10 de noviembre 2014 - 00:00

Ferri y Cornejo sobresalen en bella versión de “Chéri”

Ferri y Cornejo dando vida a “Chéri”, sobre textos de Colette y una de sus obsesiones: el amor de una mujer madura por un joven.
Ferri y Cornejo dando vida a “Chéri”, sobre textos de Colette y una de sus obsesiones: el amor de una mujer madura por un joven.
"Chéri". Idea, Dir. y Cor.: M. Clarke. Textos: T. Howe (sobre las novelas "Chéri" y "El fin de Chéri", de Colette). Música: M. Ravel, C. Debussy, F. Mompou, F. Poulenc y M. Feldman. Int.: A. Ferri, H. Cornejo y N. Aleandro. Piano: Polly Ferman (Teatro Maipo).

El planteo es tan simple como profundo. Chéri, como todos llaman al protagonista, ama con pasión a Léa, amiga de Charlotte, su madre, y de la misma generación que ésta. El romance, que se extiende de manera clandestina durante seis años, los llena de una felicidad insustituible. Al cabo de ese tiempo las imposiciones de la sociedad (Charlotte exige que Chéri se case con una mujer más joven y más adinerada que él) logran separarlos. Luego del casamiento habrá un reencuentro que en cierto punto los dejará, al decir del tango, "como dos extraños". Más tarde la guerra y el desamor enloquecerán a Chéri, y ya no habrá salvación para él ni para su pasión por Léa, lo más trascendente de su vida.

Martha Clarke (coreógrafa y directora) y Tina Howe (guionista) logran una adaptación asombrosa de las novelas de Colette que constituyen el punto de partida del espectáculo. El amor y la tragedia nacen, crecen y terminan en la habitación de Léa, que se prolonga en la sala (en este sentido el teatro Maipo es un ámbito ideal para la recreación de esta atmósfera íntima de la que el espectador no puede dejar de sentirse parte). Léa y Chéri hablan con sus miradas, sus cuerpos y sus gestos, mientras que Charlotte entrelaza con sus parlamentos las distintas instancias de esta historia. Detrás, una pianista (Polly Ferman) brinda el sustento musical con fragmentos muy inteligentemente elegidos, y la iluminación (Christopher Akerlind), la escenografía y el vestuario (David Zinn) conforman un marco visual ideal.

La pareja central es sencillamente perfecta. Ferri, "La Ferri", con su levedad, su solidez técnica, su forma física asombrosa y por sobre todo esa expresividad y profundidad interpretativa que la han destacado siempre, hace que Alessandra y Léa sean un todo indivisible. También magistral es la composición de Herman Cornejo, exacto en la expresión de toda la gama de emociones que transita su personaje y coreográficamente impactante. Mucho menos convincente resulta la actuación de Norma Aleandro, que más que el personaje de Charlotte representa uno demasiado similar a ella misma. Sólo en el monólogo que se refiere a las vivencias de Chéri en la guerra la actriz argentina se acerca a ese clima de introspección apasionada que la pieza propone y que constituye su maravillosa esencia, a la que hasta el domingo próximo Buenos Aires tiene la privilegiada oportunidad de asomarse.

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