La presión del agua dañó el sistema de refrigeración, el carbón de coque se sobrecalentó y comenzó el fuego. Con chorros de agua y espuma, quince dotaciones de bomberos trataban de dominar las llamas. Desesperado, Berni pedía que la cúpula de YPF dé la orden de interrumpir la circulación de fueloil.
Desde la petrolera se negaron con un argumento técnico. Fue entonces cuando el funcionario se cruzó por teléfono con los directivos que seguían el episodio desde sus oficinas en un piso 30 de Puerto Madero. El duelo de los bomberos contra el fuego continuó 20 horas más.
Para entonces, el coronel Berni no se había atrevido a navegar en gomón las calles de Tolosa, la tierra santa cristinista que devastó el temporal. Durante una de los raids acuáticos del secretario de Seguridad, Cristina de Kirchner sobrevoló la zona y aterrizó.
Durante 15 minutos, casi sin custodia, salvo los dos mastodontes que se movían a su lado, mudos, sin evidencia de haber sido afectados por el agua, la Presidente caminó el barrio. Al rato, como un espejismo, apareció Andrés "Cuervo" Larroque, que fue entronizado durante la tragedia platense como un ministro sin cartera.
Sin la visibilidad de Berni, Larroque dictó órdenes, llamó ministros, resolvió operaciones. El jefe de La Cámpora es la mano ejecutora de Máximo Kirchner aunque esa valoración exagera, para los conocedores de la trastienda K, el protagonismo del vástago presidencial. Son los que dicen que el relato del "Cuervo" como soldado de Máximo es una destreza comunicacional de Larroque que camina un verticalismo inverso.
Por su cuenta, Larroque se apareció a media tarde en la residencia del gobernador en La Plata y se vio con Daniel Scioli antes de la llegada de la Presidente. Fue una avanzada que luego, silvestres, potenciaron José "Petiso" Ottavis y Fernando "Chino" Navarro, que, recelados por los sciolistas, fueron recibidos con la frialdad destinada a los antiguos socios.
Berni y Larroque fueron las caras visibles de la Casa Rosada. En otro plano se movió José López, y Carlos Castagnetto, viceministro de Desarrollo Social, intervino en la mayoría de los operativos. En tanto, Alicia Kirchner, la ministra del área, recién apareció ayer por La Plata luego de participar de actividades en París como parte de una cumbre de la Unesco, según se informó.
El miércoles, según lo que Castagnetto trasmitió a todo el que lo consultaba, la ministra que suena para candidata a diputada por la provincia de Buenos Aires en octubre, estuvo permanentemente al tanto de las tareas. Pero su presencia en la zona del desastre fue ayer .
La funcionaria, junto a Daniel Scioli, se presentó en el club San Martín de Tolosa y fue objeto de reproches y abucheos. El reclamo generalizado fue que la asistencia llegó tarde.
La ministra habló de "agitadores y violentos que no quieren que se los ayude" luego del temporal que dejó, al menos, 51 víctimas fatales. "Entiendo todos los enojos, lo que no entiendo es la violencia, nunca conduce a nada", se descargó ante la prensa.
Berni, como escolta de Alicia K, pidió entender "la bronca" y trató de inyectar tranquilidad respecto de la inseguridad: confirmó que casi 700 efectivos de diferentes fuerzas de seguridad colaboraban en la fecha "de acuerdo a las necesidades" que se presentaban en la capital provincial, y precisó que en esa ciudad anoche hubo tres detenidos, pero por "incidentes menores".
Durante la noche, larguísima, el comité provincial de crisis operó en el despacho de Ricardo Casal, en el segundo piso del Ministerio de Seguridad. Al despuntar el día era el activo luego de que el agua inutilizó las computadoras y cámaras del Centro de Monitoreo Urbano municipal en diagonal 74 y 46.
Desde allí, Gabriel Bruera, diputado provincial y hermano del intendente -que en esas horas cometió un furcio twitero de costo impredecible-, dispuso las medidas de emergencia.
Berni estuvo, de madrugada, en esas oficinas hasta que corrido por el agua se mudó al despacho de Casal. El ministro estuvo toda la noche escoltado por Emiliano Baloira, su subsecretario, casi una sombra, y por el jefe de la Policía Bonaerense, Hugo Matzkin.
Fumador empedernido, ente las corridas y las urgencias, a Matzkin se le uniformó el color blanco del pelo con el de la piel: un bajón de presión lo dejó pálido y lo obligó a permanecer sentado e inmóvil durante casi una hora. Para subirle el pulso, Baloira gestionó que un mozo se aparezca con unas porciones de jamón crudo. La sal le devolvió el rubor.
Scioli, a esa hora, había recibido de Casal un informe brutal: casi 350 milímetros de lluvia en no más de cuatro horas, en pleno casco urbano, con los arroyos desbordados y el agua usando las calles y las avenidas como enormes canaletas: el volumen y la velocidad de las correntadas fueron señalados como los causantes de la mayoría de las muertes.
| Pablo Ibáñez |

