27 de julio 2015 - 00:00

Entre Aristóteles y Gide, sin descuidar lo popular

Demaría: “‘El acto gratuito’ es un ejercicio intelectual que pone en abismo la Poética de Aristóteles y también incluye un misterio a resolver y bastante humor”.
Demaría: “‘El acto gratuito’ es un ejercicio intelectual que pone en abismo la Poética de Aristóteles y también incluye un misterio a resolver y bastante humor”.
En Gonzalo Demaría conviven el humor, la sed de conocimiento y un interés inagotable por todo lo humano. Además de dramaturgo y director es novelista, compositor y ensayista (escribió una "Historia genealógica de los virreyes del Río de la Plata" y un libro sobre el teatro de revistas porteño entre 1890 y 1930). También es un apasionado del teatro gauchesco y de la astrología.

Dueño de un amplísimo repertorio teatral, se dio el gusto de llevar a escena los temas más diversos sin que su reconocida erudición empañe la vitalidad y el alcance popular de sus obras. Lo que también puede apreciarse en "El acto gratuito", pieza que reestrenó hace unos días en la sala El Grito (Costa Rica 5459) con dirección de Luciano Cáceres y un elenco encabezado por Marco Antonio Caponi. Según el autor se trata de "un ejercicio intelectual que pone en abismo la Poética de Aristóteles y también incluye un misterio a resolver y bastante humor".

Periodista: ¿Qué papel juega el texto de Aristóteles?

Gonzalo Demaría:
La Poética es el primer tratado de dramaturgia que se conserva y nuestro cuento está ordenado según esa receta: hay un prólogo y un epílogo; en el medio, la parábasis, o monólogo reflexivo del héroe trágico; un momento de anagnórisis, o reconocimiento de parte del antagonista, y por último, la eventual catarsis del público.

P.: No escatimó datos eruditos...

G.D.:
Me di todos los gustos y, por supuesto, en la obra también se nombra a Edipo. La información surge a través de un profesor de dramaturgia bastante recalcitrante y de un joven teatrista muy rebelde. Ellos encarnan esos dos paradigmas y en el medio ocurre un asesinato.

P.: ¿Es "el acto gratuito" que da título a la pieza?

G.D.:
Sí. Hace alusión a la teoría de André Gide sobre la pureza de los actos gratuitos y a la anécdota de arrojar a un desconocido de un tren, como hace el protagonista de su libro "Los sótanos del Vaticano". Se supone que con ese impulso atacaba a la moral burguesa y quedaba liberado de toda idea de culpa. Acá es una alumna del taller de dramaturgia la que pasa de la teoría al acto y mata a un anciano al que también empuja de un tren. A partir de ahí el chico teatrista empieza a descubrir, en las tapas de inodoro de los baños públicos, citas en griego y las anota para el profesor.

P.: El crimen es un tema recurrente en su obra. Por ejemplo, "Nenucha, la envenenadora de Montserrat" y más recientemente "La ogresa de Barracas" tienen por protagonistas a mujeres asesinas.

G.D.:
A mí me interesan todos los temas. "La ogresa" fue un experimento donde combiné el inglés (subtitulado) con el lenguaje gauchesco. Fue una apuesta muy riesgosa que exigía un público más activo. Pensé que no iba a ir nadie a verla, pero nos fue muy bien. Trabajamos a sala llena incluso durante el mundial de fútbol.

P.: Muchas de sus piezas teatrales abrevan en la historia argentina ¿es un estudioso del tema?

G.D.:
Investigo en forma amateur. Por otra parte, el trabajo que hice sobre los Virreyes del Río de la Plata fue premiado por la Academia Nacional de Historia. Para llevarlo a cabo tuve que ir al Archivo Histórico de Madrid. También viajé a Portugal y a nuestra provincia de Córdoba, para buscar documentación sobre del Virrey Sobremonte.

P.: ¿Descubrió algo interesante?

G.D.:
El testamento de Vértiz y el de Loreto que hasta ahora nadie conocía. El libro reúne anécdotas de los doce virreyes que gobernaron aquí y una de las más curiosas tiene que ver precisamente con el testamento de Vértiz, el virrey progresista. Se lo suele identificar con la apertura del Teatro de la Ranchería, entre otras obras públicas. En su testamento hay indicios de que pudo haber tenido una pareja homosexual. Vértiz era soltero y luego de legar bienes a sus sobrinos, menciona a un sargento con el que convivió durante muchos años y a quien le deja algunas pertenencias de uso personal, como su bastón y otros objetos de cierta intimidad.

P.: ¿Cómo surgió su interés por las genealogías?

G.D.:
Empecé por relevar la de mi familia. Por línea paterna pude reconstruir la genealogía de más de diez siglos atrás, en forma eslabonada y sin saltos. No es tan raro. Si uno investiga, llega. Y no depende del estrato social. Tal vez le parezca que me diversifico demasiado, pero todo confluye en el mismo río. Temas como la identidad, el pasado, los mitos populares y la búsqueda de los orígenes siempre despertaron mi curiosidad y están muy presentes en mi obra.

P.: ¿Tiene algún otro título en carpeta?

G.D.:
En agosto estreno "Pequeño circo de los hermanos Suárez" también con dirección de Luciano Cáceres. Tengo escritas dos obras en verso, aún sin estrenar, y ahora estoy corrigiendo una novela, "El club de los vampiros", que transcurre durante los últimos meses de gobierno de Juan Manuel Rosas y está narrada desde la óptica de un inglés que llega a Buenos Aires con un elenco de ópera. El dato es verdadero, pero los vampiros son metafóricos.

Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario