10 de junio 2015 - 00:00

Entregarse al FBI: el “plan B” de Burzaco

Alejandro Burzaco y John Gotti
Alejandro Burzaco y John Gotti
 "Órdenes de la Presidenta. No se negocia Burzaco". El interlocutor argentino radicado por sus tareas diplomáticas en Roma les dio el viernes pasado a los abogados argentinos que tienen por cliente a Alejandro Burzaco la noticia definitiva: hacia adelante, el hombre de Torneos y Competencias buscado por Interpol con alertas rojas por haber pagado coimas para obtener derechos de transmisión de partidos de fútbol de la Selección debería enfrentar, en soledad, su destino. Fue así como asesorado por dos bufetes, uno argentino y otro italiano, y ante la realidad de que se había "quedado sin nafta" (léase recursos financieros), Burzaco aceptó aplicar el "plan B". Se había jugado la última carta esperando la llegada de Cristina de Kirchner a Italia programada desde el domingo pasado, y donde la Presidente tenía previstas reuniones con el papa Francisco y el presidente Sergio Matrella, una conferencia en la FAO y una visita al pabellón argentino en la Expo Milán. No hubo caso. El interlocutor oficial le informó al empresario buscado por el FBI que no había ningún tipo de negociación con el Gobierno nacional y que la alternativa de tener algún tipo de salvoconducto oficial que lo ayude a llegar al país y ser juzgado en Buenos Aires estaba descartada. "Sólo tendrá la cobertura con la que contaría cualquier argentino detenido en Italia o cualquier país del mundo: que sea tratado bien y a derecho y que se le asegure asistencia legal". Burzaco esperaba otra respuesta y, ante la recomendación de sus abogados, cambió de pasaporte, decidió comportarse ahora como italiano y aceptar la oferta que sus abogados habían ya negociado con diplomáticos norteamericanos: que se le aplique la famosa Foreign Corrupt Practice Act (FCPA), una ley federal anticorrupción aprobada en 1977 por el Gobierno de los Estados Unidos. Ésta incluye un capítulo específico redactado en 1983 y aprobado por los gobiernos norteamericano e italiano, dedicado específicamente a combatir la actuación de las mafias entre los dos países, en particular en los delitos referentes a cuestiones financieras y económicas.

La clave de la ley, y lo que más interesó a Burzaco, es que la norma incluye la posibilidad de negociar directamente con el Gobierno norteamericano (el FBI) una reducción de las penas que correspondan, a cambio de que el acusado se declare primero culpable y luego "colabore" con la investigación. Por "colaborar", la FCPA entiende algo específico: que señale con pruebas sólidas a algún "pez gordo" o "responsable penal mayor" que permita que la investigación avance más allá del detenido. Si lo que éste tiene para declarar o señalar no es de interés del FBI, el capítulo del "arrepentido" no se aplica. En consecuencia, si los abogados de Burzaco negociaron ya con los Estados Unidos la aplicación de la FCPA, es que lo que el argentino tiene para declarar es importante y lleva a obtener pruebas serias y sólidas para que la investigación pueda avanzar hacia hombres y mujeres de mayor responsabilidad y culpabilidad. No es poco lo que obtendría Burzaco señalando a otros culpables más importantes que él en el FIFA-GATE: la aplicación de la FCPA con un colaborador implica una pena de prisión efectiva de 5 años máximo en una cárcel federal. Si fuera acusado sin haberse declarado culpable sin aportar pruebas importantes para que la investigación avance, los años en cautiverio llegarían a 20. Los abogados de Burzaco además negociaron con las autoridades norteamericanas algo importante: que el argentino se entregue pacífica y personalmente a las autoridades italianas. Si Burzaco hubiera sido encontrado como prófugo, la FCPA no se hubiera aplicado, o los años de prisión no podrían haberse reducido.

Estados Unidos es muy estricto en la aplicación de esta "ley anticorrupción". Un caso notorio fue la investigación sobre las andanzas de la familia Gotti, un clan dirigido por John Joseph Gotti, hijo de napolitanos y conductor desde la década del '60 de una de las mayores y más sanguinarias mafias de Nueva York, la de los Gambino. Gotti cayó en 1990 por una investigación del FBI que incluyó grabaciones con micrófonos ocultos, filmaciones y, fundamentalmente, las declaraciones de entidades financieras norteamericanas e italianas por donde los Gambino hacían circular el dinero. Finalmente, el propio Gotti se declaró culpable de pagar coimas y facilitar el lavado de dinero; y, lo más importante, colaboró para que varias organizaciones mafiosas también cayeran. por su confesión se le aplicó una reducción de la pena original a cadena perpetua, por otra de 20 años. Sin embargo falleció en una cárcel federal en 2002 por un cáncer de garganta. Una curiosidad: parte de los delitos de los Gotti fueron sentenciados por un ya maduro Thomas Griesa en 1995.

Una vez cumplida la pena que eventualmente se le imponga en los Estados Unidos, a Burzaco no se le terminarán sus tormentos judiciales. Luego deberá comparecer ante algún juez argentino, y responder por las penas de asociación ilícita y evasión agravada abiertas por la AFIP, con penas de hasta 9 años de prisión. En Argentina no aplica la ley del arrepentido.

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