Excelentes muestras de Zech y Toto Blake en Recoleta

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Una mirada general a la Sala C del Centro cultural Recoleta donde expone Carola Zech revela, en primer lugar, la calidad estética de una obra realizada específicamente para este espacio.

Philippe Cyroulnik , curador de la muestra, señala que Zech se inscribe de forma contundente en la tradición de la abstracción geométrica. Es que la artista admira el arte concreto, a Lozza entre sus representantes, a los Madi, a María Juana Heras Velazco, y a artistas de su generación como Cristina Tomsig, Edgardo Madanes, Mariana Schapiro, Claudia Aranovich, entre aquellos que han repensado y renovado el lenguaje escultórico en nuestro país. Entre sus referentes extranjeros están Mondrian, Malevich, Sol Lewitt, Oiticica, que a su vez, han influido en generaciones de artistas.

En esta ocasión no están las formas escultóricas por las que se la conoce y por las que ha obtenido importantes premios. Vuelve al plano, en formas geométricas paralelas que se unen por imanes o formas circulares que buscan posicionarse en la pared cubiertas, a su vez. por pequeñímos imanes a manera de constelaciones.

«Magnética» es el título de la muestra y Zech lo ha elegido por la relación entre el color, el espacio y la forma que es, según lo expresa, «indisoluble y magnética». Más allá de su definición respecto a las propiedades del imán, incluido como separador, como soporte o como efecto plástico, el conjunto ejerce en el contemplador una suerte de fascinación e hipnotismo. Esto está dado por la austeridad de las formas, el color homogéneo, metalizado, que en algunos casos ofrece ciertos matices, según la posición del observador.

La homogeneidad y la sutileza están logradas por el carácter industrial de los materiales empleados, bicapa para autos. Estas obras son autónomas, minimalistas, despojadas, nos exigen considerar su percepción como un acto existencial.

Toto Blake

Conocimos la obra de Paula Toto Blake en 2001 en ocasión de una muestra individual en la entonces flamante galería Elsi del Río en su ex sede de la calle Arévalo. «Hogar Dulce Hogar», título cliché que podría tomarse irónicamente, pero de contenido trágico en ese momento, mostraba muebles y objetos de adorno amenazantes. Imposible sentarse, imposible tocarlos, constituían elementos agresivos, ominosos, bellamente ejecutados.

Otras series que mostró posteriormente tenían una cualidad carnívora siniestra, los objetos reptaban sobre las paredes, invadían el piso, generalmente de color rojo o negro que los hacía aún más perturbadores.

En la Sala J del Centro Cultural Recoleta presenta actualmente tres series de fotografías, tomas directas y fotografías intervenidas, fotos color y acrílico, realizadas durante una residencia en el Sculture Space Residency Program (Nueva York) y en el cementerio de Edimburgo.

La artista reflexiona sobre «el límite entre ficción, realidad, la ciudad como símbolo de condensación de miedos, incertidumbre y fragilidad».

Este pensamiento recorre toda su obra, no importa el medio utilizado. Hay interiores descascarados, fotografías que tienen carácter acuarelado, que invitan a fabular vaya a saber qué historias se desarrollaron entre esas paredes de lugares abandonados.

Así como era imposible sentarse sobre sus puntiagudos sillones, ahora tampoco, ya que los ha captado cubiertos por una espesa capa de nieve, solitarios, arrojados a la calle.

Son conmovedoras las fotografías de las lápidas nevadas, intervenidas con un material que las corporiza, imágenes familiares de viajes o películas, que no por vistas, menos elocuentes.

Toto Blake nos enfrenta a la transitoriedad, a la fragilidad de la existencia, nos muestra algo que ya sabemos y que evitamos mencionar.

Ambas muestras cierran el 31 de marzo (Junín 1930).

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