FAMA: La “integral” que le cayó a Alé

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La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) no quiere ser percibida sólo como la polémica repartición que autoriza y niega la compra de dólares. Ricardo Echegaray quiere mostrar al organismo como el ente que persigue la evasión en todos los niveles. Y en las últimas horas dio cuenta de eso al avanzar sobre dos casos, dentro de los denominados ricos y famosos, que, como se diría en la calle, no tienen el 08 en regla.

Se trata del actor-modelo-comediante Matías Alé y del árbitro de fútbol Pablo Lunati. En ambos casos, la AFIP asegura demostrar amplias desprolijidades que llegan a reclamos millonarios, impropios de personalidades famosas, pero que difícilmente puedan llegar en tan poco tiempo (menos de tres años en ambos casos) a posesiones de bienes millonarios.

El problema es que no quiere pagar ni reconoce que deba algo. Desde la AFIP describían la situación de Alé casi con sorpresa. El personaje entró en la mira de los hombres de Echegaray como muchos otros: mostrando en las revistas de moda sus bienes. En este caso, un espectacular Porsche Boxter descapotable negro, desde el que levantaba su pulgar en señal positiva. Lo curioso es que al controlar si efectivamente ese automóvil estaba declarado como corresponde, desde la AFIP se detectó que Alé no sólo no tenía el bólido en orden, sino que además no había presentado tres declaraciones juradas y que, según su versión, facturaba sólo 20.000 pesos anuales, casi lo que es estimable que gaste en combustible. Alé sufrió en carne propia lo que muchos otros famosos vivieron: una integral. Esto es, varios inspectores impositivos fiscalizando todos los movimientos del actor, desde la mañana hasta la noche (donde la facturación de Alé subía). Lo que se descubrió fue notable. El modelo detentaba una vivienda en Libertador al 8500; una moto Harley Davidson Sporster 883, otra moto Honda XR250 y una tercera BMW S 1.000 RR. Además del Porshe, Alé se movilizaba con un Mercedes-Benz C350 y, como corolario de su crecimiento profesional y económico, sus cuentas marcaban la tenencia de más de 100.000 dólares de ahorros.

Nada que reprochar. Alé es laburador. Salvo no declarar nada a la AFIP, que finalmente le reclama ahora 1,2 millón de pesos y la inhibición de sus bienes para que no los transfiera a terceras personas, como finalmente hizo con su Porshe.

El caso Lunati es menos vistoso, pero más oneroso: la AFIP le reclama $ 1,7 millón. Según los allanamientos de ayer, el árbitro de fútbol, muy recordado (no siempre con bendiciones) por los hinchas de River, Boca, Independiente, Tigre y Rosario Central, estaría vinculado a las siguientes propiedades: una vivienda en Padre Silberman 1351 (Santos Lugares), un local de Havanna en la avenida San Martín N° 2598 de Caseros, un lavadero de autos Matías I de la calle Mariano Moreno 4609 de Caseros, otro local de Havanna en la calle Mitre 3601 de San Martín y varias propiedades más en esos departamentos del noroeste del Gran Buenos Aires.

El dossier Lunati generó, además, una embestida directa de la AFIP contra al Asociación de Fútbol Argentina (AFA) por falta de colaboración en un primer momento al pedir los datos sobre las facturaciones de los árbitros, lo que obligó al organismo que maneja Julio Humberto Grondona a tener que abrir sus números. Se supo así que la AFA les paga, en el mejor de los casos, unos $ 40.000 mensuales a los árbitros, cifra que de ninguna manera le hubiera permitido a Lunati armar su emporio empresarial en el conurbano. Lunati dice estar tranquilo y que sus números están en orden. Para la AFIP, se trata de un caso especialmente desprolijo, donde, además, y a diferencia del caso Alé, le costará al árbitro demostrar de dónde sacó el dinero para comprar sus propiedades.

@cburgueno

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