"Resolví ceder a los consejos de mis aliados porque solamente mi renuncia podrá poner fin a esta inestabilidad sin plazos", afirmó Cunha, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el mismo del presidente interino, Michel Temer.
El anuncio fue leído por el propio Cunha ante un enjambre de periodistas acreditados en el Congreso. Con todo, anunció que se aferrará a su banca, algo esperable dado que eso le permite contar con fueros en momentos en que arrecian las denuncias de corrupción en su contra.
El mundo político en Brasilia se estremeció con el terremoto causado por la salida de un dirigente que para muchos estaba entre los más influyentes del país y, además, aliado vital de Temer.
"Es público y notorio que la Cámara está acéfala, lo cual no se condice con lo que el país espera en este nuevo tiempo después de la salida de la presidenta" Rousseff por suspensión, continuó Cunha.
El congresista, que pretende mantener su influencia sobre la Cámara y sobre el Gobierno interino, dijo haber sido víctima de presiones luego de impulsar el "impeachment", posición a la que arribó tras perder la protección del Partido de los Trabajadores. Aseveró que el "sello" de su paso por la presidencia de la Cámara baja fue haber trabajado para lograr la holgada mayoría que el 17 de abril pasado votó por la apertura del juicio político contra Rousseff. Y aseguró estar "orgulloso de haber contribuido para que mi país se libere del Gobierno de delincuentes del PT".
Cunha había sido separado de su cargo interinamente por el Supremo Tribunal Federal en razón de dos procesos en la causa por corrupción en Petrobras, el "petrolão". El último de ellos fue abierto por el Supremo recientemente a raíz de las evidencias de que cobró unos 5 millones de dólares en sobornos y los escondió en cuentas secretas en bancos suizos.
Las dos causas fueron votadas unánimemente por los once ministros del STF, algo que no es habitual en la máxima corte brasileña.
Paralelamente la Comisión de Ética de Diputados lo encontró culpable de haber mentido ante el Legislativo cuando aseguró no tener cuentas en el extranjero.
"Tengo la conciencia tranquila no sólo de mi inocencia", afirmó entre lágrimas el hasta hace poco tiempo irreductible legislador, alguien temido por sus adversarios y hasta por sus aliados como Temer.
Cunha, que es miembro de una iglesia evangélica neopentecostal, cerró su intervención de unos cinco minutos con una frase que suele emplear en sus discursos oficiales: "Que Dios bendiga a esta nación".
Buena parte de su poder dependía de la alianza con el importante bloque de congresistas evangélicos, que tiene 92 miembros, de los cuales 91 votaron por el "impeachment" de Rousseff.
En cambio nunca tuvo todo el aval de sus correligionarios del PMDB, un partido donde hay varias facciones, y que no votó unánimemente por la caída de la presidenta petista.
| Agencias ANSA, AFP y Brasil247 |

