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Evidencias de 60 años de violencia en el MAMBA
Evidencias de 60 años de violencia en el MAMBA
Esto es lo que ocurre actualmente en el Museo de Arte Moderno (MAMBA) bajo el título "Los Vencedores y los Vencidos"- Marcas de violencia en la Colección del MAMBA". Cincuenta obras de gran formato de artistas fundamentales del arte argentino, proyecto propuesto por su curadora, Ana María Battistozzi durante la anterior dirección de Laura Buccellato y concretada por la actual gestión de Victoria Noorthoorn .
En esta muestra que cuenta con el apoyo de la Comisión de Mecenazgo y del trabajo del equipo de Patrimonio y Curaduría del Museo, se pone de manifiesto la dimensión de la violencia a lo largo de los últimos 60 años. El título se origina en el primer discurso de 1955 pronunciado por el general Eduardo Lonardi tras la Revolución Libertadora, expresión que se dice, fue inspirada en una frase pronunciada por Urquiza después de la Batalla de Caseros.
Battistozzi señala que "la institución nacida al año siguiente de la Revolución Libertadora, llegó a conformar un patrimonio que no podía crecer al margen de las tensiones entre "vencedores y vencidos que se generaron en esa década".
Una de las pinturas que inicia el recorrido es "Los Vencedores" (1961) de Jorge de la Vega, integrante del grupo Otra Figuración cuya importancia en el arte argentino está marcada a fuego por el radical cambio que introdujo en nuestra historia del arte.
Hay una pintura de 1960 de Alberto Greco, con su materia desbordante, hay varios Antonio Seguí de tono crítico y con la mordacidad característica de sus obras de los 70, se burla tanto de la clase política francesa, como de Stalin o Mao y los militares de la Argentina como puede constatarse en "Todavía Números Disponibles". Ricardo Carpani con su lenguaje muralista definió el poder de la resistencia obrera en los aguafuertes "Desocupados" y "Manifestación" de los 60.
El de 1968 fue un año clave. Los artistas se radicalizaban, cuestionaban las instituciones, no aceptaban la actitud pasiva de "mirar una obra de arte". Juan Pablo Renzi toma por asalto una conferencia de Jorge Romero Brest en Rosario, en el Di Tella se censura "El Baño Público" de Roberto Plate, sus colegas retiran las obras y las queman en la calle Florida.
Es el momento de las "acciones". Un ejemplo paradigmático es "Tucumán Arde": a través de documentos, imágenes y notificaciones, los artistas de Rosario y Buenos Aires develaron las inexactitudes informativas que circulaban en los medios a raíz de los problemas sufridos por los cañeros y obreros de los ingenios tucumanos.
Hay mucha historia para contar sobre la política en los 70 que los artistas reflejaron en obras de contenido violento -la violencia estaba en la calle- y clamaban "por un arte no elitista, no selectivo, no negociable, no competitivo ni al servicio de intereses mercantilistas". El díptico de 1972 de Juan Carlos Romero, acrílico premoldeado en blanco y negro, reitera la palabra violencia, fue presentado en la edición del salón Acrílico Paolini. "El San Martín", (1974) y "Parto" (1982) de Alberto Heredia, "Crucifixión" (1983) de Norberto Gómez, "La Fuerza Bruta" (1976) de Enio Iommi, son ejemplos de cómo estos extraordinarios escultores desacralizaron la idea del monumento como homenaje a los héroes o la violencia ejercida desde el poder con materiales como yeso, cartón, adoquines y alambres, resina poliéster, trapos pintados, obras que no obstante el paso de los años, no dejan de conmover.
En los 70, Diana Dowek inicia su serie con alambres con las que alude a la falta de libertad. Hacia comienzos de los 80, Guillermo Kuitca y Alfredo Prior realizaron conjuntamente "Kremlin y Castigo" , una parodia sobre la izquierda militante.
Artistas de generaciones más recientes evocan la violencia sin ser explícitos, por ejemplo, las fotografías intervenidas "Espacios Negados" (2002) de Nuna Mangiante o "Edificio San Gregorio" (2003) de Rosalía Maguid. Espejo que no refleja, edificio cuyas ventanas o puertas han sido clausuradas, una suerte de censura o de autocensura implícita.
Otra fotografía muy significativa, un autorretrato de Oscar Bony, díptico de 1998, con las palabras Culpable e Inocente estampadas en su frente y que fuera baleada por su autor. La violencia también puede ser la contaminación como en "Curtiembre" (1999) de García Uriburu, la corrosión del sistema político planteada por León Ferrari, la violación, foto perteneciente a una serie 2001-2004 de Ananké Assef, la guerra como espectáculo de Gabriel Valansi a través de la CNN o la infografía de Hernán Marina o las palabras tomadas de afiches con las que Jorge Macchi en 2000 compone frases amenazantes. No deben soslayarse las obras de artistas tan comprometidos con la libertad como Juan Carlos Castagnino "Me hacen bramar en la estaca" (1962) y la de Carlos Alonso de 1967. Una muestra centrada en la escena local pero que podría pertenecer a cualquier rincón del mundo y donde la crueldad actualmente no tiene límites.
Cierra el 9 de noviembre. (Av. San Juan 350).


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