7 de octubre 2009 - 00:00

¿Exceso? Ahora Cristina elige el animal print

Cristina de Kirchner vistió la semana pasada un saco de hilo en animal print. Ya había recurrido a ese estampado en su último viaje a Nueva York, cuando usó una blusa semitransparente con dibujo de piel de leopardo.
Cristina de Kirchner vistió la semana pasada un saco de hilo en animal print. Ya había recurrido a ese estampado en su último viaje a Nueva York, cuando usó una blusa semitransparente con dibujo de piel de leopardo.
Un detalle sobresaliente no está mal, pero cuando la vestimenta entera es extravagante, no hay elegancia posible. Cristina de Kirchner no termina de comprender esa regla básica del buen gusto para elegir su vestuario. A esos colores estridentes y telas brillosas les agregó ahora lo más llamativo que puede usar una mujer: el animal print.

La semana pasada, de paseo por las tiendas neoyorquinas de la Quinta Avenida, Cristina de Kirchner apreció que las prendas en imitación de piel animal vuelven a marcar tendencia esta temporada. Quizá deslumbrada por el regreso del estampado en los escaparates, se animó ayer a un modelito que simulaba la piel de una vaca con manchas en miniatura, tal vez un error del diseñador del género que habrá querido lograr un leopardo.

Lujoso por tradición y delicado por saturación, el animal print se relacionó siempre con el poder y la realeza. Ya en la época de los primeros faraones, la piel de leopardo pertenecía al vestido sacerdotal que se usaba en las ceremonias funerarias. Sin embargo, el estampado tal y como se lo conoce en la actualidad surgió en Francia en el siglo XVIII, bajo el reinado de Luis XV. En aquel entonces, el gusto por el orientalismo condujo a los sederos a recrear una imitación de la piel de los felinos en sus telares, porque el rey quería regalarle a su esposa, Marie Leszczynska, un tejido que le recordara las pieles que se usaban en su Polonia natal. Y así fue como nació este dibujo en la ropa que luego muchas mujeres famosas se animaron a vestir sobre todo en los abrigos, como Jackie Kennedy, que en 1962 sorprendió al bajar de un avión en Roma con un tapado de leopardo. Y hasta la reina Isabel II de Inglaterra se entregó a esa textura en un paseo por Escocia.

El estampado se volvió sinónimo de sofisticación y glamour, y por eso apareció en numerosas películas acompañando a estrellas como Anita Ekberg, Doris Day, Jane Mansfield y Ava Gadner (imposible olvidar a la modelo Veruschka con su llamativo look de leopardo en la película «Blow up», del realizador Michelangelo Antonioni, en 1966).

Uniforme

En los 90, se impuso en las pasarelas del fashion mundial de la mano de Roberto Cavalli y Christian Dior, y se convirtió en un uniforme de los eventos de alfombra roja. Las actrices Kate Hudson, Ursula Andress, Dita Von Teese y la modelo Kate Moss fueron algunas de las osadas que se animaron al total look de animal print, y a nivel local las damas más expuestas de la política criolla no tardaron en imitarlo. Cambió la década, y en 2000, el estampado pasó a ser demodé. Recién este año volvió al ruedo, pero no con la misma fuerza que antes y sólo para accesorios y zapatos en todos los motivos posibles, desde jirafa hasta cebra.

Sin dudas, quien viste en animal print busca llamar la atención y lo sabrá Cristina de Kirchner, quien nunca quiere pasar inadvertida. Para visitar un molino, combinó la estampa de piel de vaca en un saco de hilo. «No es un estampado para una presidente. En general, a las mujeres vestir ese dibujo las hace sentir sexies. Pero en el caso de Cristina de Kirchner, los protocolos exigen un vestuario clásico y por eso debería elegir sólo texturas lisas y dejar el animal print para las más jovencitas o las vedettes. Ni las famosas se animan a usarlo, sólo Moria Casán o Susana Giménez», explicó a este diario Ana Korman, dueña de la firma de asesoría de imagen Style Hunters.

En relación con el modelo que vistió la mandataria, Korman fue determinante: «Es un exceso total, no es fino».

Quizás Cristina de Kirchner quería sentirse sensual y por eso optó por esta textura. Pero debería haber tenido en cuenta que su look despertaría críticas, ya que esa estampa para algunos estilistas raya lo vulgar y por eso sólo lo recomiendan en accesorios.

Castigo

«Pareciera que su juego es la provocación. Sabe que será criticada y quiere llamar la atención con la ropa en vez de hacerlo con su discurso o actitud», castigó Korman y agregó: «Si no podía contener las ganas de usar un animal print, debería haber optado por llevarlo en zapatos, en una pulsera y/o un cinturón».

Guste o no, la elección pone en evidencia que la Presidente debe escuchar más a los asesores de vestuario. Después de todo, nunca está de más oír los consejos de los especialistas y dejarse ayudar por quienes saben para evitar más desaciertos y hasta el ridículo.

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