27 de abril 2010 - 00:00

Feria amurallada para evitar los actos violentos

Enrique Olivera, Magdalena Ruiz Guiñazú y Antonio Cafiero durante una mesa de diálogo de ayer.
Enrique Olivera, Magdalena Ruiz Guiñazú y Antonio Cafiero durante una mesa de diálogo de ayer.
Dos escraches consecutivos y el anuncio de algunos actos particularmente sensibles para lo que resta de su realización han convertido inopinadamente a esta Feria del Libro del Bicentenario en un acontecimiento más volcánico de lo que podía haberse previsto, menos de una semana atrás, durante la lectura de los más bien monótonos discursos de inauguración.

«Tuvimos hasta ahora más de doscientos actos y sólo en dos hubo inconvenientes», dijo ayer a este diario Horacio García, director de la Feria del Libro. Consultado sobre si la organización reforzaría seguridad en futuros actos que podrían prestarse a la polémica, reconoció que «sí, moderamente, pero como lo hicimos hasta ahora. Quiero decir: nosotros queremos que todos se expresen, pero civilizadamente. Si hay confrontación de ideas, mucho mejor. Pero claro, de manera pacífica. La Policía es el último recurso». «La Feria es una tribuna de expresión y no dejará que la manipule ningún sector», agregó Carlos Pazos, secretario de la Fundación El Libro. «Tenemos una experiencia de 36 años y hemos atravesado tanto dictaduras como gobiernos democráticos. Los inadaptados que interrumpieron la presentación del libro de Gustavo Noriega fueron rápidamente detenidos, y el acto no se terminó allí sino que continuó hasta el final».

Ambos recordaron que ayer transcurrió normalmente un diálogo entre Antonio Cafiero y Enrique Olivera, coordinado por Magdalena Ruiz Guiñazú, y que la presentación del libro de Nelson Castro, con Joaquín Morales Solá y la misma Ruiz Guiñazú, prevista para el sábado, no se suspendería como se insinuó en un momento. «Si la Feria suspende actos por temor, la Feria se muere», dijo García.

Con un día de diferencia, dos incidentes consecutivos pusieron el foco sobre la Feria del Libro en sus días iniciales: el viernes, la médica cubana Hilda Molina fue agredida verbalmente por un numeroso grupo de manifestantes castristas, en su mayoría muy jóvenes, mientras presentaba su autobiografía «Mi verdad». Molina, en declaraciones posteriores, manifestó haber reconocido entre sus agresores a «gente de la embajada cubana. Los reconozco porque me siguen todos los días».

Diferente fue el caso de los sillazos e insultos cruzados del domingo, cuando el ex empleado del INDEC Gustavo Noriega (también ex panelista de Roberto Pettinato y director de la revista de cine «El amante») presentaba su libro «INDEK. Historia íntima de una estafa. Destrucción». Durante el día de ayer se sucedieron las acusaciones al mismo ritmo que las desmentidas. Cinthia Pok, ex directora de precios del INDEC hasta la llegada de Guillermo Moreno en enero de 2007, denunció que los autores de los disturbios «eran integrantes de UPCN y barras bravas del club Chicago». Minutos después, el sindicato en cuestión difundió un comunicado en el que sostuvo que «nuestra presencia en la Feria, por séptimo año consecutivo, está dedicada a la promoción de la Cultura del Trabajo y la más amplia participación de los trabajadores y trabajadoras en tan importante fiesta de la cultura nacional». Con menor o mayor intensidad, según se tratara de funcionarios del Gobierno o de la oposición, también se oyeron voces de repudio ante un acto tan gratuito e inútil que, en todo caso, servirá para aumentar las ventas del libro de Noriega, al menos por curiosidad.

Alborotar en la Feria del Libro no es algo nuevo (en particular en el predio de La Rural, un ámbito que parece indicado para ello), aunque hacía algunos años que no ocurría con la misma intensidad que ahora. En 1997, el ex ministro Domingo Cavallo, un 1 de mayo, fue insultado, corrido a huevazos y hasta escupido por el público durante una infausta visita a la Feria. Uno de los manifestantes llegó a enrostrarle que «por tu culpa estoy sin trabajo». No era algo nuevo para el economista, tan acostumbrado a que Norma Plá lo hiciera llorar.

En otra oportunidad, otro grupo de estudiantes de Derecho de la UBA organizó una movilización el mismo día de la apertura para impedir la entrada de Carlos Menem, objetivo que consiguieron. El ex presidente no pudo bajar de su helicóptero y la ceremonia de inauguración se llevó a cabo sin su presencia.

Cuatro años antes, las fuerzas de choque «los batatas» vinculadas al ex presidente de la Cámara de Diputados Alberto Pierri agredieron en La Rural a periodistas que investigaban episodios del Mercado Central, en especial al investigador del entonces diario opositor Página/12 Hernán López Echagüe.

Alberto Albo, Hugo Fazio, Miguel García, Sandra Jacobson y Claudio Pérez fueron otros de los cronistas golpeados, aunque López Echagüe, también autor de una biografía no autorizada sobre Eduardo Duhalde, «El otro», llevaría más tarde la peor parte con otra agresión más grave.

Dejá tu comentario