13 de enero 2010 - 00:00

Fondos buitre: de fabricaciones de plástico a financistas de rock

Una perla. Kenneth Dart, propietario de uno de los fondos buitre que ayer lograron embargar una cuenta del Central, es en parte dueño de una pyme que produce vasos térmicos en el Gran Buenos Aires.
Una perla. Kenneth Dart, propietario de uno de los fondos buitre que ayer lograron embargar una cuenta del Central, es en parte dueño de una pyme que produce vasos térmicos en el Gran Buenos Aires.
Los fondos buitre basan su estrategia en un simple negocio: comprar acciones de empresas al borde de la quiebra o de países casi en default para luego vender la compañía en pedazos o esperar a que el Estado declare que no puede pagar sus compromisos. En esos momentos, comienza a operar en tribunales y fuerza una negociación con las autoridades para conseguir ganancias que pueden ir del 50% al 350%. Sólo se necesita paciencia, buenos profesionales (financieros, contables y abogados internacionales) y codicia.

Es el caso de EM Limited y Elliot, especialistas a nivel mundial y con estrategia calcada. Desembarcan en un país cuando el bono cuesta menos del 40% (en la Argentina se compraron al 20%) y esperan el momento en que el título suba por el fin de las dudas por el default para vender si el Estado entra en cesación de pagos, en las acciones judiciales.

Promedio

Según un estudio de setiembre de 2006 elaborado por el economista indio Manmohan Singh por encargo del FMI, en promedio los fondos buitre logran retornos de entre el 50% y 350%, según el caso. La única variable de estos operadores es el tiempo, ya que la resolución de la venta de los bonos y acciones compradas no depende de los mercados, sino de la velocidad de los tribunales en los que les toque litigar. Por esto, son famosos por contratar no sólo buenos financistas y economistas, sino también excelentes abogados. Tienen otra característica común.

A diferencia de los fondos de inversión o de los grandes bancos internacionales, estos operadores tienen como cabeza a una persona física.

Kenneth Dart es el mayor acreedor privado que tiene la Argentina. Paradójicamente, su origen no tiene que ver con el sistema financiero. Dart trabajó desde joven en la fábrica familiar de vasos de plástico y telgopor Dart Container, que luego heredó y finalmente vendió en parte a capitales japoneses a comienzos de los 80. Curiosamente, la empresa tiene una sucursal en Buenos Aires, en el Parque Industrial de Pilar. De hecho, es el principal fabricante de vasos térmicos del país, y Dart mantiene una parte de las acciones de esta compañía local.

Con el dinero recibido, y luego de una disputa histórica con su hermano, Dart decidió convertirse primero en prestamista de pymes norteamericanas y, luego, perseguido por evasión de impuestos en su país, migró a las islas Caimán perdiendo su condición de ciudadano estadounidense. Allí creó primero la West Indias Company (que funcionó en el exclusivo country West Indian Club de la isla Gran Caimán), dedicada a los préstamos privados, a la que se la relacionó con negocios poco claros en las privatizaciones, y luego el EM Limited.

Este último fondo se especializó en la compra de empresas al borde de la quiebra para luego partirlas en partes y vender los pedazos. Siguiendo esta lógica, luego viró hacia la adquisición de títulos de países al borde del default. En su currículum tiene operaciones en Brasil, Rusia, Ecuador, Congo, Nigeria, México, Costa de Marfil, Jamaica y, últimamente, Grecia. Todo esto, además de la Argentina, donde desembarcó en agosto de 2001 y profundizó operaciones en noviembre de ese año, cuando el default era casi un hecho. En total, se asegura que posee títulos impagos por unos u$s 2.700 millones, de los cuales u$s 1.200 millones están siendo litigados en el juzgado de Thomas Griesa.

En general, Kenneth Dart no espera a la resolución judicial, y en algún momento se sienta a negociar con el deudor. Es lo que hizo en Ecuador en 1999, donde recibió 88 dólares por títulos que había comprado a 22 dólares. No fue el caso de la Argentina, donde desde hace casi siete años viene litigando en el juzgado de Griesa.

NML Capital pertenece a Elliot Asociates, que a su vez es propiedad de John Singer Elliot. A diferencia de Dart, no tiene pasado industrial, ya que heredó la compañía financiera de su padre con sede en Maryland. Las residencias oficiales de Elliot están en Bahamas y en Belice, y opera desde un pequeño banco en Miami. Posee títulos de la Argentina por u$s 1.500 millones comprados todos en los primeros quince días de diciembre de 2001, a horas del default. Divide su actividad en dos: la de operador financiero y la de financista de grupos de rock y rap en Estados Unidos. Fue prestamista, además, de varias películas en Hollywood. Dentro de los fondos buitre se lo reconoce por una especialidad: tener la mejor planta de abogados, expertos en lograr embargos de bienes de los países con dificultades de pago. Durante diez años mantuvo en línea al Gobierno del Congo, por una deuda de u$s 1.200 millones, llegando incluso a embargar la embajada de ese país en EE.UU. En el caso argentino, fue el fondo que logró que en su momento Griesa avanzara sobre la sede de la Marina en Washington y de la imposibilidad de que aviones oficiales aterricen en aeropuertos de ese país.

Tanto Dart como Elliot tienen una característica común: ambos se enfrentaron con las mafias rusas e italianas, negociaron exitosamente con dictaduras africanas y acorralaron a gobiernos latinoamericanos. Tienen fortunas incalculables y todo el tiempo del mundo para esperar. Son entonces el peor enemigo para los Kirchner. Difícilmente se amilanen con las amenazas del matrimonio presidencial desde el conurbano.

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