15 de noviembre 2016 - 00:00

Focus: positivo avance delarte en un polo en desarrollo

La nueva feria, dedicada exclusivamente a galerías y artistas argentinos, se destacó por obras como la de Nicanor Aráoz, un torso colgando de una cadena atada a una viga del techo, y otros vanguardismos.

Focus. Fue un espectáculo bien montado por las curadoras Florencia Battiti y Mariana Rodríguez, con Karina Granieri a cargo de los videos.
Focus. Fue un espectáculo bien montado por las curadoras Florencia Battiti y Mariana Rodríguez, con Karina Granieri a cargo de los videos.
Finalmente, arteBA supo capitalizar 25 años de experiencia y fundó una feria con estilo: Focus, el producto de una alianza con el Gobierno porteño. Treinta galerías y 80 artistas argentinos ocuparon La Arenera, un bello y despojado exponente de la arquitectura industrial ubicado en los alrededores de La Usina del Arte y el bajo de la autopista. Desde el viernes pasado y hasta el domingo, el acceso a esta zona por demás difícil de Buenos Aires se veía desolado y escenográfico.

Una nueva feria de arte no estaba entre las necesidades de los porteños que ya tienen alrededor de diez y en un mercado que no se destaca por su fortaleza. Pero Focus, una apuesta del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para brindarle visibilidad al Distrito del Arte y una jugada de arteBA para renovar su imagen, resultó en verdad exitosa, acaso porque se parecía más a una bienal que a una feria.

El edificio arenero les recordaba a algunos el Arsenal de Venecia. Lo cierto es que regresar al anonimato de los pabellones de La Rural va a resultar difícil. "Un gran desafío", reconoce la gerente de arteBA, Julia Converti. Las características esenciales de Focus son la ausencia de galerías internacionales, su dimensión amable y acotada y la buena sintonía entre todas las partes.

Al ingresar a ese largo corredor al aire libre poblado de bares con champagne inagotable y largas mesas con bocaditos y tiernos lomos argentinos, el espectador entraba en una isla.

El cambio de escala de gran parte del arte contemporáneo impuso un aumento en la superficie de exhibición de las galerías. Así se ocuparon los galpones, fábricas y depósitos de las grandes megalópolis y se descubrió el tesoro de los diseños industriales. Esta arqueología ya había limitado la destrucción de estos edificios, pero el arribo del arte dejó su belleza a la vista, inocultable.

Al ingresar a la feria, todo se veía diferente y, no sólo en el formato, sino también en el ánimo de la gente. Por un lado, el arte contemporáneo se sentía a sus anchas en el inmenso espacio donde la visión apenas si se interrumpía con unos pocos paneles divisorios. Además, para acentuar el efecto de una gran sala de exhibición, los stands no tenían sillas ni escritorios (los galeristas estaban parados, como el público). Por otro lado, la cuestión financiera determinó la calidad del arte. Los espacios jóvenes -que pagaron 7.000 pesos- eran varios y estaban dispersos, entre las galerías que pagaron 22.000 pesos. Teniendo en cuenta que un stand en La Rural cuesta alrededor de 15.000 dólares, se entiende que los galeristas resignaran el costado comercial y se jugaran a mostrar buen arte y obras difíciles de vender. Recién al final de la feria varios galeristas confesaron que las ventas superaron sus expectativas.

Focus fue un espectáculo bien montado por las curadoras Florencia Battiti y Mariana Rodríguez, con Karina Granieri a cargo de los videos.

Una de las obras más intensas fue la de Nicanor Aráoz, un torso colgando de una cadena atada a una viga del techo. El cuerpo tiene salpicaduras de pintura color celeste y está atravesado por un tubo de neón. Frente a la ferocidad de la imagen de Aráoz estaban las bellísimas esculturas en mármol blanco de Elba Bairon. Hay una figura femenina fantasmal, de tamaño casi real y con los rasgos esfumados. Desde la distancia, la escultura atrae la mirada con su arraigo al clasismo y recuerda el arte que guardan los museos; al acercarse, ese perfil se desdibuja, los rasgos se borran y muestran la ambigüedad contemporánea.

Si bien la diversidad de tendencias y de soportes es tan extensa como los materiales que emplean los artistas para producir sus obras, la cerámica está desde hace ya tiempo entre los elegidos. Las formas juguetonas de las cerámicas esmaltadas con colores brillantes del misionero Taca (Ricardo Oliva) se divisaban al ingresar a la Feria. En barro cocido Sebastián Mercado presentó "13 pabilos". Sobre el piso había una escultura tamaño natural de un auto abollado y quebrado en pedazos realizado en cemento por la artista franco-argentina Estrella Estevez. También sobre el piso descansaba la mancha de brea negra y brillante de la sensible Jane Brodie. Con caños de hierro trefilado Luis Terán montó un pequeño y atractivo parque de esculturas que recorre la historia de la modernidad. La tensión de los materiales, en este caso la madera y el acero, está presente en una nueva obra especialmente compacta y poderosa de Luciana Lamothe. El cordobés Damián Linossi presentó una instalación de libros sobre una mesa cuya lectura capturaba la atención del espectador.

La pintura ocupó un lugar preferencial que se inició con la serie que Luis Felipe Noé presentó en la Bienal de Venecia, continuaba con una pintura del rosarino Juan Pablo Renzi ligada a la representación conceptual y culminaba con las imágenes de Nahuel Vecino y Matías Ércoli.

Finalmente, entre los videos estaba la genial e imperdible performance de Juan Becú sobre la carrera de un artista.

Focus fue el punto de partida de estas jornadas en el Distrito de las Artes. La migración de los centros del arte hacia los suburbios tiene fecha reciente en Buenos Aires. No obstante, la puesta en valor del Distrito del Arte está ligada a la suerte del país. Buenos Aires no es una isla: padece la violencia y a la tercera parte de la población le cuesta llegar a fin de mes. Las excepciones son el Museo de Arte Moderno, dueño de un presupuesto para mantener su programación y, la Fundación Proa, financiada por la empresa Techint, que trae muestras estupendas como la de Malevich en la actualidad.

En Barro, frente al palacio de La Usina, Nicola Costantino despliega su visión del "Jardín de las delicias"; en Prisma Kunsthalle están Federico Colleta y Nicolás Bacall. Cerca del Museo Quinquela Martín y la galería Popa, la Fundación Andreani construye un espacio diseñado por Clorindo Testa. La Verdi, un laboratorio de artistas, ocupa el histórico Teatro Verdi y a pocos pasos está la galería Isla Flotante.

Si el viento soplara a favor, el camino hacia la Vuelta de Rocha dejará de ser oscuro.

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