21 de diciembre 2015 - 00:00

Fenómeno: la música clásica sigue al tope del consumo

La variada oferta de salas en la ciudad de buenos aires y la apertura del centro cultural Néstor Kirchner sumaron espacios para el deleite de miles de espectadores.

La variada agenda del Centro Cultural Kirchner amplió significativamente la oferta de espectáculos musicales en Buenos Aires.
La variada agenda del Centro Cultural Kirchner amplió significativamente la oferta de espectáculos musicales en Buenos Aires.
Con un aire renovado, vitalidad extraordinaria y pocos contratiempos transcurrió el año musical porteño en el ámbito privado y estatal. Dos grandes novedades marcaron el interés de la opinión pública y el ambiente musical desde sus primeros meses: la llegada de Darío Lopérfido a la dirección del Teatro Colón y la inauguración, a fines de mayo, de La Ballena Azul, el auditorio sinfónico del también flamante Centro Cultural Kirchner.

La actividad de La Ballena fue intensa: a lo largo de sus primeros seis meses la sala albergó infinidad de manifestaciones tanto de música académica como de otras expresiones artísticas. En ella tiene (por primera vez desde la creación del organismo) su sede permanente la Orquesta Sinfónica Nacional. A fines de noviembre fueron inauguradas las salas de ensayo para la OSN, el Coro Polifónico Nacional y el futuro Coro Nacional de Cámara (en rigor de verdad, la nueva denominación del Coro Nacional de Jóvenes). También se completó el órgano más moderno de América Latina, el Kleis opus 1912 de la Ballena.

La acústica implacable de la sala representó un desafío y un crecimiento enormes para la Sinfónica, que mejoró significativamente su ánimo y su desempeño musical; la mudanza coincidió con el retiro de su titular Pedro Ignacio Calderón y el paso a un sistema de directores invitados. Algunos hitos como las sinfonías 2 y 3 de Mahler (con Enrique Diemecke y Francisco Rettig), el War Requiem de Britten (con Facundo Agudín), la sinfonía 11 de Shostakovich (con Stefan Lano) se ubicaron entre los puntos más altos de la oferta porteña de música clásica. La esperada actuación en la sala de Martha Argerich (prevista para mayo y concretada finalmente en julio) junto a la OSN dejó un sabor amargo por inadecuadas elecciones de repertorio y partenaires para este acontecimiento. Un hecho positivo lo marcó la presencia en La Ballena de orquestas, coros y ensambles de los municipios y provincias argentinas; otros espacios del CCK como el Salón de Honor y las salas Argentina y Federal ampliaron significativamente la oferta.

A principios de 2015 sorprendió la noticia de que Darío Lopérfido reemplazaría a García Caffi en la dirección del Teatro Colón. La designación, que encontró a priori cierta resistencia, convenció a medida que el gestor fue manifestando una postura flexible ante los reclamos y capacidad de diálogo, y sus primeras medidas (la convocatoria a Maximiliano Guerra para el Ballet Estable y la sustitución de la dupla Katharina Wagner-Roberto Paternostro por la de Marcelo Lombardero-Alejo Pérez para Parsifal) fueron muy bien recibidas. Dentro de la temporada hubo algunos cambios de elenco y en especial dos cambios de títulos en el Ballet: el reemplazo de Onegin por un deslucido Romeo y Julieta en versión Maximiliano Guerra para la despedida de Paloma Herrera, y la sustitución de Ana Karenina de Eifman por El Cascanueces, también en versión Guerra: ambos cambios fueron atribuidos por Lopérfido a la ineficiencia de la dirección anterior. La gestión Lopérfido impulsó también en su primer año una apertura del Teatro, con la implementación de un sistema de streaming de algunos de sus espectáculos, los ensayos generales con público y la reapertura de la Biblioteca, entre otras medidas.

La Filarmónica tuvo una primera fase exigida con el Abono Beethoven (sus sinfonías en una semana) y luego desarrolló su temporada con normalidad. El menú de ópera tuvo sus producciones integrales más logradas (hasta el cierre de esta edición) en Quartett de Francesconi y El ángel de fuego de Prokofiev; el resto (Werther, Elisir d'amore, Cavalleria/Pagliacci y Don Carlos) fue más fuerte en el aspecto musical que en el escénico; salvo honrosas excepciones no hubo tampoco voces fulgurantes ni batutas iluminadas. El resto de las actividades del Colón (CETC, Colón Contemporáneo, Intérpretes Argentinos, Ciclo Quinto Aniversario, conciertos de las orquestas en la Usina del Arte) se desarrolló a grandes rasgos de acuerdo con lo previsto. Con algo menos de expectativa que el año anterior, Daniel Barenboim y Martha Argerich volvieron a desplegar su magia y regalaron junto a la West-Eastern Divan Orchestra algunos de los hitos musicales del año.

DESAFÍOS

Siguieron soplando en 2015 vientos adversos para el Teatro Argentino, que debió levantar producciones de ópera y ballet y que continúa luchando por resolver sus múltiples conflictos; pese a serias dificultades escenotécnicas, brilló la producción del Otello verdiano y la actividad concertística fue abundante. Juventus Lyrica y Buenos Aires Lírica llevaron adelante buenos espectáculos (en la primera sobresalió como producción integral Bodas de Figaro por Maria Jaunarena-Hernán Schvartzman y en la segunda Don Pasquale por André Heller-Lopes y Juan Casasbellas). El 2015 deparó también dos bocados exquisitos para paladares operómanos y desprejuiciados: el Macbeth verdiano revisitado por Brett Bailey a cargo de su compañía sudafricana (FIBA-Colón), y El Pimiento Verdi, la sátira de Albert Boadella, en el Teatro San Martín.

El Mozarteum Argentino ofreció una temporada magnífica, en especial en las actuaciones de los ensambles de la Bachakademie Stuttgart dirigidos por Hans-Christoph Rademann, el trío Atos, la Budapest Festival Orchestra, Jordi Savall y Daniel Barenboim. Nuova Harmonia consolidó la nueva impronta de su dirección con propuestas de gran calidad, como la Filarmónica Austro-húngara Haydn, Maxim Vengerov con la sorprendente Sinfónica de Shanghái, el Cuarteto de Arcos de La Scala y el debut local de Viktoria Mullova junto a Katia Labèque. La Usina del Arte reiteró su amplia oferta y su convocatoria de público con ciclos de música sinfónica, de cámara, contemporánea, ópera y otros géneros. Pese a los avatares y el calendario del año electoral, tanto los artistas y gestores como los espectadores demostraron (en espacios grandes y pequeños, estatales y privados) que la avidez por producir y consumir música clásica sigue siendo una constante en estas latitudes.

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