30 de marzo 2010 - 00:00

Estupor en Moscú por ataque al subte de dos mujeres kamikaze: 38 muertos

Dramáticas postales de lo que dejó el doble atentado de ayer en Moscú. Cadáveres y heridos dispersos en la calle y en el andén del subterráneo, y personas lastimadas y en shock intentando recibir ayuda o comunicarse con sus seres queridos. Un nuevo recordatorio de que la lucha contra el terrorismo sigue siendo un imperativo internacional.
Dramáticas postales de lo que dejó el doble atentado de ayer en Moscú. Cadáveres y heridos dispersos en la calle y en el andén del subterráneo, y personas lastimadas y en shock intentando recibir ayuda o comunicarse con sus seres queridos. Un nuevo recordatorio de que la lucha contra el terrorismo sigue siendo un imperativo internacional.
Moscú - El terrorismo caucásico volvió a golpear ayer a Rusia con dos salvajes atentados con bomba perpetrados por mujeres suicidas conocidas como «viudas negras» en el subterráneo de Moscú, que según los últimos partes causaron 38 muertos y 72 heridos.

«Los atentados fueron cometidos por grupos terroristas que tienen relación con el Cáucaso Norte. Ésta es la versión principal», señaló Alexandr Bórtnikov, jefe del Servicio Federal de Seguridad (FSB, ex KGB).

Al informar al presidente, Dmitri Medvédev, el jefe de los servicios secretos afirmó que «en el lugar de las explosiones se encontraron fragmentos de los cuerpos de dos mujeres suicidas».

El líder ruso aseguró que Rusia llevará a cabo una «guerra sin cuartel» contra el terrorismo, y al caer la noche bajó personalmente a la estación Lubyanka para colocar una ofrenda floral en el lugar de la tragedia.

El jefe del Kremlin calificó de «bestias» a los responsables de los actos terroristas y aseguró que «serán liquidados todos» al igual que lo fueron los responsables de otros atentados en Rusia.

Precisamente, el Servicio Federal de Seguridad, cuya sede se encuentra junto a la estación Lubyanka, consideró ese doble ataque como una respuesta a la eliminación en los últimos meses de varios cabecillas de la guerrilla separatista islamista en el Cáucaso.

El primer ministro, Vladimir Putin, quien cimentó su poder en 1999 al lanzar una guerra para combatir el separatismo checheno, interrumpió un viaje a Siberia y declaró que los «terroristas serán destruidos». No bien arribó al aeropuerto de la capital, se dirigió a uno de los catorce hospitales en los que fueron internados los heridos.

«Estoy seguro de que los servicios de seguridad harán todo lo posible para encontrar y castigar a los bandidos», añadió.

El Ministerio de Salud informó que el estado de cinco de los heridos es muy grave, el de otros 27 es grave, el de 34 más es considerado de mediana gravedad y que sólo los seis restantes se encuentran en estado satisfactorio.

El Ayuntamiento de Moscú declaró para hoy una jornada de luto en la capital, mientras el Gobierno anunció ayudas y compensaciones a las familias de las víctimas mortales y a los heridos.

El atentado suicida, el primero en Moscú y el más grave en Rusia desde 2004, obligó al Gobierno a volver a imponer rigurosas medidas de seguridad en los aeropuertos, estaciones de ferrocarril y el transporte por toda Rusia, mientras en Moscú las autoridades movilizaron a casi un millar de militares para patrullar las calles y líneas de metro.

Los ataques, en los que se utilizó ciclonita, explosivo preferido por la guerrilla separatista chechena, ocurrieron en hora pico, cuando el subte de Moscú llevaba a varios millones de personas a sus lugares de trabajo.

Las explosiones se produjeron con menos de una hora de diferencia en las céntricas estaciones de metro Lubyanka y Park Kultury, ambas de la llamada línea roja del subterráneo, la más antigua y una de las más concurridas, y sembraron el pánico entre los pasajeros.

Las imágenes captadas por teléfonos móviles muestran los pasillos de las estaciones afectadas cubiertas por un humo enceguecedor, con los pasajeros aturdidos y acostados en el suelo intentando llamar con el teléfono móvil.

Tras las detonaciones, los accesos a la línea roja entre esas dos estaciones fueron cerrados y no volvieron a abrirse hasta más de ocho horas más tarde, cuando empezaron a circular los trenes.

También tardó unas tres horas en reanudarse el tráfico rodado en la carretera circular de Moscú, que la Policía había cortado causando numerosos atascos, que colapsaron la ciudad.

El FSB afirmó que los trenes atacados estaban dotados de cámaras de seguridad, lo que permitió captar imágenes de ambas suicidas y de otras dos mujeres de aspecto eslavo que las habían acompañado hasta la entrada al metro. Asimismo, las autoridades buscan a un hombre de unos 30 años como tercer sospechoso de complicidad.

Ese tipo de kamikazes, que han golpeado ya en otras ocasiones la capital rusa con atentados con bomba, sobre todo entre 2002 y 2004, son conocidas como «viudas negras» porque visten ropa de luto y suelen ser esposas de guerrilleros islámicos abatidos por los servicios secretos.

Según expertos, las explosiones ocurrieron cuando los vagones se encontraban en las estaciones con las puertas abiertas, lo que restó potencia a las detonaciones y salvó muchas vidas.

Los presidentes de las repúblicas norcaucásicas rusas de Chechenia e Ingushetia condenaron los atentados, mientras el Centro de Coordinación de los Musulmanes del Cáucaso Norte pidió no vincular esos ataques con el islam.

El último atentado de similar magnitud perpetrado por el terrorismo checheno contra el subte de Moscú había tenido lugar en febrero de 2004, cuando murieron 41 personas y otras 250 resultaron heridas.

Agencias EFE, DPA, Reuters y AFP