La reforma, aprobada el miércoles a última hora, es la clave para que la mandataria socialista pueda financiar otros ambiciosos cambios en el sistema educativo y de salud, en busca de reducir la desigualdad en uno de los países con peor distribución de la riqueza de Latinoamérica.
Después de haber convencido a empresarios y a la oposición política, su Gobierno calcula que el plan tributario le dará 8.300 millones de dólares adicionales por año de recaudación hacia 2018 -un 3% del PBI- para ayudar al país a cruzar el umbral del desarrollo.
"La reforma tributaria le dará sustentabilidad en el largo plazo a los cambios que el país necesita para atravesar ese mítico umbral del desarrollo", dijo el ministro de Hacienda, Alberto Arenas.
Fue una victoria importante para Bachelet a sólo seis meses de haber asumido. Pero ya hay nubarrones en el horizonte.
La desaceleración económica se ha profundizado en los últimos meses más de lo que esperaban las autoridades, en parte porque las compañías fueron más cautas en sus inversiones. Y la oposición asegura que esa mayor cautela se debe a la reforma, que elimina un beneficio a la reinversión de utilidades, además de subir el impuesto a empresas del 20% hasta un 27%.
"Si bien es necesario recaudar, los mecanismos para esto están mal hechos y esto acrecienta la incertidumbre, negativa para la inversión", dijo la diputada opositora Karla Rubillar.
Sea como sea, las expectativas privadas disminuyeron y el desempleo aumentó.
La economía se expande a su menor ritmo en cuatro años y la desocupación subió en julio a un 6,5% frente al 5,7% del mismo mes del año pasado.
"Despejar la incertidumbre tributaria es una señal clave para que la actividad económica retome lo antes posible el crecimiento en Chile", dijo Arenas.
Pero puede que no sea tan fácil. Sobre todo con un contexto internacional desafiante que ha golpeado el valor de las exportaciones de cobre, del que Chile es el mayor productor mundial.
La situación económica se ha sumado a algunos indicios de inquietud social en uno de los países más estables de la región.
Los estudiantes salieron a las calles para demandar un avance en la reforma educativa y los trabajadores reclamaron mayor participación en la discusión de una reforma que pretende mejorar las condiciones laborales, prometida por Bachelet.
Aunque su aprobación es alta cuando se compara con otros presidentes de la región, Bachelet vio caer en agosto el apoyo a su gestión por primera vez por debajo del 50% , según la encuestadora Adimark.
"Creo que estamos en un momento en el que el propio Gobierno se está dando cuenta de que no tiene un ilimitado capital político para sacar adelante su agenda", dijo la analista Risa Grais-Targow, de Eurasia Group.
En un intento por ser más eficaz que en su anterior Gobierno (2006-2010), Bachelet lanzó entre marzo y mayo un plan de más de 50 medidas prometidas en su campaña, pero sus principales ejes fueron ajustados, despertando confusión y diferencias dentro del propio oficialismo.
"Bachelet ha logrado terminar seis meses sin cambios de gabinete, sin crisis políticas", dijo el analista político Guillermo Holzmann de la Universidad de Valparaíso. "Pero eso no se va a mantener si no hacen modificaciones", añadió.
La mandataria tiene que ajustar su forma de comunicar y abrir más el diálogo, según los observadores.
"Quizás las cosas hay que explicarlas mejor, más diálogo. Pero no por eso decaer en el impulso que significa cumplir con los compromisos", dijo el presidente del oficialista Partido Socialista, Osvaldo Andrade.
| Agencia Reuters |


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