Dos figuras relevantes fueron despedidas ayer en Madrid: la actriz Terele Pávez, musa de Alex de la Iglesia y otros grandes humoristas, y el director Basilio Martín Patino, héroe de la lucha contra la censura franquista y buen pintor de la España profunda.
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Vasca, nacida Teresa Ruiz Penella en el seno de una familia de artistas, Terele debutó a los 12 años como la Pecas de "Novio a la vista", de García Berlanga, 1954. Venerable actriz de reparto, fue la Régula del excepcional drama "Los santos inocentes", la vieja pícara de "La Celestina", la madre de Imanol Arias en la serie "Cuéntame cómo pasó" y la vieja terrible de siete comedias igualmente terribles de Alex de la Iglesia: "El Día de la Bestia", "La comunidad", "800 balas", "Balada triste de trompeta", "Las brujas de Zugarramurdi", "Mi gran noche" y "El bar". En su larga carrera también brilló con las series "Fortunata y Jacinta", "Curro Jiménez" y "Cañas y barro", los dramas "La espada negra" (madre de Isabel la Católica) y "Réquiem por un campesino español", y decenas de comedias. Todavía quedan cuatro por estrenar.
Salamanquino, hijo de intelectuales católicos, licenciado en Filosofía y Letras, Basilio Martín Patino tenía 6 años cuando empezó la Guerra Civil y 24 cuando organizó en su cineclub universitario las Conversaciones de Salamanca, donde surgió la famosa declaración de J. A. Bardem "El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo, industrialmente raquítico". Puesto a dirigir, Martín Patino describió bellezas de su país pero también atrasos, y recibió tanto premios como requisas y prohibiciones por parte del régimen franquista. Entre sus trabajos más polémicos se destacan los reflexivos "9 cartas a Berta" y "Del amor y otras soledades" (con el argentino Carlos Estrada) y sobre todo los documentales "Canciones para después de una guerra", "Queridísimos verdugos" y "Caudillo", que en algunos casos se estrenaron acá años antes que en España.
Ya en el posfranquismo pudo hacer agradables dedicatorias de amor ("Madrid", "Andalucía, un siglo de fascinación"), nuevas reflexiones críticas, ahora también sobre el fracaso de la izquierda ("Los paraísos perdidos", "Octavia", con Miguel Angel Solá) y un documental cámara en mano sobre las protestas de 2011 contra políticos y banqueros, "Libre te quiero". Para entonces, ya empezaba a manifestarse la larga enfermedad degenerativa que acabó con su memoria, y ahora con su vida. Como el cierre de una época, casi a la misma hora murió la última sobreviviente de una masacre cometida en 1933 por fuerzas republicanas, que él había documentado en "El grito del sur. Casas Viejas".
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