Se completó un terceto de ruedas inexpresivas donde todos los mercados convinieron proteger lo que habían conseguido en el principio de la semana y dedicarse a dejar pasar las horas, sin ningún tipo de objetivo remarcable. Se reiteró el «cero coma» de los indicadores globales, donde la Bolsa de Nueva York arribó al final con un 0,16% de diferencia mínima, replicado también en el andar de San Pablo y en el de Buenos Aires, que anotó un pésimo 0,25% de cierre. Después de recalar en un mínimo de 2.314 puntos, habiendo tocado máximo en los 2.328, el mercado porteño se despidió del período con suma de 2.320 puntos. Tan estrecho el camino entre sus extremos, repitiendo un desarrollo sumamente monótono para los pocos participantes de la última fecha. Hecho que se agravó en nuestro medio, a la vista de un feriado del lunes que dejó las mentes en blanco desde el mediodía del viernes. Y el volumen lo resumió todo, en cuanto a dar una categoría al desarrollo, alimentado por no más de $ 26 millones para el segmento accionario. Diferencias que estuvieron del lado de los aumentos, con 32 alzas y solamente 17 papeles en baja, siendo la única referencia para intentar determinar que la rueda fuera positiva.
La semana: nuevamente sorpresa, visto el desempeño de las últimas fechas, porque en el acumulado semanal se retuvieron utilidades suculentas. El índice Bovespa, con un 4,5% de aumento, el Dow Jones lo elevó al 5,2%, y por encima de todo, lo conseguido por el Merval mayor, con el 6,4% de diferencia.
Casi para no creer, por lo muy pálido de mitad de semana en adelante. Otro logro en números, que tiene poco que ver con la imagen dejada. La Bolsa, sorpresa.
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