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Fábrega, sin problemas para el Central; el resto en duda
• El Gobierno pidió al senado votar el acuerdo.
• El directorio espera en comisión.
El Gobierno dio esta semana el primer paso en años para regularizar la presidencia del organismo: envió al Senado el pliego con el pedido de acuerdo para Fábrega, junto con el de Hernán Lorenzino como embajador ante la Unión Europea. Fábrega debería terminar de cumplir el período de seis años que inició Marcó del Pont el 24 de septiembre de 2010 y para el que nunca tuvo acuerdo del Senado. Es decir, será presidente de la entidad hasta un año después que Cristina de Kirchner haya dejado la Casa Rosada.
La novedad es que esta vez el presidente del Central podrá sentarse en el cargo con acuerdo del Senado, con la protección legal que eso conlleva. El kirchnerismo está decidido esta vez a votar el acuerdo a Fábrega y no reeditar la irregularidad de los últimos tres años.
La ventaja de cumplir con la ley en ese caso es que el funcionario quedará afuera de un tiro de decreto en el caso de alguna nueva pretensión de cambio en la Casa Rosada. En las épocas en que se redactó la Carta Orgánica original de la entidad, a esa ratificación parlamentaria se la asimilaba a una de las principales herramientas para garantizar la independencia.
Mercedes Marcó del Pont se pasó desde el 24 de septiembre de 2010, cuando inició un nuevo período en el Central tras haber cumplido el mandato trunco de Martín Redrado, hasta ahora sostenida en su cargo en comisión por un decreto presidencial, es decir, sin que el Senado le diera el acuerdo de ley. Nunca el kirchnerismo recibió la orden directa de Cristina de Kirchner de avanzar con esa votación. Por eso la salida de la funcionaria fue tan rápida y no exigió el consejo y el análisis de la comisión especial que analiza la remoción de ese cargo.
Junto a Marcó del Pont quedaron en espera cuatro directores y la síndica adjunta del Central. Todo el directorio permaneció entonces sin acuerdo, es decir, en comisión. Y en cada caso hay una historia distinta detrás.
El último movimiento que hizo el Gobierno sobre el directorio del BCRA fue el nombramiento de Pablo Julio López como director. Por Decreto 96/13 el delegado de Axel Kicillof en el Central ocupó el cargo en comisión y su pliego fue enviado al Senado. Llegó allí el 28 de junio y nunca más se movió. Es decir, no hubo siquiera audiencia y mucho menos dictamen.
Los pliegos de Miguel Pesce, vicepresidente del BCRA que llegó a estar a cargo de la entidad tras la salida de Redrado; el de Waldo Farías, otro director, y el del superintendente Santiago Carnero entraron al Senado en 2010 junto con el pedido trunco para Marcó del Pont.
Pesce, Farías y Carnero pasaron por la comisión y sus pliegos fueron aprobados pero nunca bajaron al recinto. Pasó el tiempo suficiente, entonces, como para que en cada uno de sus expedientes hoy figure la leyenda: "Caducado por renovación bianual".
Cuando las cámaras se renuevan, cada dos años, pierden estado parlamentario todos los dictámenes de proyectos que no fueron tratados en alguno de los dos recintos. Pasa lo mismo con los despachos de acuerdos en el Senado. Demasiado tiempo, igual que con Marcó del Pont, sin que el Gobierno pidiera por ellos.
Lo mismo le sucedió a Paola López, la síndica adjunta con pedido de acuerdo de la Casa Rosada en 2011: "Caducado".
Ayer se desató una discusión casi doctrinaria en el Senado sobre la situación de todos esos funcionarios. No se recuerda otro momento en que la totalidad de un directorio haya quedado en comisión y por tanto tiempo como el actual.
El problema para el kirchnerismo es que, además, debe pedir instrucciones sobre cómo avanzar con esos cuatro pliegos que tuvieron dictamen y luego caducaron. Es decir, no está claro aún si necesitan de otro pedido presidencial para poder avanzar en el acuerdo, si es que Cristina de Kirchner decide sacarlos también a ellos del limbo legal de permanecer en comisión.
El pliego de Farías va a tener ingreso formal a la Comisión de Acuerdos en la sesión del Senado del próximo miércoles. De ahí en adelante comenzarán los debates y las invitaciones. Más allá de ese punto, el resto de los trámites, como siempre, no avanzará sin otra orden presidencial.


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