La Argentina es uno de los países más imprevisibles del mundo. Cuando se apuesta a lo peor, saca una carta de Primer Mundo. Y en el sentido inverso, cuando lidera el grupo de países emergentes y promesas regionales, se encamina a un populismo y estatismo de posguerra. Sobre la base de los giros económicos habituales, todo permite anticipar que se avizora para los próximos dos años una economía más inserta en el mundo financiero y tratando de seguir al club que ya lideran Chile, Brasil, Perú y Uruguay. Paradójicamente es más fácil ver cómo será la Argentina de 2016 que la de 2014.
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Los mercados financieros por lo pronto ya están apostando al país del nuevo Gobierno que surja tras las elecciones de 2015. Poco les interesan los cimbronazos que pueden ocurrir el año próximo. Hay amenazas serias de default con la deuda argentina en Nueva York de la mano de un fallo en contra, previsible por cierto, de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Hay también reservas que van en descenso con un dólar que puede escalar a cualquier nivel en un verano que se pronostica caliente. ¿Sabrá moderarse en términos monetarios el equipo económico que conduce el joven maravilla?
Son muchas incógnitas las que presenta de corto plazo la economía. Sorprende el Gobierno con giros simultáneos a lo racional, con el acuerdo en camino con Repsol por la expropiación de las acciones que poseía en YPF. También con el acuerdo con las empresas que poseían un fallo a su favor en el CIADI, el tribunal del Banco Mundial. Hay promesas de recortar subsidios en servicios públicos.
Se negocia con el FMI. Pero en paralelo muestra claros resabios morenistas con la búsqueda de acuerdos de precios que desde 2007 vienen mostrando fracasos ante una inflación que nunca retrocedió del 20% anual. También con el intento de subir impuestos internos a los autos de alta gama para frenar la importación (y frenando en realidad la producción). Castiga con el 35% las compras con tarjeta de crédito en el exterior como si eso fuera a frenar el drenaje de dólares de las reservas. Se mantienen las trabas a las importaciones y al giro de utilidades al exterior por parte de las empresas. Difícil que lleguen divisas así.
A eso se debe la confusión imperante a la hora de ver lo que será la Argentina 2014. Más simple es ver lo que será la Argentina con un nuevo Gobierno. Se descuenta ya por el giro que se observa en la sociedad -las elecciones legislativas lo convalidaron- que el estatismo, los controles y las intervenciones en todas las áreas quedarán atrás. Lo difícil será para quien asuma en 2015 encarrilar las diferentes variables. Habrá que recomponer relaciones con organismos internacionales (si es que la gestión kirchnerista no da el giro), hay que alinear tarifas en gas, electricidad, servicio de agua, telefonía, transporte, hay que recuperar el equilibrio fiscal y monetario, liberar precios de empresas, quitar impuestos regresivos (pago a cuenta en tarjetas, retenciones, el del cheque). Casi podría decirse que es una misión imposible para un nuevo Gobierno.
Pero no debería ser tan complejo. Hay canales de financiamiento que se pueden abrir rápidamente para hacer más digerible en el tiempo la ola de ajustes que son necesarios. Usualmente se dice que el primer equipo económico que asuma en el próximo Gobierno tendrá un mandato efímero. Esto porque con las medidas que deberá tomar se tornará ampliamente resistido en lo social y, por ende, caerá. Pero, de nuevo, dependerá de la velocidad que le imprima a los ajustes en la economía. Para el actual Gobierno es un sacrilegio emitir deuda en los mercados. Para el próximo será una obligación. Y en teoría habrá en el contexto internacional tasas aún bajas. Después la soja y Vaca Muerta jugarán su rol en la etapa para concretar un aterrizaje suave.
Los mercados financieros ya no miran tanto a 2014 como a 2016. Saben que si hay un cimbronazo el año próximo, el Gobierno corregirá. No importa tanto el daño del auto a corto plazo, por más que la pared esté muy cerca y que haya colisión. Se sabe que el vehículo en dos años está en el mismo camino que tomaron ya, con varios kilómetros de ventaja, los ya mencionados Chile, Brasil, Perú y Uruguay. Hasta podría decirse en lo financiero que no hay demasiadas alternativas de inversión. La Bolsa argentina es muy insignificante en los volúmenes que opera. Tómese en cuenta que el ADR del Banco Galicia negocia en Nueva York apenas 5 millones de dólares diarios. Y tiene un valor de mercado de u$s 2.100 millones. Monedas. Lo mismo acontece con los títulos públicos en circulación. La política de cancelar con reservas los vencimientos de la deuda dejó pocos papeles representativos. Y el Boden 2015, uno de los emblemáticos, vence cuatro meses antes de la asunción del próximo Gobierno.
El riesgo-país ya se negocia a la vista de este escenario poskirchnerismo por debajo de 800 puntos. Retrocedió más del 40% desde el máximo anual. Claramente los inversores ven luz al final del túnel. Las acciones de empresas líderes argentinas ganaron el 100% en el año. Nadie en los mercados espera a comprar hasta que llegue el día deseado. Se lo anticipa. Y es lo que se observó incluso desde antes de las PASO, las internas abiertas de agosto. No importa la pared que se puede avecinar si detrás de ella, en 2016, está el comienzo de un camino que ya recorren y sin retorno, los vecinos.
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Se avizora para los próximos dos años una economía más inserta en el mundo financiero y tratando de seguir al club que ya lideran Chile, Brasil, Perú y Uruguay.
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Se avizora para los próximos dos años una economía más inserta en el mundo financiero y tratando de seguir al club que ya lideran Chile, Brasil, Perú y Uruguay.
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