26 de abril 2013 - 00:00

FARIÑA-ELASKAR: Dos intrépidos en la City

FARIÑA-ELASKAR: Dos intrépidos en la City
¿Y estos dos de dónde salieron?. La frase pareció un hit en el sistema financiero durante las últimas dos semanas. Muchos de los principales responsables de las mesas de dinero más importantes (y las menos también), dueños y ejecutivos de bancos y compañías financieras de todo tipo de prestigio, y gerentes de área donde se maneja dinero a cualquier nivel de velocidad se preguntaban entre ellos por el origen de Federico Elaskar y Leonardo Fariña y por la ya legendaria SGI de Madero Center. Y no era voluntad

de correrse del escándalo mediático. Es verdad que dentro del sistema financiero clásico argentino, tanto ambos jóvenes intrépidos como la oficina en cuestión eran una incógnita.

Como primera conclusión, se trata entonces de una financiera o cueva, según el interlocutor, que operaba fuera del circuito clásico y ortodoxo de transacciones legales, o más o menos, del sistema porteño de transacciones de efectivo y divisas.

De los dos personajes ahora famosos, el más conocido, obviamente, era Fariña, pero por sus andanzas mediáticas e impositivas desde su irrupción en el firmamento farandulero más que por sus logros financieros. Lo que más curiosidad provocaba desde mayo de 2011 (cuando se hizo popular por su matrimonio con la modelo Karina Jelinek) hasta estos días es cómo se atribuía a sí mismo ser capo de las finanzas con semejante perfil público. Sucede que su exposición nacional y popular mostrando autos de híper alta gama, pisos en Libertador, atuendos de playboy y viajes fantásticos a los paraísos del mundo son exactamente lo contrario que se aconseja a alguien que trabaje de lo que Fariña daba a entender que trabajaba. Esto es, generar negocios, mover millones y aumentar las fortunas de otros. Inmediatamente sucedió lo inevitable en estos casos de alta exposición: la AFIP llamó a su puerta, y se descubrió que sólo contaba para el fisco con un sueldo de 6.000 pesos, que su trabajo mostraba según la jerga de la DGI serias inconsistencias, y que tampoco tenía clientes que dieran fe de su magia financiera. Fariña entró al olvido hasta su propia autoincineración para el mercado local, al denunciar, desmentir y volver a denunciar sus propias participaciones en supuestas operaciones de lavado de dinero, lo que para el sistema local es más o menos protagonizar su propio partido de despedida.

El caso Elaskar es menos público, pero más notable. Su historia confesional sobre cómo operaba su empresa SGI quedará en los anales de la jurisprudencia del complicado mercado financiero argentino, superando a cualquiera de los muchos banqueros osados y no tanto que poblaron la City porteña y sus aledaños. Elaskar fue el primero en grabarse a sí mismo explicando cómo operaba y manejaba su propia cueva. Sólo hicieron luego falta algunas llamadas telefónicas habituales de los periodistas que siguen de cerca la ilegal pero permitida marcha del dólar blue para conocer que SGI no formaba parte del circuito oficial de la divisa, pero que sí se conocían algunas comunicaciones donde desde esa oficina de Madero Center se pedían cotizaciones marginales. En la jerga financiera, cuevera. Esto implica que se trata de un lugar, por su ubicación, que no está en la mira oficial (lo cual es una tranquilidad) y con fama de vip.

Y que cuando se llega a este nivel, se alcanza el mejor de los mundos, siempre y cuando se mantenga una situación clave: el anonimato, la discreción, la prudencia. Todo lo contrario de lo que Elaskar ametralló hace dos semanas. El tema no es que ya no sea dueño de SGI, sino que su aparición mediática lo eyectó definitivamente del paraíso financiero cuevero argentino, un lugar donde hay espacio para silenciosos.

@cburgueno

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