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Europa: también apura la política
La política pesa más que la economía. Hágase memoria: la creación de la moneda común fue una solución económica a un problema político (el imperativo alemán de la unificación tras la caída del Muro de Berlín y la necesidad de apaciguar la desconfianza instintiva del resto de Europa). Ahora la situación es al revés: el problema es económico -cruje la unión monetaria- y la solución debe ser política. ¿Qué es lo que la política ha provisto hasta ahora? Un sucedáneo de la unión: el liderazgo indiscutido de Berlín (bajo la fachada del eje Merkel-Sarkozy). A Alemania, por cierto, no le falta vocación. No le tembló el pulso para aplanar los obstáculos que encontró en el camino como lo prueban las defecciones (en tiempo récord) de Papandréu y Berlusconi. Pero el enfoque económico que impulsa la premier Merkel no conduce a una salida rápida ni muy clara de la crisis. Favorece la persistencia del estrés en aras de promover la reforma profunda de Europa. Es una (in)ecuación cargada de costos. Sólo la eurozona padece una corrida contra la deuda soberana. Sólo ella recayó en la temida «doble recesión». Y, en rigor, mientras hay muchas crisis hipotéticas posibles, únicamente la crisis europea muerde de verdad. ¿Podrá Alemania apretar sin ahorcar, y lograr que la eurozona finalmente supere el trance? Como lo testimonia Grecia, no lo hará sin provocar daño colateral. Y aquí talla la contribución de la política: Europa tampoco tiene a su merced todo el tiempo del mundo. Las elecciones en Francia dan cuenta de la fatiga de los votantes. No es necesariamente la castigada periferia la que más se radicaliza. Nadie está conforme (y bien lo sabe Merkel cuando debe lidiar con su frente interno). En Holanda, la caída del Gobierno se asocia a la negativa de la extrema derecha (su líder, Geert Wilders, tiene vedada la entrada a Gran Bretaña por xenofobia) a apoyar en el Parlamento los recortes presupuestarios que se requieren para cuadrar las cifras con los compromisos del ajuste. Para huir de la Reforma a la Contrarreforma no hace falta el paso de una generación: basta con someterla al abismo de una terrible frustración. ¿No es la lección acaso de la experiencia argentina de YPF?
La economía debe concederles respiro a los votantes. Al menos permitirles ver la luz al final del túnel. La Unión Europea es un proyecto de seis décadas que pertenece al mainstream -a la corriente troncal- del espectro de los partidos políticos democráticos. Su lógica -perseguir una pax europea duradera- no ha perdido vigencia. Si la iniciativa fracasa, no lo hará sin estrépito. Dañará a los partidos que se han alternado en el poder, minará su arraigo en un mapa ya fragmentado de por sí, y alentará el ascenso de las posiciones otrora marginales, los francotiradores que siempre se opusieron (no sólo) a la unidad. Europa posee una vasta experiencia en ismos como para no advertir los peligros. No estamos hablando aquí del triunfo de Hollande (con menos margen que el primer Mitterand para ensayar acrobacias) o de Sarkozy, sino de la derrota de ambos. Sobre las espaldas de Alemania recae la mayor responsabilidad: bien se sabe que no fue la hiperinflación de los años 20 lo que provocó la caída del Gobierno de Bruning.
El muro cortafuegos es oportuno. Europa no les prestó oídos a las recomendaciones de EE.UU. y lo construyó a su gusto. Pero debe usarlo antes que el fuego de la política lo rodee y obligue a ceder la plaza. Se está a tiempo de evitar contratiempos tan serios como subsanables con su intervención. El proceso de desapalancamiento bancario, librado a su suerte, promete una venta masiva de activos (unos 2 billones de euros; el 7% de sus tenencias actuales) de aquí a fines de 2013. Conforme a las simulaciones del FMI, el crédito bancario se recortaría en un 1,7% en la eurozona en su conjunto. Aunque el impacto es desigual: en la vapuleada España el crédito se hundiría el 4% y en Italia, casi el 3%. Con aportes de capital provenientes de los fondos de rescate, ello podría suavizarse con facilidad. Contrario sensu: ¿qué necesidad hay de atizar el fuego?


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