorar las instituciones políticas de nuestro país. La primera la llevó adelante Indalecio Gómez cuando logró que, en 1912, se aprobara la ley Sáenz Peña que estableció el voto universal, secreto y obligatorio para los hombres. Esta reforma fue completada en 1947 al extenderse este derecho a la mujer. Posteriormente los últimos gobiernos militares dictaron el código electoral (1972) y lo modernizaron (1983). En el año 1985 se dictó la ley de Partidos políticos que, con modificaciones, hoy se encuentra vigente. En el año 2002 como consecuencia de la crisis institucional que motivó la caída del Gobierno de la Alianza, se aprobaron dos leyes: la de financiamiento de la actividad política y la de internas abiertas, algo parecido a una reforma política. La ley de financiamiento se debió modificar cuatro años después y la de internas abiertas nunca se llegó a aplicar.

El primer gran mérito de la modificación legislativa recientemente aprobada es que reestructura de una manera integral el sistema electoral, el de partidos políticos y el de financiamiento. Alcanza también a la distribución de las funciones de la Justicia Electoral. Es como un mecanismo de relojería, si se toca una pieza se afecta el funcionamiento de las demás.

El segundo gran acierto de la reforma política es identificar claramente dónde está la falla de un sistema electoral que, mientras no hubo golpes militares, había garantizado a los argentinos, a lo largo de más de noventa años, la posibilidad de la alternancia de gobiernos y partidos y la transparencia en la emisión de su voto. La enfermedad está en los partidos políticos. Este sistema electoral no está preparado para afrontar la existencia de seiscientos ochenta y tres partidos políticos.

Es por eso que se establece el sistema de elecciones primarias para todos los partidos para que cualquier ciudadano vaya a votar el domingo 14 de agosto del año 2011 y determine él en qué partido quiere participar y cuáles van a ser los candidatos que él quiere que lo representen en la elección general. Ya no será el dedo ni el aparato interno del partido el que le imponga al ciudadano -afiliado o no- la pertenencia ni la representación. Y como quien pierde la elección se integrará como minoría y no podrá ir por ningún otro partido o alianza en las elecciones generales de 23 de octubre de 2011 necesariamente no habrá listas colectoras ese día.

También en agosto de 2011 harán su debut las mesas unificadas de hombres y mujeres, con lo que habrá diez mil mesas menos en el país, lo que implica menos autoridades de mesa y menos excusaciones. Las fuerzas políticas podrán tener en el cuarto oscuro boletas de diferentes colores con lo cual será más fácil la individualización para el ciudadano. El 23 de octubre habrá menos partidos, menos boletas, no habrá listas colectoras ni espejos, será más sencillo el escrutinio y más rápido se sabrá el resultado de la votación.

Pero tanto en agosto como en octubre de 2011 nos encontraremos con que la publicidad política en la radio y la televisión será hecha de manera igualitaria por todos los partidos políticos y ya no deberán reunir fondos para pagarla porque se utilizará el porcentaje de espectro reservado para el Estado de acuerdo con la Ley de Medios Audiovisuales.

Es que las reformas políticas duraderas son aquellas que los gobiernos introducen recogiendo los cambios que las sociedades reclaman y no sólo modernizan la vida institucional de los países sino que la proyectan hacia el futuro. Así son las transformaciones estructurales que los gobiernos peronistas han producido en la Argentina.

(*) Diputado nacional por el Frente para la Victoria.

(La nota fue escrita antes de conocerse el decreto de promulgación de la ley.)

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