12 de julio 2010 - 00:00

Es turno de la sojización a la oriental

Según los analistas, ningún otro cultivo puede competir con la soja de primera 2010-2011 en Uruguay, con un margen bruto esperado de alrededor de u$s 350 por hectárea y con un rinde promedio de 2,5 toneladas la hectárea (25 quintales).
Según los analistas, ningún otro cultivo puede competir con la soja de primera 2010-2011 en Uruguay, con un margen bruto esperado de alrededor de u$s 350 por hectárea y con un rinde promedio de 2,5 toneladas la hectárea (25 quintales).
El litoral uruguayo se parece cada vez más a la Argentina, ya que en la campaña 2010-2011 los cultivos de maíz y de sorgo en campo arrendado son prácticamente inviables, al tiempo que la soja de primera parece ser el refugio más seguro.

«Además, este año, con el bajo precio esperado del trigo, se torna difícil la opción del doble cultivo trigo-soja de segunda en campos alquilados; los planteos se están tornando muy sojeros, con el perjuicio que eso trae para la sustentabilidad del recurso suelo», comentó el asesor privado uruguayo Nelson Diez.

Se necesitan 6,5 toneladas de maíz para conseguir rentabilidad, una cifra que hace del cultivo una opción prácticamente imposible por su elevado riesgo, a menos, claro, que mejore el precio.

Lo mismo puede decirse del sorgo, con un rinde de equilibrio de 88 quintales por hectárea (8.800 kilos), según informó la revista del movimiento CREA.

«En campo propio, en cambio, la rotación sigue siendo viable. El margen bruto esperado del maíz 2010-2011 es de unos 150 dólares por hectárea, con un rinde promedio en un año climático normal de 6.000 kilos por hectárea», explicó Diez.

Margen bruto

El doble cultivo trigo-soja de segunda tiene un margen bruto proyectado de u$s 240 por hectárea, de los cuales corresponden 90 al trigo y 140 a la soja.

Según los análisis: «Cuando analizamos estos números, es conveniente ver toda la película y no quedarnos con la foto, porque es necesario considerar el aporte de los rastrojos de las gramíneas de verano que apuntalan los rendimientos de la rotación a futuro», evaluó el asesor uruguayo.

En lo que respecta al cultivo de trigo, los valores pagados por la demanda molinera y exportadora en el vecino país se encuentran bastante lejos de la capacidad teórica de pago determinada por los precios FOB del producto en el ámbito del Mercosur. Esto resta mucha competitividad al cereal. En Uruguay, el arrendamiento es el principal componente del costo de producción y todo indica que seguirá así.

Impacto

El combustible es muy caro, lo que impacta de manera directa en las labores y los fletes, y la semilla de buena calidad también tiene un alto costo.

«Pero el hecho es que con sólo siete quintales (700 kilos) de soja, el propietario de un campo en la zona del Litoral recibirá este año unos 230 dólares, mientras en la Argentina, a causa de los precios internos recortados por las retenciones, se requieren al menos 10 quintales por hectárea de soja para igualar esa cifra», señaló.

Una de las grandes ventajas que presenta el negocio agrícola en Uruguay es el tratamiento impositivo. El Impuesto a las Ganancias (IRAE) tiene una alícuota del 25 por ciento; además, lo único que se grava con IVA en el Uruguay son los servicios (siembra, pulverización, cosecha, entre otros), y no se aplica en fertilizantes, semillas ni agroquímicos.

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