10 de septiembre 2010 - 00:00

Entierro sin honras

En la edición de ayer se informó -por un error de transcripción- que el Pucará siniestrado en Reconquista era del Ejército cuando en realidad la aeronave pertenecía a la Fuerza Aérea Argentina. La caída de la máquina -salió de la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba en 1991- produjo la muerte del piloto. El fallecido teniente Mariano Forgit se suma a la estadística negra de los decesos inexplicables en una actividad de riesgo calculado que ha mutado a peligrosa por la estrechez presupuestaria de las Fuerzas Armadas.

No hubo autoridades del Ministerio de Defensa presentes en el breve velatorio que se llevó a cabo en la III Brigada Aérea de Reconquista, ni tampoco acompañaron a los deudos en el sepelio de Forgit en Mar de Ajó, su ciudad natal.

Las líneas de peritaje e investigación avanzan con lentitud, habida cuenta de la destrucción casi total del aparato. Se sabe que el piloto estaba practicando una emergencia: simulaba un desperfecto en uno de sus motores (paró el izquierdo) cuando sobrevino el accidente que lo llevó a la muerte.

Las conjeturas apuntan a dos causales posibles: o bien hubo una falla técnica que le impidió salir de la emergencia o el piloto la resolvió de manera imperfecta. Los peritos no descartan que haya sido la dramática combinación de ambas, que a baja altura complican aún más el procedimiento.

Otro punto de duda es por qué no se abrió en su totalidad el paracaídas, cuando el Pucará está dotado de un asiento eyectable británico Martin Baker con «capacidad 0-0», funciona con velocidad cero y altura cero del avión e inclusive a velocidades supersónicas, alejando al piloto de la máquina en tan sólo 0,45 segundo.

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