7 de octubre 2010 - 00:00

Fiebre Messi

Una multitud de japoneses recibió a Lionel Messi en el aeropuerto internacional Narita, de Tokio. Luego, el 10 de Barcelona se sumó a los entrenamientos del plantel que conduce Sergio Batista.
Una multitud de japoneses recibió a Lionel Messi en el aeropuerto internacional Narita, de Tokio. Luego, el 10 de Barcelona se sumó a los entrenamientos del plantel que conduce Sergio Batista.
Probablemente no haya una ansiedad mayor que la del pasajero que está a sólo instantes de aterrizar a bordo del avión que lo traslada. En el pasaje del vuelo que unía Barcelona-Tokio, con escala previa en Frankfurt, se encontraban los tres integrantes que completaban la delegación de la Selección argentina que se encuentra en Japón.

Gabriel Milito y Javier Mascherano pasaron desapercibidos en el Aeropuerto Internacional Narita. Salieron cortinados por la gran atracción que tuvieron los cientos de japoneses que se acercaron a la terminal aérea. Lionel Messi tuvo encima de sí todos los ojos rasgados que se hicieron presentes buscando verlo, tocarlo, solicitarle un autógrafo o, los más ambiciosos, una foto con el 10 argentino.

Aquello de la ansiedad también era potestad de los organizadores y de los dirigentes de la AFA. Los primeros respiraron tranquilos cuando el crack argentino pisó suelo nipón. Es que las 60.000 entradas que salieron a la venta para el amistoso que se jugará en la noche japonesa del viernes desaparecieron en un sólo día. Y a decir verdad, más allá del potencial del equipo de Sergio Batista, quien provoca semejante locura es el muchachito de 23 años nacido en Rosario. Para muestra alcanza con repasar una sola de las cláusulas del convenio que se firmó para que se juegue el amistoso: si Lío no juega, la tesorería de la AFA debe devolver 200.000 dólares, y como del esguince de tobillo que le provocó el checo Ujfalusi ya no quedan ni rastros, Messi será titular ante Japón.

Con la llegada de los tres jugadores de Barcelona al Hyatt Regency Hotel de Tokio, el Checho Batista empezó a darle forma a la idea de equipo que ya pergeñó en Buenos Aires: el 4-2-3-1 que no había podido ensayar en el último partido ante España en el Monumental.

La goleada ante los campeones del mundo tuvo una línea de cuatro, con un lateral natural (Zanetti, hoy ausente por lesión), tres volantes de contención (Mascherano, Banega, Cambiasso) y tres delanteros. Esta vez pretende ser más ofensivo, al menos con los nombres y el dibujo táctico inicial. Sobre todo con los hombres que se paren de mitad de cancha hacia el arco rival. Todo con una carta en la manga de Batista, la de Lionel Messi, que aunque quiera «descomprimirlo» del tema de la capitanía el técnico también lo considera el ancho de espadas.

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