A pocos pasos del Museo de Arte Moderno, la galería Calvaresi exhibe a dos pioneros de la vanguardia, Pablo Curatella Manes y Magda Frank, mientras las obras contemporáneas ocupan la sala del primer piso. Allí está la muestra "OVO" de Mariano Giraud quien presenta una suerte de formas orgánicas realizadas con la ayuda de una máquina: una impresora 3D. Las fascinantes arborescencias barrocas se multiplican en una serie de dibujos y cinco esculturas.
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Giraud trabaja desde hace años con la impresora 3D, pero ha dejado de lado la "explosión de frenesí biológico, la reproducción potenciada por una herramienta auto replicante". La ilusión provocada por el acceso a la tecnología se aplacó en gran medida y en esta muestra se concentra en "OVO", una esfera que gira cuando se la observa con las gafas 3D de realidad virtual. Las esculturas realizadas en masilla y posteriormente cromadas adquieren la cualidad de una joya, y sus colores azul, amarillo, oro, rojo obscuro y violeta, ostentan un brillo metálico.
El curador de la muestra, Federico Baeza, destaca la condición "líquida", "flotante", de estos objetos. Piezas que pueden reproducirse al infinito y ponen sobre el tapete el tema del arte hecho a mano o realizado por una máquina.
Las esculturas son producto de la relación entre dibujo, fotografía, modelado, impresión 3D y cromado. Baeza señala la diversidad del elenco de imágenes que utiliza el artista: "Se devoran, expulsan y recombinan cosas tan diversas como la cabeza de Snoopy, cabelleras del manga, cuerpos humanos o cuernos tribales". Además, estas nuevas obras de Giraud bien pueden asociarse a las extrañas morfologías del "Jardín filosófico" del artista Miguel Harte. Aunque en la muestra de Giraug predomina un clima de ciencia ficción. El artista imagina el paisaje de un futuro que se encuentra lejos, muy lejos del devenir del mundo actual.
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