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Expectativa y preocupación

Como aspecto negativo sobresale la alta inflación que no se detiene, diluyendo así los supuestos beneficios de la devaluación que esperaba el sector de la producción y elaboración vitivinícola. Sumemos los incrementos que impactan en plena vendimia donde se destaca el de las tarifas eléctricas, con desproporcionados incrementos de hasta el 400% en la facturación o el aumento de los combustibles y demás impuestos, tasas y servicios, lo que plantea como desafío la urgencia de corregir el déficit fiscal y ordenar la política monetaria.
Las nuevas autoridades deberían reexaminar de cara a la vitivinicultura, para no repetir la experiencia del Gobierno anterior, los diagnósticos, asesoramientos y espacios de interlocución con el sector privado a fin de consensuar políticas y no malgastar recursos. Hoy, por ejemplo: insistir en la vieja receta de decirle al productor que se salva reconvirtiendo sus variedades de uvas, las injerta o erradica viñedos, es desconocer la historia e ignorar la situación de quienes ya hicieron esos deberes y además diversifican obligatoriamente su producción de uvas a mosto desde hace 21 años, y aun así no obtienen rentabilidad. El desafío es diseñar políticas superadoras en este sentido.
Estos primeros 100 días de gobierno transcurren en un momento especial para la vitivinicultura de Mendoza, que registrará la cosecha de uvas más baja de los últimos 20 años. El paisaje -por estas tierras- es desolador y las consecuencias de políticas erróneas durante años han quedado expuestas en la superficie como los restos de un naufragio. Será un gran desafío para esta nueva gestión gubernamental junto a los sectores privados recomponer y revertir esta situación.

