4 de marzo 2009 - 00:00

Farmer, mente brillante que acobardó a Hollywood

Considerado incluso por sus pares como uno de los escritores más imaginativos y audaces de la ciencia ficción, Philip J. Farmer publicó más de 70 libros, y salvo una discreta producción televisiva, el cine no se atrevió con ninguno de ellos.
Considerado incluso por sus pares como uno de los escritores más imaginativos y audaces de la ciencia ficción, Philip J. Farmer publicó más de 70 libros, y salvo una discreta producción televisiva, el cine no se atrevió con ninguno de ellos.
Con la muerte de Philip José Farmer, el escritor que introdujo el sexo en la ciencia ficción, desaparece una de las mentes más imaginativas y audaces del género. Entre sus cualidades más distintivas está el de haber sido el primero en imaginar relaciones sexuales con seres extraterrestres, algo que impactó fuertemente en la era de oro del género, los años 50.
El escritor, fallecido a los 91 años la semana pasada mientras dormía en su casa de Peoria, Illinois, nació en 1918, en Indiana, pero crecio en Peoria, donde su padre era empleado de la planta de energía. A los 9 años ya había decidido que sería escritor (cuando los libros de Edgar Rice Burroughs sobre Tarzán lo convirtieron en un lector voraz de cualquier cosa que cayera en sus manos). Pero antes de pasar tiempo completo ante la máquina de escribir, pasó unos años en el ejército -durante la Segunda Guerra Mundial, pero sin entrar nunca en combate-, y como obrero metalúrgico, trabajo que no le impidió asistir de noche a la Universidad Bardley, en Peoria.
Farmer, que también escribió bajo el seudónimo Kilgore Trout publicó más de 70 libros, que fueron traducidos a más de 20 idiomas. Aunque probablente su obra maestra por la que es más recordado sea la serie de relatos de «El mundo del río» («Riverworld»), iniciada con la novela «A vuestros cuerpos dispersos» («To your scattered bodies go», de 1972), el relato revolucionario con el que marcó un punto de inflexión en el género es «Los amantes» de 1952. «The lovers» fue rechazado por las principales editoriales de ciencia ficción, incapaces de asimilar las descripciones de relaciones sexuales entre un ser humano y una alienígena con extraños métodos de apareamiento. Una de ellas incluso devolvió el manuscrito asegurando que la historia provocaba repugnancia. Sin embargo, finalmente el relato apareció en una revista barata, «Startling Stories» , provocando conmoción y también el reconocimiento de sus pares, al punto de darle a Farmer el premio Hugo al «escritor más promisorio del año».
Pero luego de ese debut exitoso, la carrera de Farmer tuvo un terrible traspié. El envió un manuscrito de lo que hubiera sido la primera versión de su trilogía de «El mundo del río» a un concurso literario que prometía un primer premio de cuatro mil dólares, y lo ganó. Sólo que la organizadora del certamen era una editorial totalmente poco seria, que no sólo jamás le dio el dinero sino que. además, perdió su texto. Para peor, ansioso por convertirse en escritor profesional, Farmer habia renunciado a su empleo, por lo que la estafa le produjo una grave crisis personal y profesional. Entre otras cosas, no llegó a graduarse en Literatura Inglesa hasta 1959, y se pasó buena parte de la década del 50 y casi toda la del 60 trabajando para empresas relacionadas con militares y defensa nacional en una vida nómade que lo llevó por todos los Estados Unidos.
Durante esos años, Farmer sólo pudo escribir en sus ratos libres, pero ya a fines de los 60, la imaginación arrolladora de su literatura y sus ideas riesgosas iban estando en sincro con los tiempos que corrían, y de a poco su nombre fue sinónimo de lo mejor de la ciencia ficción moderna. En 1971 volvió a recibir un premio Hugo, justamente por la primera novela de la serie de «El mundo del río», donde el tabú a quebrar no tenía tanto que ver con lo sexual sino con las creencias religiosas. El protagonista de esta cosmogonía personal no es otro que Sir Richard Burton, cuando el traductor de las «Mil y Una Noches» resucita en un más allá donde seres humanos de todas las épocas y tendencias (de Hermann Goering a un indignado Jesucristo) vuelven a vivir en un universo que fluye a lo largo de un río interminable, interactuando con ese misterio de maneras bien o mal intencionadas pero tendientes a repetir lo que la humanidad cometió a lo largo de la historia. Todo para terminar sospechando que tanta resurrección no es otra cosa que un enfermo experimento de una raza extraterrestre muy superior.
Para los 70, Farmer había logrado ser no solamente escritor full time, sino también uno de los maestros en su estilo, lo que le despertó un entusiasmo tal que volvió a su obra prolífica como pocas sin que eso atente contra su nivel, sino todo lo contrario. En una época llegó incluso a escribir varias novelas de sus distintas series, que además de «El mundo del río», incluyen «Dayworld» (la superpoblación obliga a los seres humanos a vivir un solo dia de la semana despiertos y los otros seis suspendidos en un sueño o hibernación artificial), y «World of Tiers» (donde la gente desarrolla universos de bolsillo para jugar a semidioses).
La gran imaginación de Farmer implicaba también expandir de manera espontánea su obra previa, al punto de que «El mundo del río», originalmente una trilogía, terminó en siete u ocho libros distintos, incluyendo compilados de cuentos cortos que volvían sobre el mismo tema.
Un hito en la carrera de Philip Jose Farmer es haber convertido en verdadero escritor a un supuesto escritor mediocre de ficción inventado por otro genio de la ciencia ficción moderna, Kurt Vonnegut Jr, que hacía aparecer al personaje en varias de sus novelas. Farmer aseguró haber pedido permiso de su colega para escribir un libro como si fuera este inexistente Kilgore Trout, pero aparentemente Vonnegut pensó que sólo era una broma. El resultado es que Kilgore Trout publicó una novela, «Venus in the half shell» («Venus en la concha») que resultó ser una auténtica obra maestra y no el trabajo mediocre que habitualmente Vonnegut adjudicaba a su personaje. Para colmo, la primer edición no aclaraba que Trout fuera ningún seudónimo, y los lectores automáticamente daban por entendido que era un chiste literario de Vonnegut, que quedó resentido al escuchar que lo que llamaban uno de sus mejores trabajos en realidad era obra de otra persona.
Si Farmer murió en su amada Peoria, a los 91 años, y en la tranquilidad del sueño, quizá se deba a que su obra desafió totalmente a Hollywood, que nunca se animó a arruinar ninguno de sus libros. Sólo una coproducción para la televisión conjunta de Canadá, Australia, Inglaterra y los Estados Unidos se atrevió a esbozar una breve y modesta mezcla de su cosmogonía más celebre, «Riverworld», que se lanzó con total discreción y, por suerte, casi nadie la vio.

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