24 de diciembre 2010 - 00:00

Estupor en Italia por atentados anarquistas en dos embajadas

Policías tratan de controlar la circulación en la puerta de la Embajada de Chile en Roma. Su embajador se mostró estupefacto tras el atentado. Anarquistas habrían planificado la vendetta por recientes detenciones.
Policías tratan de controlar la circulación en la puerta de la Embajada de Chile en Roma. Su embajador se mostró estupefacto tras el atentado. Anarquistas habrían planificado la vendetta por recientes detenciones.
Roma - Conmoción y alerta generó ayer en Italia la explosión de dos paquetes-bomba enviados a las embajadas de Chile y Suiza, que dejaron dos heridos, uno de ellos de cierta gravedad. Una organización anarquista reivindicó los atentados, al tiempo que las autoridades italianas inspeccionaron embajadas de diversos países en medio de una alarma generalizada.

El primer artefacto estalló ayer al mediodía en la Embajada de Suiza, luego de que el paquete-bomba fuera abierto por uno de sus funcionarios. El embajador Bernardino Regazzoni podría perder una mano, según fuentes hospitalarias.

Dos horas más tarde, alrededor de las 14, hora local, un artefacto similar explotó en la Embajada de Chile. El miembro de la legación, César Mella, sufrió heridas cortantes en las extremidades y el torso, aunque ninguna de gravedad.

Además de esos artefactos, otro paquete sospechoso fue analizado en la Embajada de Ucrania, aunque finalmente se trataba de una postal navideña que no contenía explosivos.

«Hemos decidido hacernos oír, con palabras y con hechos. Destruyamos este sistema de dominación. Viva la FAI, viva la anarquía. Federación Anarquista Informal, célula revolucionaria Lambros Fountas», se leyó en un breve mensaje encontrado cerca de una de las cajas que explotaron.

En ese sentido, el ministro de Interior Roberto Maroni, afirmó que las autoridades españolas y griegas colaboran desde hace tiempo con las italianas para afrontar a esos grupos, que en noviembre ya habían llevado a cabo una serie de ataques similares en varios países miembros de la Unión Europea (UE). La FAI se hizo conocida en Italia en 2003 con una serie de ataques que ellos nombraron Operación Santa Klaus: enviaron sobres con explosivos al presidente del Partido Popular Europeo y a la casa de Bolonia de Romano Prodi, entonces presidente de la Comisión.

La situación fue calificada como de «grave amenaza a las sedes diplomáticas» por el ministro de Exteriores, Franco Frattini.

El canciller afirmó también que «las embajadas presentes en Roma están comprobando que todo esté en orden, mientras están alertadas también las sedes diplomáticas italianas en el extranjero».

Frattini envió, además, un mensaje al embajador de Chile en Italia, Oscar Godoy, en el que le expresó su «más firme condena por el vil atentado». El ministro prometió a Godoy que Italia «no ahorrará esfuerzos» para detener a los criminales y entregarlos a la Justicia.

Godoy calificó el hecho de «acto terrorista absolutamente irracional y brutal» y señaló que no entendía «por qué hemos sido atacados de este modo», ya que en la delegación nunca se había recibido una amenaza o información que les hiciera pensar que podían estar en la mira de actos hostiles. El paquete era de color amarillo y en la embajada no sabían si había llegado por correo o a través de un mensajero.

El ministro Frattini también envió un mensaje al embajador de Suiza, en el que le expresó su solidaridad «ante un deplorable acto de violencia que merece nuestra más firme condena».

Dentro del estado de alarma en el que se encontraba Roma, la Policía bloqueó el acceso a la Embajada de Suiza en la Via Barnaba Oriani de Roma, y también al Consulado suizo de Milán.

Los agentes se encargaron de la investigación del atentado y desde un primer momento descartaron que el ataque tuviera relación con el terrorismo islamista, temor extendido por los países europeos tras el atentado frustrado de Estocolmo de la semana pasada.

En noviembre, algunos paquetes bomba habían sido enviados desde Grecia hacia sedes diplomáticas extranjeras. También entonces se siguió la «pista» anarquista.

Según los investigadores existe un fuerte vínculo entre los grupos de Italia, Suiza y Grecia, y se cree que el atentado podría ser obra de estos movimientos en protesta por la detención de algunos de sus líderes en cárceles suizas.

El caso más significativo es el de Marco Camenisch, militante histórico detenido varias veces en los 90 en Italia y finalmente extraditado a Suiza en el año 2002.

Camenisch fue trasladado en octubre desde una prisión de Zurich a una cárcel de máxima seguridad en Orbe. Allí permanece en huelga de hambre en solidaridad con tres compañeros detenidos el pasado 15 de abril, todos acusados de estar preparando un atentado contra la sede suiza de IBM.

Las dos explosiones se han producido después de que el pasado martes se hallara en un vagón vacío de la línea B del subte de Roma un artefacto rudimentario, compuesto por varios tubos y pólvora, que carecía de detonador.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

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