28 de septiembre 2012 - 00:00

Estadísticas y crecimiento histórico

Los economistas se jactan de que gracias a sus modelos se pueden vincular prácticamente todas las variables que se quiera. Tanto es así que, sin elaborar un desarrollo teórico, alguno comparó las estadísticas con una bikini brasileña. «Lo que muestran es muy importante, pero lo que ocultan es lo esencial», es la conclusión de esta vinculación. El economista Javier Ortiz Batalla revive un encuentro en el que un colega del gigante de la región hizo esta comparación en un post que escribió en el blog foroeconomico.org.

  • Muchos años atrás tuvo lugar un encuentro sobre política económica organizado por el Instituto di Tella. Participaron un espectro amplio de académicos de los principales centros de nuestro país de aquel momento (ITDT, CEMA, Universidad de Buenos Aires, CEDES), funcionarios de organismos internacionales (FMI, Banco Mundial) y académicos extranjeros.

  • El debate se tornaba áspero. Se discutían los méritos de los distintos planes de estabilización que se instrumentaban en América Latina para intentar frenar procesos desbocados de inflación y crisis externas (en lo que años después se conocería como la «década perdida de América Latina»). En lo más álgido de una discusión, donde se esgrimían números desde distintas posiciones, un conocido econometrista brasileño logró distender el clima señalando: «Todos sabemos que las estadísticas son como las bikinis brasileñas: lo que muestran es muy importante, pero lo que ocultan es lo esencial». 

  • Nunca más cierta aquella afirmación que en la Argentina de 2007 a la fecha. Desde entonces, la incipiente construcción por parte de los sucesivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner de un relato pretendidamente épico determinó la progresiva intervención en las estadísticas oficiales. El proceso fue y es tan agudo que incluso ha merecido algún reproche en el aséptico (críptico) lenguaje del Fondo, junto con la reciente renovada promesa de sanciones si las prácticas no se modifican en 90 días. Y su exclusión lisa y llana de las páginas de The Economist.

  • Para asegurarse de que la bikini tuviese la dimensión necesaria no se reparó en medios: millonarias multas a quienes intentaron construir fuentes alternativas, la supresión de índices de precios de los institutos de estadísticas provinciales, sanciones laborales y hasta denuncias judiciales a los empleados que se opusieron, ataques desde los medios públicos de difusión, entre tantos otros.

  • De todos modos, en 2009 el PBI se contrajo tal como nos señalaran los analistas privados, mientras el INDEC reportaba sólo dos trimestres de caída y un 0,9% de crecimiento interanual. Para entonces, el Gobierno había ya incorporado como uno de los elementos centrales de su relato una afirmación lanzada, tal vez en un exceso de ansiedad, por el exministro Lavagna cuando éste todavía se encontraba en funciones. La Argentina, según el exministro, disfrutaba de un proceso único en nuestra historia, por su duración e intensidad, de crecimiento sin parangón en sus 200 años de historia (si tomamos la deposición en Mayo de 1810 del Virrey Cisneros como el comienzo de lo que hoy conocemos como República Argentina).

  • Un simple ejercicio aritmético nos muestra una realidad bien distinta. Elegimos 1900 como año de partida, pues es desde ese año que existen datos de PBI con mayor grado de confiabilidad, las series de CEPAL publicadas en 1950. El período de crecimiento posconvertibilidad se ubica quinto en la historia argentina en cuanto a duración, con seis años que se interrumpen con la recesión de 2009, y cuarto en cuanto a su magnitud.
  • Dejá tu comentario