FMI fiscaliza bancos desde hoy

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Casi en silencio, al menos un aspecto de la economía argentina está siendo fiscalizado en estas horas por el FMI, en conjunto con el Banco Mundial (BM). Incluso, es un viejo conocido el que comanda una misión en el país. Se trata de Robert Rennhack, director asistente del Hemisferio Occidental del organismo financiero, la misma persona que, también en silencio, en diciembre de 2010 elaboró un paper sobre el funcionamiento del INDEC. Ese trabajo luego dio pie al lapidario informe final del Fondo, que derivó en febrero en la "moción de censura" que la propia Christine Lagarde firmó contra la Argentina por las mediciones de la inflación.

En el Gobierno aseguran que ahora no hay nada que temer. Rennhack es la cabeza de una misión del FMI y el BM encargada de revisar exclusivamente la marcha del sistema financiero argentino, tanto en los organismos reguladores como en las propias entidades. Se trata de una obligación que todos los países miembros del G-20 deben aceptar para continuar perteneciendo a ese exclusivo sector, y donde la Argentina, según el Gobierno, no tiene nada que esconder. El enviado de Lagarde debe fiscalizar el cumplimiento del programa FAP (Financial Administration Policies) del G-20, basado en las regulaciones que imponen las normas de Basilea. Estas son la existencia de capitales mínimos para el sistema en general y las entidades en particular; una política de encajes sustentable; capacidad de absorción de pérdidas eventuales de capital para hacer frente a riesgos de créditos y embestidas contra la política cambiaria. También se deben cumplir criterios internacionales de estrategias de tasas de interés y cali dad crediticia del sistema, todas cuestiones que según aseguran desde el Banco Central de Mercedes Marcó del Pont y la Secretaría de Finanzas de Adrián Cosentino se cumplirán y aprobarán sin mayores problemas. "Tenemos hoy mejores indicadores en el sistema financiero que España, no hay manera de que haya un informe negativo de la misión", aseguraban ayer a este diario fuentes que hoy tendrán enfrente a los enviados del FMI y el BM.

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Rennhack estará en Buenos Aires dos semanas y, además de sus encuentros con funcionarios del Ministerio de Economía de Hernán Lorenzino y el Central, se encontrará con la dirección de la Comisión Nacional de Valores de Alejandro Vanoli y las autoridades de ABAPRA (bancos públicos y cooperativos), ADEBA (bancos privados de capital extranjero) y ABA (extranjeros de capital nacional). Todos deberán mostrarles a los enviados datos sistémicos y contestar a las preguntas de los visitantes.

En cualquier circunstancia, la Argentina no tendría nada de qué preocuparse. El problema es el mal recuerdo que dejó Rennhack, no por su permanencia en aquel diciembre de 2010, sino por las consecuencias terminales de su informe elaborado en Buenos Aires.

El funcionario del Fondo, de perfil exclusivamente técnico, había sido designado por el organismo para que elabore un trabajo de fiscalización sobre las mediciones de la Argentina de la inflación y el crecimiento. Había sido el entonces ministro de Economía Amado Boudou el que eligió la opción del FMI para trabajar sobre un índice nacional, cuando en el anterior trabajo de cinco universidades públicas se adelantaban críticas para el Gobierno. Rennhack llegó en diciembre, estuvo cinco días en Buenos Aires, mantuvo encuentros con Boudou y con Ana María Edwin (titular del INDEC) y Néstor Itzcovih (director técnico del organismo), uno de ellos por más de cinco horas, en los cuales siempre mantuvo una sonrisa y no dio una sola pista sobre los datos que absorbía. Cuando Rennhack partió, una esperanza sobrevolaba al Gobierno. El enviado no se había reunido con las consultoras privadas que también elaboraban indicadores de inflación, las que luego serían prohibidas por Guillermo Moreno.

Sin embargo, el tiempo demostró que la sonrisa despreocupada de Rennhack obedecía a su rol de enviado amable. El trabajo del enviado del FMI fue lapidario y destruyó al INDEC y la forma en que el país mide la evolución de la inflación. Luego, con ese trabajo sobre la mesa, en febrero una reunión del directorio del FMI emitió una "declaración de censura" contra la Argentina por preocupaciones sobre la calidad de sus datos sobre inflación y crecimiento del PBI y le dio al país plazo hasta el 29 de septiembre para tomar medidas correctivas. Desde hoy, Rennhack volverá a cruzarse con funcionarios argentinos con su diplomática sonrisa.

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