- ámbito
- Edición Impresa
Fin a tabú: admiten mujeres (dos) en el Augusta Golf Club
Condoleezza Rice fue secretaria de Estado y mentora de una guerra. Y aunque le gusta jugar al golf, en Augusta miraba el Masters desde afuera. Ayer la admitieron en el aristocrático y discriminatorio club.
No es que las mujeres no puedan ejercer el derecho a voto: es que ellos ejercen el derecho a veto. ¿Para qué dejarlas entrar, entonces, si no se les permitirá hacer nada? Con que se enfunden en un elegante vestido y escojan un llasombrero para eventos especiales es suficiente. La exclusividad masculina es patrimonio de muchos clubes en el mundo. Por ejemplo, el campo escocés de Muirfield -donde se celebró el British Open- es sede desde 1891 de la Honorable Compañía de Golfistas de Edimburgo. Allí sigue inalterable -y no como recuerdo de una época que ya fue- un cartel con la inscripción «No a mujeres, jóvenes y animales».
El exintendente de la Ciudad Enrique Olivera prometió el año pasado cuando llegó a la presidencia del Jockey Club de Buenos Aires «imponer un cambio hecho por hombres del club que respetan las tradiciones». Por ejemplo, la tremenda osadía de cambiar el estatuto para fomentar actividades culturales donde se permitirá el ingreso de mujeres.
El Club Universitario de Buenos Aires hace 94 años que existe, y hace 94 años que no admite mujeres en roles de importancia. Sólo les permite inscribirse como «adherentes», algo que les impide participar en la toma de decisiones. Y si se divorcian, peor.
Los clubes rotarios, que se ufanan de fomentar buenos valores, fueron entidades exclusivamente masculinas hasta 1989. Recién el año rotario 1998-1999 Europa nombró a la primera gobernadora rotaria de su historia, la española María Eugenia Lapeira.
Volvamos al Club Nacional de Augusta, que ayer fue noticia en el mundo por admitir mujeres, aunque no mujeres en general; por ahora, se trata sólo de dos. Las únicas. Un avance, teniendo en cuenta que la institución abrió sus puertas en diciembre de 1932 y no tuvo ningún miembro negro hasta 1990.
«Estas mujeres comparten nuestra pasión por el juego del golf y ambas son conocidas y respetadas por nuestros miembros», dijo Billy Payne, presidente del club, en un comunicado ayer. «Será un momento de orgullo cuando Condoleezza y Darla reciban sus chaquetas verdes en la apertura de este otoño. Éste es un momento significativo y positivo en la historia de nuestro club y, en nombre de nuestros miembros, quería aprovechar esta oportunidad para darles la bienvenida», añadió.
Aunque el debate por dejarlas pertenecer o no al club no era nuevo, volvió a encenderse este año en función de que IBM -una de las principales patrocinadoras del Masters- tiene a una mujer como presidenta y consejera delegada, Virginia Rometty. Y como por tradición se invita al presidente de IBM y de los otros patrocinadores a ser socios del club, ¿qué se hacía con Rometty?
Ya lo dijo Groucho Marx: «Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo».


Dejá tu comentario