23 de marzo 2016 - 00:00

Expectativa y preocupación

Expectativa y preocupación
Expectativa y preocupación definen a estos primeros cien días de gobierno en orden al resultado de las decisiones económicas y su impacto en la vitivinicultura. Como señales positivas se destacan el cumplimento de las propuestas electorales en cuanto a intentar mejorar la competitividad vía eliminación de las retenciones, el levantamiento del cepo cambiario y la flexibilización de la importación de insumos.Valoramos como una fuerte señal política la decisión de relanzar la Comisión Nacional para la Defensa de la Competencia con la que se pretende evitar conductas anticompetitivas, cartelización y posición dominante. Esto expresa un contundente reconocimiento del Gobierno a las distorsiones que sufren las cadenas de valor de las economías regionales, en la que se incluye la vitivinicultura. Esperamos que el trabajo de esta comisión junto con políticas específicas -impositivas, crediticias, etc. - orientadas hacia las pymes vitivinícolas ayuden a enfrentar la concentración y logren mejores precios para el productor.Todo un desafío.

Como aspecto negativo sobresale la alta inflación que no se detiene, diluyendo así los supuestos beneficios de la devaluación que esperaba el sector de la producción y elaboración vitivinícola. Sumemos los incrementos que impactan en plena vendimia donde se destaca el de las tarifas eléctricas, con desproporcionados incrementos de hasta el 400% en la facturación o el aumento de los combustibles y demás impuestos, tasas y servicios, lo que plantea como desafío la urgencia de corregir el déficit fiscal y ordenar la política monetaria.

Las nuevas autoridades deberían reexaminar de cara a la vitivinicultura, para no repetir la experiencia del Gobierno anterior, los diagnósticos, asesoramientos y espacios de interlocución con el sector privado a fin de consensuar políticas y no malgastar recursos. Hoy, por ejemplo: insistir en la vieja receta de decirle al productor que se salva reconvirtiendo sus variedades de uvas, las injerta o erradica viñedos, es desconocer la historia e ignorar la situación de quienes ya hicieron esos deberes y además diversifican obligatoriamente su producción de uvas a mosto desde hace 21 años, y aun así no obtienen rentabilidad. El desafío es diseñar políticas superadoras en este sentido.

Estos primeros 100 días de gobierno transcurren en un momento especial para la vitivinicultura de Mendoza, que registrará la cosecha de uvas más baja de los últimos 20 años. El paisaje -por estas tierras- es desolador y las consecuencias de políticas erróneas durante años han quedado expuestas en la superficie como los restos de un naufragio. Será un gran desafío para esta nueva gestión gubernamental junto a los sectores privados recomponer y revertir esta situación.