6 de mayo 2026 - 11:30

Vaca Muerta impulsa una producción récord y la Argentina se acerca al mayor nivel petrolero de su historia

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta que la producción de petróleo crecerá 16% en 2026. El avance del shale en Vaca Muerta ya explica casi el 70% del crudo que produce el país.

De acuerdo con la proyección de la BCR, la producción de petróleo crecería un 16% respecto de 2025 y quedaría un 11% por encima del récord histórico alcanzado hace casi tres décadas.

De acuerdo con la proyección de la BCR, la producción de petróleo crecería un 16% respecto de 2025 y quedaría un 11% por encima del récord histórico alcanzado hace casi tres décadas.

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La producción de petróleo en Argentina se encamina a romper un récord histórico en 2026, impulsada por el boom de Vaca Muerta y el fuerte crecimiento de la extracción no convencional. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el país podría alcanzar este año una producción de 54,5 millones de metros cúbicos de crudo, un volumen que superaría incluso el máximo histórico registrado en 1998.

La estimación refleja la profunda transformación que atraviesa el sector energético argentino en la última década, con el shale oil de la Cuenca Neuquina desplazando progresivamente al petróleo convencional y consolidando a Vaca Muerta como el principal motor de crecimiento de la industria hidrocarburífera nacional.

De acuerdo con la proyección de la BCR, la producción de petróleo crecería un 16% respecto de 2025 y quedaría un 11% por encima del récord histórico alcanzado hace casi tres décadas.

El shale ya domina la producción petrolera argentina

El crecimiento esperado para este año se explica casi exclusivamente por el avance de la producción no convencional. Actualmente, cerca del 70% del petróleo que se extrae en la Argentina proviene de desarrollos shale, una proporción que muestra la velocidad con la que Vaca Muerta modificó la estructura energética del país.

La diferencia respecto de años anteriores es contundente. En 2020, el petróleo no convencional representaba menos del 25% de la producción nacional, mientras que en 2015 apenas superaba el 5%.

El informe sostiene que la expansión del fracking permitió compensar ampliamente la caída estructural de la producción convencional. De hecho, la extracción tradicional de petróleo caería este año un 4% respecto de 2025 y mostraría un derrumbe acumulado del 41% frente a 2016.

Sin embargo, la producción no convencional crecería cerca de un 28% interanual, lo que explica que la producción total continúe acelerándose y que el país pueda acercarse por primera vez a los 900.000 barriles diarios.

La BCR remarcó que el promedio diario de extracción ya había superado los 790.000 barriles diarios durante 2025, tras un crecimiento del 9,2% frente al año anterior. Ahora, el escenario proyectado para 2026 ubica a la industria en una escala inédita para la Argentina moderna.

Exportaciones, infraestructura y superávit energético

El crecimiento productivo aparece además estrechamente vinculado con la expansión de las exportaciones energéticas y las inversiones en infraestructura.

La mejora en los niveles de extracción coincide con el desarrollo de nuevos oleoductos, ampliaciones de capacidad de transporte y proyectos vinculados al GNL, claves para sostener el incremento de producción y ampliar la capacidad exportadora del país.

Según el informe, las inversiones previstas buscan fortalecer tanto el abastecimiento interno como las exportaciones de hidrocarburos, con el objetivo de consolidar el superávit energético argentino.

En los últimos meses, el sector energético se transformó en uno de los principales generadores de divisas de la economía argentina. El crecimiento de Vaca Muerta permitió revertir parcialmente una década marcada por fuertes importaciones energéticas y déficit en la balanza comercial del sector.

La expansión exportadora también se ve favorecida por el contexto internacional. La guerra en Medio Oriente y la volatilidad global del petróleo revalorizaron el potencial de regiones consideradas políticamente estables para el suministro energético internacional, entre ellas la Argentina.

El gas mantiene niveles históricamente altos

El informe de la BCR también analiza la situación del gas natural. Aunque la producción total de gas en el primer trimestre de 2026 se ubicó un 1% por debajo del año pasado, la entidad aclaró que el nivel actual sigue siendo uno de los más altos de las últimas dos décadas.

Al igual que sucede con el petróleo, el gas no convencional continúa creciendo mientras el convencional retrocede.

La producción shale ya representa el 65% del gas argentino y registró un aumento interanual del 4,8% durante los primeros meses del año. Sin embargo, la caída cercana al 10% en la extracción convencional explica la leve contracción total observada hasta ahora.

Pese a esa desaceleración coyuntural, la BCR proyecta que la producción gasífera de 2026 terminará siendo la segunda más alta de los últimos 20 años, impulsada nuevamente por la Cuenca Neuquina.

El informe anticipa además un escenario de crecimiento sostenido para Vaca Muerta, mientras que las cuencas Austral y del Golfo San Jorge continuarían mostrando caídas productivas.

Un cambio estructural en la matriz energética argentina

La evolución de Vaca Muerta no solo modifica los niveles de producción energética, sino también la posición macroeconómica de la Argentina.

La expansión del shale convirtió al país en un exportador neto de energía y posicionó al sector como uno de los principales receptores de inversiones privadas, especialmente tras la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

La posibilidad de alcanzar el mayor nivel de producción petrolera de la historia refleja el cambio estructural que atraviesa la industria energética argentina, donde el crecimiento ya no depende de los yacimientos convencionales maduros, sino del desarrollo masivo de recursos no convencionales en Neuquén.

Con inversiones en infraestructura, ampliación de exportaciones y nuevos proyectos vinculados al petróleo y el GNL, el sector energético aparece cada vez más como uno de los pilares sobre los que el Gobierno apuesta para sostener el ingreso de divisas y el crecimiento económico durante la próxima década.

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