3 de mayo 2013 - 00:00

ESPAÑA, ANTE SU DESCONCIERTO

Los libros de Javier Cercas ponen a España en la encrucijada. “Anatomía de un instante” o “Soldados de Salamina”, por caso, se meten en las complejidades de las personas y la historia reciente. Sin sentencias, alejan a su país de maquillajes o indultos a los que cierta versión oficial es propensa. Cercas vino a Buenos Aires, ciudad que reencuentra 12 años después y lo asombra, a presentar su último libro, “Las leyes de la frontera”. Es hora de hablar de la España desconcertada de hoy, del 26% de desempleo, y de la de apenas ayer, la de la transición

ESPAÑA, ANTE SU DESCONCIERTO
Viernes: La crisis de España renovó viejas preguntas y críticas acerca de la transición pactada desde la dictadura a la democracia. ¿Ve nexos entre silencios de la transición y la actual crisis?

Javier Cercas:
Yo estoy harto de que en España la gente de mi generación le eche la culpa a la transición, papá y mamá. La culpa es nuestra. Hace cuarenta años de la transición. Aquello creó una democracia precaria, pobre, pero los culpables de no haber hecho que esa democracia sea mejor de lo que es, somos nosotros.

V.: Con "nosotros" se refiere a los dirigentes, los intelectuales...

J.C.:
Todos, sin excepción. Lo que hay que decir es que esta crisis no es una crisis española, sino europea. No es una crisis económica, sino política. España es un epicentro importante porque es un país de gran tamaño. Lo que está en juego en España es si seguimos adelante con Europa unida o no. Europa es la única utopía razonable que nos ha quedado a los europeos, porque es la única que ha permitido tres cosas: que haya una primera generación que no conozca la guerra; el deporte nacional de Europa no es el fútbol, es la guerra; desde hace mil años no hacemos más que matarnos. Lo único que puede preservar la democracia frente a los embates de las grandes corporaciones es la Europa unida; es una evidencia absoluta que sólo una Europa unida puede significar algo en el mundo, frente a EE.UU., China, Brasil. Cuando el euro nació, Europa era el principal agente del futuro político en todo el mundo, lo tenía todo. De repente, a la primera crisis, aquello empieza a temblar. El principal problema político en España son los partidos; es el riesgo de convertirse en una partidocracia.

V.: ¿En riesgo de convertirse o ya se convirtió?

J.C.:
Si lo comparamos con Italia, estamos en riesgo. No te puedo decir que soy optimista. Los partidos políticos con el tiempo se hacen tan fuertes que lo devoran todo y son incapaces de ponerse límites: el poder económico, el Poder Judicial, todas las corrupciones en España remiten a los partidos políticos. La crisis, en gran medida, tiene que ver con esto.

V.: ¿Cómo se desmonta esto?

J.C.
: Los partidos políticos son el problema y también la solución.

V.: En Italia hay una verdad más descarnada acerca de sus políticos, los consideran lo que son. En España hay todavía una versión oficial más aceptada...

J.C.:
El problema no son los políticos. Yo no creo que en España los políticos sean peores que los otros. Y no existe una noción de casta como en Italia. Estamos en camino a eso.

V.: ¿Cree que puede verse una especie de desbande absoluto del sistema político?

J.C.:
Ése es un riesgo en el que estamos ahora mismo. Espero que eso no llegue. No veo en los partidos políticos una conciencia. Va a ser muy difícil porque están acostumbrados a funcionar así. Tienen que retirarse y eso es muy complicado porque se miran de reojo. La gente me ha hablado de la violencia en el Parlamento (por incidentes de la semana pasada). La pregunta no es ¿cómo es que ha habido violencia? La pregunta es ¿cómo es que no la ha habido antes?

P.: ¿Y cómo es que no la ha habido antes?

J.C.:
Hay tres explicaciones. La economía sumergida. Con seis millones de parados, en condiciones normales es un estallido social seguro. Otra: hay una ONG brutal que se llama "familia y amigos". Todas las personas que por fortuna no tenemos problemas económicos estamos echando manos aquí y allá. Y todavía la gente tiene cosas que perder, y está el seguro del paro (desempleo). En el año setenta, la situación de España era mucho peor y por eso recurrieron a la violencia. Mi lema es: en peores plazas hemos toreado. Lo más preocupante es que los partidos políticos no saben cómo hacerlo, cómo empezar la retirada.

V.: Dice que si se salva Europoa se va a salvar España. El hecho de que España y Portugal hayan sido democracias también tiene que ver con Europa.

J.C.:
Cuidado, en el año 81 había varios tipos de golpistas. La idea más potente del golpe no era convertir a España en una dictadura, sino en una semidemocracia. EE.UU. hubiese estado muy contento con eso. Europa hubiese tragado eso sin ningún problema. Que la democracia era inevitable en España es una de las principales mentiras, es un espejismo creado por el presente.

P.: En España hay una tradición de medios partidizados. ¿Demasiado?

J.C.:
Es como cuando alguien pregunta: "¿La vida tiene sentido?", y el otro contesta: "Depende de con qué lo compares".

P.: Con Francia, con Alemania.

J.C.: Lo ha estado más en años pasados. Hay un alineamiento, pero no me parece que sea muy radical. Lo ha estado más cuando desde el poder se ha intentado construir plataformas mediáticas. Por ejemplo, con Zapatero hubo momentos de gran tensión cuando quizo desplazar a Prisa. La derecha en España tiene una gran implantación en los medios; difícilmente necesite más. Prisa está más alineado con Felipe González y los periódicos de derecha más alineados con la línea contraria, aunque El País está en un territorio incierto porque el PSOE jugó a apartarlo y lo hundió con las alianzas televisivas.

V.: ¿Podría haber tenido lugar una democracia más rupturista con el pasado, que juzgara los crímenes?

J.C.:
Es muy difícil esa pregunta. Sí, podría haber sido distinta, pero era literalmente inimaginable pensar que en España en 1975 se podría haber enjuiciado a los franquistas. Se podría haber dado, pero hubiera sido un conflicto de dimensiones incalculables. El Ejército estaba totalmente arraigado, tenía un poder enorme. Eso estaba fuera por completo del ámbito de las expectativas de nadie, incluida (la organización terrorista vasca) ETA. Lo que había en España era la continuidad del franquismo. Fue una improvisación que milagrosamente salió bien, porque no hay un solo precedente. Por ejemplo, en la Ley de Amnistía, el lema de las manifestaciones era Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía. O sea, lo que reivindicaba la izquierda era la amnistía para los presos políticos. No existía un precedente de una transición pacífica de una dictadura a una democracia. Es más, es algo contra natura. No sabemos si la violencia es la partera de la historia, pero es su cantera, su historia está amasada en base a la violencia. La transición fue un intento de romper esa regla, es decir, de realizar un cambio histórico sin violencia. Los cambios salen con violencia, con una revolución. A lo mejor, el golpe de Estado (que protagonizó Antonio Tejero el 23 de febrero de 1981, el "instante" que disecciona Cercas) fue la violencia necesaria e indispensable para que realmente se produjera el cambio de una dictadura a una democracia. El momento del golpe es cuando comienza la democracia en España, cuando termina el franquismo, cuando termina la Guerra Civil. Pudo haber sido de otra manera, pero mejor, no lo creo.

V.: Treinta años después, en España sigue apareciendo el reclamo de abrir fosas comunes y eso genera un escozor y una pasión para que de eso no se hable.

J.C.: No tanta. Creo que se exagera bastante. Los paralelismos con América Latina son válidos, pero relativos. La dictadura franquista duró cuarenta años. Ni la dictadura argentina ni la chilena son comparables. Cuando esos juicios se llevaron a cabo, los protagonistas estaban vivos. Cuando (el juez destituido Baltasar) Garzón intentó llevar a cabo un procesamiento tenía un problema muy grave: todos estaban muertos. Hubiese sido estupendo el procesamiento de Franco y yo lo hubiese celebrado con champagne. Pero Franco se murió en la cama y los franquistas fundamentales estaban muertos. Otra cosa es lo de las fosas. Esto, por cierto, ha desparecido del panorama español, ya nadie habla de eso. Ahora la gente tiene el paro (desempleo). 

V.: ¿Y eso qué reflexión le merece?

J.C.:
La reflexión es evidente: hubo una utilización política de esto. (El socialista José Luis Rodríguez) Zapatero tuvo la oportunidad de haber arreglado todos los problemas que quedaban pendientes, por ejemplo, las fosas. De manera muy sencilla, tu pones dinero, un presupuesto del Estado para que aquellos familiares que quieran desenterrar a los muertos y colocarlos en tumbas dignas lo hagan.

V.: ¿Pero no es una tarea del Estado iluminar la identidad de los desaparecidos?

J.C.:
Absolutamente, es lo que estoy diciendo. Es una tarea del Estado. Digo los que quieran en el sentido de que hay familias que no querían. Los Lorca no quieren que se haya montado el espectáculo que se montó buscando a su pariente porque consideraban que aquello era el símbolo de la ignominia que padeció el poeta y que contar un espectáculo allí con la CNN les parecía horroroso. Esto es respetable. ¿Qué hizo Zapatero, a quien yo voté dos veces?: convertirlo en una cuestión política y hacer una ley de memoria, ¿qué es una ley de memoria?, ¿desde cuándo los poderes públicos legislan la memoria? Es una cosa "orweliana", que no suena nada bien. Además, una ley que tiene aspectos tan negativos como prolongar indefinidamente mediante un laberinto de disposiciones esa tarea. Con el resultado de que ahora mismo se ha acabado y ya nunca más va a solucionarse. Lo que debería haber hecho es arreglar por la vía rápida y con dinero público ese problema que había en España. Como Zapatero no lo hizo, Garzón intervino. El conflicto que se plantea en ese momento era: o se va a la democracia o se hace justicia. Es decir, optamos por hacer completamente justicia o no vamos a poder hacer del todo justicia, pero a cambio consigamos un sistema democrático y la reconciliación. Se optó por un equilibrio entre ambas soluciones. Se consiguió un régimen en el que todos cabían, una democracia para todos. Para mí la monarquía parlamentaria actual es la verdadera heredera de la República. Optar sólo por la justicia era abocar al país a un conflicto de dimensiones incalculables, porque el Ejército no lo hubiese admitido.

V.: Después de leer "Anatomía de un instante" cuesta mantener en pie algunos pilares, sean personajes o instituciones, que todavía están vigentes y en algunos casos son reverenciados.

J.C.:
Es que hay dos versiones de la transición española: una rosa y una negra. Ambas son falsas, la verdad es un gris, es más compleja.

V.: Por ejemplo, salvo en los últimos dos años que fueron un poco complicados, la imagen reiterada del rey Juan Carlos I es que fue el gran componedor de la política española y un demócrata que salvó al país de una dictadura en 1981. Su libro muestra otra cara muy distinta.

J.C.:
Lo que es evidente es que el rey cometió errores, imprudencias, fue irresponsable, laminó a (Adolfo) Suárez, pero el hecho es que paró el golpe, porque era el único que podía hacerlo. No sólo él fue responsable y cometió errores. Mi visión del período y de la clase política antes de escribir este libro era mala, ahora es buena. Ha creado una democracia real, la mayor prosperidad hasta que empezó la crisis de la modernidad en España, ha incorporado España a Europa. Cometió errores todo el mundo, el rey es uno más. Los políticos son complejos, también humanos.

V.: El recientemente fallecido dirigente excomunista Santiago Carrillo, Felipe González, el exjefe de Gobierno Adolfo Suárez y el rey ocupan pedestales bastantes sostenidos por todos. Otros países son más jacobinos con quienes se sospecha un pasado denso.

J.C.: Comparar es complicado. Primero, ocurrió una guerra. Dos, Carrillo no tomó la decisión ni pudo tomarla de eliminar a toda esa gente (se refiere a la masacre de Paracuellos, una matanza de miles de franquistas en 1936, cometida por parte de la autoridad republicana de Madrid). Lo que ocurre es que no se interesó lo suficiente por evitarlo. Por lo tanto, tiene una responsabilidad por omisión pero hay que entender en qué momento estaba. No es un señor que esté acusado por genocidio. La verdad histórica es que llegan las tropas a Madrid, el Gobierno republicano huye, es el apocalipsis y este señor lleva el orden público a una situación de caos absoluto. Es verdad que no se preocupa de que, dicen, están fusilando a presos franquistas. ¿Su prioridad era ver si se confirmaba el rumor de que se fusilaban presos franquistas o impedir que los franquistas entren en Madrid y mantener el orden público? No creo que se pueda comparar con el caso argentino, el tiempo es clave.

@sebalacunza



BIO



IBAHERNANDO (CÁCERES) 1962



VIVE EN: Gerona, Cataluña.



TRABAJO: Escritor, docente universitario, columnista de El País. Es doctor en Filología Hispánica.



LIBROS PUBLICADOS: El móvil, El inquilino, Una buena temporada, El vientre de la ballena, Relatos reales, Soldados de Salamina, La velocidad de la luz, La verdad de Agamenón, Anatomía de un instante y Las leyes de la frontera.



ÚLTIMA VEZ EN BUENOS AIRES: Octubre de 2001. Cambió todo, es otra ciudad, los edifi cios. Todo.



¿PERIODISTA? No soy periodista. Escribo libros y ya de grande conocí esto de ser columnista.

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