El Fondo Monetario Internacional (FMI) le dará una tregua corta a la Argentina. No emitirá opiniones, al menos de fondo, hasta la concreción de la segunda misión del año dentro del acuerdo de Facilidades Extendidas, la que (por lo menos según se negoció con el saliente Martín Guzmán) se concretaría entre la última quincena del mes y la primera de agosto. Serán pocos días, pero servirán para que el Ejecutivo se ponga de acuerdo sobre a donde quiere llevar el acuerdo vigente con el organismo que maneja Kristalina Georgieva. Al menos hay una esperanza: que el FMI acepte durante la misión sin más la aprobación de las metas del segundo trimestre del año (las que efectivamente se lograron) y que cualquier crítica directa se concrete luego de que el próximo equipo económico se estabilice con algún plan de mediano plazo.
El FMI dará una breve tregua hasta que se acomode el nuevo ministro
El organismo no emitirá opiniones hasta la segunda misión, que se realizaría entre fines de julio y principios de agosto. Pero el Fondo esperará definiciones políticas.
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Guzmán buscó al cerrar su negociación por la primera misión, que la segunda se extendiera hacia septiembre (lo más lejos posible en el tiempo), para que la tercera se concretara hacia fin de año. Sin embargo, desde Washington hubo una visión diferente. En la sede del Fondo se creyó que las misiones a la Argentina deberían ser lo más rápidas posible una vez cerrado el período a fiscalizar, dadas las crónicas dificultades que muestra la economía criolla. Y que precisamente la próxima misión terminara los controles correspondientes al primer semestre del año, período en el cual se inauguran los controles del Facilidades Extendidas firmado el 25 de marzo pasado. Y que, en consecuencia, fuera necesario cerrar la primera etapa de las misiones con el tiempo suficiente como para comenzar a realizar la tarea más importante desde la aprobación del Facilidades Extendidas: discutir metas y objetivos con posibilidad cierta de incumplimiento, y las condiciones en las que el país pueda manejar su economía para cerrar 2022 aprobando el primer año del acuerdo. Algo que, obviamente, las partes (incluyendo a Guzmán) ya consideraban a fines de junio muy difícil. Más bien, casi imposible. Y que sólo podría salvarse a partir de una seria negociación que debería comenzar una vez que la segunda misión del año haya culminado su faena, probablemente ubicada temporalmente en agosto. Esta promesa se mantendrá en Washington. Pero no mucho más allá en el tiempo. Terminado el tiempo de las treguas, el Fondo esperará definiciones.
Hombre clave
Hay una realidad. Durante todo el mandato de Alberto Fernández, el responsable de fiscalizar las misiones seguirá siendo el brasileño-israelí Ilan Goldfajn. El director gerente para el Hemisferio Occidental fue designado en su cargo en febrero, con el explícito mandato (aceptado por él mismo) de llevar detenidamente el caso argentino bajo su custodia.
Y desde el primer momento, Goldfajn le dejó claro a los hombres y mujeres de Buenos Aires que es el máximo responsable ante el board del organismo del éxito o fracaso del Facilidades Extendidas aprobado (con muchas dudas) el 25 de marzo. El director había afirmado en la reunión de Primavera del FMI y el Banco Mundial de Washington que ese compromiso sería cumplido a rajatabla, y que sería duro en la fiscalización. Y que esa tarea incluiría la recalibración de números y porcentajes para evaluar y descartar potenciales waivers.
Tendrá que estar agradecido Alberto Fernández. Goldfajn es una barrera importante entre las crisis argentinas (y sus incumplimientos y falta de palabra) y el directorio del Board. Un lugar donde esperan al país con las garras afiladas para demostrar que no había que confiar en Argentina y sus promesas.


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