Mauricio Macri llegó a Buenos Aires ayer a la madrugada y partió a la residencia de Chapadmalal. No hubo en el medio operativo contención hacia radicalismo, como algunos alrededor de Cambiemos especularon, nunca fue necesario. La crisis del grupo fue manejada por los propios radicales en su retiro de Villa Giardino. Mucho menos puede argumentarse que el contenido del discurso que Macri pronunciará el miércoles ante la Asamblea Legislativa esté sometido a una negociación interna del grupo. De ahí la conveniencia de repasar la cronología de reuniones y cumbres desde el viernes hasta aquí.
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Los radicales lograron en Córdoba mantener un ambiente civilizado y mucho más calmo que el que esperaba parte de la dirigencia. Hubo protestas y pedidos de mayor participación al macrismo en las decisiones de Gobierno y previsibilidad en las tormentas que se avecinan. Pero la verdad es que lo mismo pueden exigirle a la Casa Rosada muchos integrantes del PRO y, a la vista de los errores políticos cometidos en las últimas semanas, resulta complicado predecir si alguien en el Poder Ejecutivo hoy puede responder a esos pedidos radicales; por lo menos hasta que no funcionen los cambios en la forma de tomar decisiones que Macri ordenó implementar antes de irse a España.
Nadie en el radicalismo hoy discute irse de Cambiemos. Una prueba de eso es la génesis de esa cumbre. Fue organizada en Córdoba por Mario Negri, con apoyo del jujeño Gerardo Morales, una dupla que juega más en conjunto que nunca, sobre todo a la luz del alejamiento de Ernesto Sanz de su rol clave en el nucleo de decisiones en la UCR a consejero privado del Presidente de la Nación. Es decir, a la cabeza de esa "rebelión" radical estuvieron dos dirigentes que jamas pensarían en abandonar el Gobierno.
Entre los saldos de esa reunión en Villa Giardino hay datos mucho más interesantes que una especulación sobre alejamientos o cercanías con el PRO. Alfonso Prat Gay, por ejemplo, fue invitado como dirigente potencial del grupo y se le agradecieron especialmente dos actitudes: fue a escuchar sin pretender protagonismo y ni siquiera quiso dar notas a la prensa. Es decir, le agradecieron el silencio.
Los problemas centrales de los radicales con el Gobierno pasaron el fin de semana por otro camino. Oscar Aguad fue hasta el hotel de Luz y Fuerza donde sesionaron los radicales. Se instaló en el café del lugar, atendió a la prensa y se retiró alegando cuestiones familiares. Nunca entró al recinto de sesiones y casi ninguno de los presentes lo vio. Temió, quizás, que sus propios correligionarios lo acusaran de cambiar de explicaciones en dos ocasiones sobre el tema Correo-Macri (específicamente si sobre el Presidente sabía o no de la cuestión) y prefirió salir del lugar.
Otro caso a seguir es el de Sanz. No fue nombrado expresamente en Villa Giardino pero recibió críticas tácitas por su cercanía con el Presidente y su lejanía del partido. Eso fue hasta que Walter Ceballos ensayó un elogio hacia él, recordando su carácter de fundador de Cambiemos y hombre clave hoy para Macri. Ahí los aplausos no abundaron y el problema quedó en evidencia.
La mesa del quincho estará puesta mañana a la noche en Olivos pero no para convencer o calmar a radicales. A ese asado están invitados los interbloques de Cambiemos de Diputados y el Senado. Los convocó vía WhatsApp Marcos Peña el martes de la semana pasada como ejercicio típico para mantener unidos a los bloques. Es decir, será una cena con unos 100 comensales que se hará pocas horas antes del mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa. Con esa cantidad de presentes y multiplicidad de partidos, será difícil que se pueda transformar la comida en un debate sobre el futuro de Cambiemos y mucho menos sobre el discurso presidencial que, a esa hora, ya estará escrito y cerrado.
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