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Entre un arte académico y la expresividad más pura
Este paisaje de Sergio Zago (uno de los meramente “seleccionados” en el Concurso Ledesma) se destaca por su anacronismo y, a la vez, por sus psicodélicas tonalidades, a la vez que recupera el asombro de los pintores viajeros de principios del siglo XX.
En todo el territorio argentino, de Norte a Sur, el arte suscita el interés creciente de las nuevas generaciones que lo consideran materia de estudio y, simultáneamente, aumenta la atracción que ejerce en el público masivo. Este fenómeno de expansión propició en las últimas décadas la creación y el resurgimiento de los museos provinciales y los ejemplos abundan-, además de una firme acción privada en los espacios vacantes que deja el estado.
En este horizonte, el Concurso Ledesma de Pintores Jujeños otorga visibilidad y estímulo financiero a los artistas de todas las generaciones dedicados en exclusividad a la pintura. La semana pasada en el Centro Cultural Culturarte que dirige Leonor Calvó, durante un acto que supo reunir a artistas, autoridades, operadores culturales como el eficiente curador Inosensio Garzón y, a Federico Gatti como representante de la empresa, se otorgaron los premios del Salón 2013: un total de 53.000 pesos.
La exposición exhibe en general un marcado arraigo a los esquemas formalistas de los talleres y escuelas, ya sea a las derivas del constructivismo como un apego a los colores tierra del arte social y comprometido, entre otras cualidades que premiaron los académicos Matilde Marín y Taverna Irigoyen y el artista jujeño Juan Carlos Entrocassi.
El primer premio, catalogado como "Trayectoria", lo ganó el joven Martín Pérez Borus con una pintura sombría, un poste de alta tensión que se recorta en el cielo y demuestra el caos en el paisaje generado por la invasión tecnológica. El segundo galardón fue adjudicado a la pintura con marco recortado de Alejandro Condolí. La obra conjuga la influencia del comic con la evocación del muralismo mexicano (hay una figura que recuerda el "Tormento de Cuauhtemoc" de Siqueiros). Las tres merecidas menciones de honor fueron para Lorenzo Alberto Toro, por una pintura donde danzan los personajes de la mitología norteña; Julieta Caorlín, por un paisaje donde se advierte el difícil dominio del oficio de la acuarela, y para Andrea Campos, por una abstracción cargada de resonancias urbanas y realizada con azules y rojos personalísimos.
Cabe aclarar por otra parte, que el tucumano Víctor Quiroga, con una estética muy afín a la de Toro, llegó con sus pinturas a París y conquistó al coleccionismo extranjero con sus personajes de fábula.
En la Categoría Abierta, Miguel Ángel Castro ganó el premio mayor con el estilo publicitario de una colla envuelta en un rebozo. Castro destaca el carácter ornamental del atuendo, pero la gracia consiste en el teléfono móvil que la colla lleva en la mano.
El segundo galardón se otorgó a Sergio Reynaga, quien con su "Lluvia de quirquinchos" trae al presente las máquinas voladoras de Xul Solar. Luego, Cristian Colina ganó tan sólo una mención honorífica con un bellísimo paisaje cuya contemporaneidad está dada por la ausencia de color, carencia que le brinda a la imagen la cualidad de un negativo fotográfico. Alejandro López ganó otra mención.
Entre los meramente "seleccionados" hay un paisaje de Sergio Zago que se destaca por su anacronismo y, a la vez, por las psicodélicas tonalidades del rosa que viran hacia el rojo o se encienden hasta el naranja. La obra es conceptual. Bajo la influencia de la francesa Leonie Matthis (1883), que pintó las incomparables vistas de Jujuy, Zago recupera el asombro de los pintores viajeros de principios del siglo XX y cuenta: "Pinté el paisaje existente, cerros y río, el Xibi-Xibi o Rio Chico, desplacé un poco su desembocadura, reduje así la ciudad. Todo es nube y color del amanecer". Arquitecto, pintor y escritor, el artista nacido en Trieste, reconoce la influencia impresionista (movimiento que caló tan hondo en la Argentina que nadie se atreve a citarlo) y la del rosarino Grela, su maestro. "Amanecer" (Éxodo, el día después), es una obra que investiga la historia y las características visuales de Jujuy, sin ocultar la alucinación que provoca la altura, perceptible en la exaltación del color y los ritmos sinuosos de las pinceladas.
Finalmente, la Categoría Estudiantes se destaca por la frescura de lo incontaminado. Vuelve entonces a aparecer, al igual que en la pintura de Zago, la sensibilidad y el delirio del color y las formas onduladas, las expresiones más libres que inspira el contexto jujeño. Y allí, ostentando el valor de lo genuino, están las obras de Arnaldo Vázquez Arraya, Alma Aguirre, Facundo Ismael Tintilay, Gianella Alfonso y Agustina Romano.
Luego del acto, Inosensio Garzón relató la historia del Concurso: "En la década del 70, Ledesma ya había adquirido cuadros de los pintores de Jujuy, como Pantoja, Ramoneda, Pellegrini, Fernández Mar, Raúl Lara, y otros, como un gesto de estima y de reconocimiento". Luego se fundó el Premio Fundación Ingenio Ledesma que cumplió una estimulante función desde el año 1983 hasta 1989. El actual Concurso surgió en 2005 y prosigue hasta la actualidad.
*Enviada especial


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