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Entre Versailles y una cruzada funcional
Daniel Scioli siguió cosechando intendentes de Buenos Aires. Estuvo en un acto en la localidad de Ranchos junto con doce de ellos, que se alinean detrás de su candidatura presidencial.
Massa, encantador de expertos y de principiantes, convocó a los suyos a través de Joaquín de la Torre, el armador más fiel y eficaz que perdura a su lado, con la intención de mostrar volumen político -los intendentes y candidatos del FR- y proyectar, así sea como parte de un imaginario, un futuro (ver nota aparte).
El pase de magia que asomó en las últimas horas en el menú del massismo parece una picardía del destino: sugiere que el Gobierno, se desliza que a través de la línea Carlos Zannini, le sugirió al de a Tigre que no verían con malos ojos que decida seguir en la carrera hasta el final.
Hay, en el circuito bravo de la política, un asunto más terrenal. Quien quiera que Massa siga en la cancha hasta agosto u octubre debería hacerse cargo de los costos no simbólicos- de la aventura. Si se tratara de arte, y la política tiene algo de arte, podría decirse que Massa para completar su obra necesita un mecenas.
Ayer, antes de la juntada en San Miguel, el massismo parecía convencido de que sólo los espera un destino: seguir, con lo que quede y con lo que haya, montado a la carrera presidencial, tras un acuerdo con José Manuel de la Sota y con un armado en la provincia de Buenos Aires que implique volver a subir al ring a Felipe Solá como candidato a gobernador.
A Massa le ocurre algo curioso: sigue moviendo las piezas del tablero como sí pudiese resolver lo que pasa sobre el tablero y las piezas le obedecieran. El cordobés lo recela y Solá, a los que lo sondearon, les dijo que no aparece en sus variables volver a ponerse el traje de candidato a gobernador.
Sobre Solá, algún día, se escribirá un teorema: es el único dirigente, en los primeros planos de la política criolla, que jamás perdió una elección. Fue candidato en 1991, 1999, 2003, 2007, 2009 y 2013 y siempre estuvo en el bando ganador. Por eso, en las sobremesas chiquitas del massismo decían que cuando Solá bajó su candidatura a gobernador, lo hizo sabiendo que el FR marchaba a un traspié irremediable. Malicias, nomás.
Hay que seguir a otro personaje del universo Massa. De la Torre fue tentado por María Eugenia Vidal, como ya contó este diario hace una semana, para ser su vice en la provincia, como una llave maestra para armar un massismo sin Massa. Pero eso puede leerse, y así lo ven algunos del FR, como una emboscada porque el PRO, colgado de los manuales de Jaime Durán Barba, confiesa que contempla como táctica general peor en la provincia de Buenos Aires y que puede darse ese lujo electoral si lo hace por menos de 8 puntos, lo que le bastaría para después ganar la presidencial.
En esa ecuación, el PRO ofrece a Massa que ponga a una de sus principales espadas -luego de mandar a Massa al archivo- para ser vice de una fórmula armada para perder. Es decir: Macri pide sólo sacrificios para dar, a cambio, un puñado de legisladores y permitir que los massistas se mantengan competitivos en los distritos. Para Massa, casi un Versailles.
Por esa razón, en la accidentada mesa del PRO y el FR deberían producirse dos movimientos traumáticos:
1. Que Massa acepte que se empiece a negociar en los términos del machismo, es decir, sin que su nombre figure en ninguna boleta, el hiriente massismo sin Massa.
2. Que Macri abra ofertas al FR, más interesantes para justificar el sacrificio del jefe mayor, que sería por caso cederle al massismo la vicepresidencia.
La trampa es que si no ocurre lo primero, no puede empezar a charlarse lo segundo y que, a la vez, que ocurra lo primero no implica que lo segundo vaya a ocurrir.
El otro actor de ese truco gallo es el Gobierno, aunque dentro de ese conglomerado no todos piensan o traducen del mismo modo el efecto Massa y su permanencia o continuidad en la carrera presidencial.
"Es indistinto, los votos de Massa ya se vinieron para acá dictaminó ayer un vocero K. El sciolismo entiende, con una matemática incierta, similar a la el PRO que sin Massa en la cancha, Scioli queda más cerca de ganar en la primera vuelta.
Eso a pesar de que los números que miran en La Plata indican lo siguiente: Massa junta todavía unos 13 puntos y todo lo que migró en el último tiempo, de caída libre, fue hacia el FpV. Lo que queda es más anti-K que filo-K pero aunque el reparto sea 7 a 3, a favor de Macri, le alcanzaría al oficialismo para estirarse hasta los 45 puntos y ganar en la primera vuelta en octubre.
En 48 horas, el massismo tendrá que dar una señal cuando inscriba o no, su frente electoral. Todo apunta a que lo hará y que el PRO aceptará ese juego para negociar, por sectores o territorios, antes del 20-J día del cierre de listas.
Sin embargo, el massismo tiene algo más para poner en la mesa: como el partido más votado en 2013 tiene una enorme cantidad de segundos de publicidad en radio y TV, además de fondos para campaña y boletas -que aporta el Estado- que puede meter en la discusión de cualquier negociación, sobre todo como un armado opositor.


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