30 de abril 2012 - 00:00

Europa con vientos de cambio: piden que use red de seguridad

Soplan vientos de cambio en Europa. Y no es sólo por los vaivenes de la política y las contingencias electorales. La eurozona acumuló la munición que pretendía como red de seguridad, le dobló el brazo a EE.UU. que se oponía a que el FMI liderara una colecta de recursos extrarregionales, y ahora que exhibe un muro de un billón de euros, lo que se demanda es que los utilice. Como no hay mal que por bien no venga, el escozor que provoca España sirve para restregar la llaga de las tareas en mora: Europa debe atacar, de una vez por todas, la fragilidad patrimonial de su banca. Lo que EE.UU. y Gran Bretaña abordaron en 2008 y 2009, y la eurozona no hizo. Darle largas al asunto, dejar que los bancos rentables cubran la brecha de capital con su propia generación de ingresos y el achicamiento de sus negocios, y mantener a las instituciones más débiles sin definición en un limbo de incertidumbre es un corrosivo para todos que reaviva la crisis. En España, azotada por una debacle inmobiliaria de grandes proporciones, el trastorno es muy evidente. Y conste que Madrid se ocupó de la materia más que nadie. Pero todavía hay un elefante suelto en la sala (y media docena de bestias heridas más pequeñas) que puede causar serios destrozos.

Ya se comentó que el FMI encabeza la embestida por colocar la capitalización de los bancos europeos de una vez por todas al tope de la agenda. Christine Lagarde, que como ministra francesa de Finanzas no exhibió tampoco mucha prisa, hoy urge además por una solución europea, y no país por país. Se sabe que la Unión Europea se opone a compartir los riesgos; que Alemania es particularmente refractaria a la idea. Berlín impulsa una «unión fiscal» que, en rigor, no va más allá de un esquema de unidad presupuestaria. No acepta, por caso, que para sanear el sistema financiero los problemas se vuelquen a un pozo común. En una unión monetaria, sin embargo, hay muy buenas razones para enfocarlo así. Y nada mejor que una crisis tenaz para recordarlo.

Una predicción fácil: la presión por una solución ya irá en aumento. Todo indica que, en la disputa, el FMI ha ganado un aliado fundamental: el propio Banco Central Europeo (BCE). Después de todo, la integración financiera -la consecución de un mercado único de capitales y servicios financieros- es uno de los postulados a su cargo. Y como reconoció ayer su titular, Mario Draghi, un enfoque fragmentario de la administración de la crisis conduce a decisiones que pueden ser racionales desde una perspectiva nacional pero subóptimas para la Unión Europea. Piénsese en el dilema del «too big to fail». Una entidad puede ser demasiado grande para tropezar si el peso de su derrumbe recae sobre España, pero asimilable si lo soportan los hombros de todo el Continente. Las necesidades de inyectar capital público pueden lucir astronómicas para un solo país (y, que lo diga Irlanda, hundirlo en un mar de deudas) cuando el muro cortafuegos podría absorberlas (de manera total o parcial) y evitar los temblores. Los beneficios de quitarle dimensión dramática al problema bancario serían sustanciales para el propio éxito de la actual estrategia de ajuste y reforma. En esa lógica, Draghi, ayer, señaló que los Gobiernos deberían considerar la constitución de un organismo europeo para afrontar las tareas de apoyo y salvamento bancario. No es una mera predilección personal. Vitor Constancio, vicepresidente del BCE, ratificó la postura. El próximo paso, dijo, es avanzar lo más posible hacia un fondo de resolución bancaria paneuropeo que sea «armonizado».

El tema bancario, lejos de apagarse tras la Asamblea del FMI, cobró mayor vigor. La mano de Lagarde no es ajena. Pero también los interesados directos -como España- quieren que se dé la discusión cuanto antes. La prueba está en la difusión del informe quinquenal del FMI sobre la salud y estabilidad del sistema bancario de España: el estudio tenía fecha agendada de publicación para junio, pero el Fondo (con el visto bueno de Madrid) anticipó las conclusiones preliminares, con un sentido del «tempo» harto evidente. La misión del FMI que realizó la evaluación juzga que los grandes bancos «aparecen suficientemente capitalizados y con robusta rentabilidad como para sobrellevar el deterioro esperado de las condiciones económicas». No obstante, identifica diez instituciones «vulnerables». Cinco de ellas ya han sido adquiridas o fusionadas con entidades solventes y tres (Novagalicia, CatalunyaCaixa y Banco de Valencia) se encuentran en proceso de subasta. Las otras dos han presentado sus planes de capitalización al Banco de España. «Para preservar la estabilidad financiera -rezan las conclusiones- es crítico que esos bancos -especialmente el más grande de ellos- tomen medidas rápidas y decisivas que fortalezcan sus balances». ¿Quién es el elefante en el bazar? Es un secreto a voces que se trata de Bankia: la múltiple fusión de Caja Madrid con Bancaja y otras cinco cajas regionales, que preside Rodrigo Rato (hombre del PP, otrora director gerente del FMI) y comanda más de 300 mil millones de euros en activos. Si la limpieza de las instituciones débiles no se realiza pronto, remata el análisis, las entidades sólidas sufrirán sin necesidad por la continua pérdida de confianza en todo el sector. ¿Qué es lo que la misión plantea? Que los costos del proceso de reconversión -máxime en un período corto de tiempo- pueden ser muy elevados para que los soporte el sector en soledad (como lo pretende el Gobierno, a través del Fondo de Garantía de los Depósitos). Entre los costos se incluyen el riesgo de inestabilidad financiera y las consecuencias adversas de un desendeudamiento excesivo. Aquí es donde entronca la propuesta del FMI -presentada la semana última- de utilizar los recursos de los fondos de rescate -la red de seguridad europea- para cortarle el paso a un escenario de mayor contracción del crédito. En el caso concreto de España, el FMI estima que la reducción (de aquí a fines de 2013) podría alcanzar el 4% del crédito total. Una poda demasiado gravosa para una economía que ya se atascó en la trampa de la doble recesión.

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