- ámbito
- Edición Impresa
“Favelados” de San Pablo votaron entre sus dudas y sus esperanzas
Paraisópolis, una de las mayores favelas de San Pablo, refleja, pese a los avances sociales de los últimos ocho años, los contrastes que persisten en Brasil.
Ante la ausencia de censos oficiales, lo que mandan son las estimaciones: se cree que más de 100.000 personas ocupan alrededor de 18.000 casitas de material, apiñadas en dos, tres y hasta cuatro pisos, en una postal que recuerda mucho, aunque en distinta escala, a la Villa 31 de Retiro.
La principal diferencia radica en los accidentes geográficos. La mayoría de los asentamientos está construida sobre cuestas, lo que delinea verdaderas «olas» de ladrillo desnudo y cemento.
En el recuerdo sigue presente la revuelta del grupo narco Primer Comando de la Capital (PCC), que asoló a San Pablo por tres días en vísperas de las elecciones presidenciales de 2006. En los registros figuran 115 muertos por enfrentamientos, pero extraoficialmente se llegó a hablar de medio millar.
Es un secreto a voces que la organización criminal controla esta favela desde hace más de cinco años, pero, en una convivencia tácita, sus «tareas» de contrabando de drogas no interfieren con la labor de las autoridades.
«Droga hay en todos lados, nosotros trabajamos para evitar que más personas, sobre todo los jóvenes, caigan en ese mundo. No luchamos contra los criminales», dijo Gilson Rodrigues, Presidente de la Unión de Moradores de Paraisópolis, a Ámbito Financiero. «Esta favela es mucho más tranquila que antes, consecuencia de un gran esfuerzo de la comunidad y del incremento de la presencia del Gobierno federal, estadual y municipal», afirmó el dirigente a pesar de los reportes que revelan allí un incremento de las operaciones del PCC.
Transformación
Rodrigues se refería a los programas Viraje Social y Nueva Paraisópolis, que planean transformar la enorme favela en un barrio popular. Pavimentación de calles, alumbrado público, agua potable y la construcción de viviendas sociales para 21 mil familias son algunos de los objetivos de estos proyectos.
«En términos urbanísticos, la favela mejoró mucho gracias a las acciones de las autoridades, pero sobre todo a la bonanza económica que atraviesa el país. Ya se instaló una de las mayores cadenas de electrodomésticos, Casas Bahía. Lo mismo sucede con sucursales bancarias, como Bradesco», indicó, por su parte, el periodista y propietario del diario local Expresso Morumbí, Joaquín de Carvalho.
«Como Paraisópolis era un área particular que fue invadida hace más de 50 años, los moradores eran clandestinos. Ahora algunos habitantes tienen título de propiedad y mejoran sus casas», indicó a este diario quien también tiene una larga carrera en medios nacionales como TV Globo y la revista Veja.
Con su hijo menor a cuestas, Elisángela, de 30 años, salta de charco en charco. Prolija, portadora de un peinado estricto y maquillaje impecable, esta mestiza madre de tres niños rechaza con una mueca el plan Bolsa Familia, una de las banderas del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. «No, no, nunca me anoté. Está destinado a las personas más carentes, pero aquí se lo dan a cualquiera», se queja.
Este programa consiste en la entrega de entre 60 y 120 reales (35 y 70 dólares) con condiciones a familias en extrema pobreza. Los requisitos están relacionados con la asistencia escolar de los hijos, su vacunación y el cuidado de las mujeres embarazadas, ítems que son supervisados. A pesar del enojo, la mujer afirma haber votado a Lula dos veces, porque «es el único que nos entiende».
Alboroto
El dueño de una tienda de frutas y verduras sube al máximo el volumen de la radio cuando suena «Deixa a vida me levar» (Deja que la vida me lleve) del cantante Zeca Pagodinho, una suerte de himno para los brasileños. Varios presentes la corean. A su costado alborotaba un grupo de cuatro jovencitas. De todas, Carol (18) es la única que acude al colegio. «Yo quiero estudiar, es importante para mi carrera», afirma y acto seguido recibe un aplauso del resto.
Sheila (21) ya tiene tres hijos y nunca fue a la escuela. «Es bastante complicado. Yo quise empezar hace unos años, pero no hay cupos para personas como yo», protesta. «Todo es difícil acá, La Bolsa Familia también», indicó. «Hay mucha burocracia», agregó Carol inmediatamente.
En época de elecciones, la favela se empapela de afiches de candidatos y, aunque notan la presencia del Estado, afirman que los cambios son cosméticos y los problemas de fondo no son atacados. La droga es moneda corriente y las tareas de alfabetización, prácticamente nulas, un panorama que se agrava en Heliópolis, la barriada más grande de San Pablo, con más de 125 mil habitantes.
En las últimas semanas, Dilma Rousseff y José Serra llenaron los estrechos pasillos de Paraisópolis de promesas. «Me enorgullece decir que amo este lugar y me afecta que los políticos sólo se acuerden de que la comunidad existe cuando es época de elecciones», aseveró Hidionor (31), que siempre vivió aquí.
Por ahora, las obras están en marcha; será cuestión de años para comprobar que finalmente las favelas dejaron de ser la gran deuda de todos los gobiernos de Brasil.


Dejá tu comentario