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Fórmula exacta para tener más inflación
Comprobamos permanentemente la centralidad del dólar en las decisiones. Bastó que algunos funcionarios expresaran el deseo de favorecer pesificar los contratos inmobiliarios para que el mercado se derrumbase. Los argentinos temen tanto a sus instituciones que, desde hace muchas décadas, decidieron resguardar sus capitales exportándolos al extranjero. El BCRA reporta que, entre 2003 y 2013, los privados radicaron algo más de 90.000 millones de dólares en el exterior. ¡Y éstos son números oficiales! Según estimaciones extraoficiales, los argentinos mantendrían más de 250.000 millones de dólares en activos extranjeros. En amplio contrapunto, una variable crucial en la discusión política actual es la evolución probable de las reservas del Banco Central, que son de apenas 37.000 millones. Casi un 15% de las tenencias privadas en el exterior de los argentinos. Como si encarar reformas estructurales para que retorne ese hijo pródigo, la inversión argentina en el exterior, fuese imposible. El objetivo principal parecería ser evitar que sigan saliendo.
En varias notas en Ámbito Financiero, el año pasado, advertí el impacto inflacionario de acelerar la devaluación del peso frente al dólar. Luego de la devaluación de enero, economistas prestigiosos manifestaron sorpresa por el traslado a precios internos del mayor tipo de cambio, el "pass through" en términos técnicos. Otros arriesgaron que el golpe de precios se debía a la ausencia de Moreno. Olvidándose que desde mediados de mayo de 2013 la devaluación se fue acelerando. Si la paridad pasó de 5 a 8, los precios internos no podían quedarse atrás.
Recordemos que el tipo de cambio oficial, el más relevante para el comercio exterior, pasó de 5 pesos por dólar, a mitad de febrero 2013, a 5,2 pesos, a mitad de mayo, para acelerar su crecimiento hasta 6,52 a fin de 2013. Y saltó a 8 pesos a fin de enero. La experiencia argentina es contundente. A mayor tipo de cambio nominal, mayores precios internos. Por eso devaluar la moneda frente al dólar es inflacionario. Esto es tan categórico que los operadores comparan precios, entre fechas distanciadas por varios años, con la variación del tipo de cambio y la inflación del dólar. Así, los precios internos actuales serían unas 10 veces más elevados que los del final de la convertibilidad, en 2001. Cuando un peso se cambiaba por un dólar, sin restricciones. El aumento de precios internos correspondería a multiplicar la devaluación del peso por la inflación del dólar, un 2% anual acumulado promedio. Por supuesto, esto es un cómputo muy grueso, a falta de otros elementos para una comparación afinada, hasta tanto INDEC complete la reestructuración de los índices de precios. Para las decisiones financieras, la cotización del dólar ofrece el índice más transparente aunque algo impreciso.
Intentar alterar el denominado tipo de cambio real, esto es la relación entre precios internos y precios externos, sólo modificando la cotización del dólar, no es sostenible. Las relaciones reales de competitividad son consecuencia de estructuras productivas, financieras e institucionales profundas. Que no se cambian variando la cotización nominal del peso. Es como si un perro corriese cada vez más rápido para morderse la cola, cuando el largo de su cuerpo le impide alcanzar al rabo. No es problema de velocidad, sino de estructura.
Las continuas devaluaciones, prolongadas por demasiadas décadas, llevan a prestigiosos economistas a centrar sus esperanzas en encarecer el tipo de cambio real, mediante... ¡otra devaluación! Nos parece mucho más eficiente estudiar y atacar la raíz de los problemas de competitividad y equilibrar la macro que volver a modificar la paridad con el dólar. Pero es más difícil. Tanto intentaron modificar el "tipo de cambio real" que nuestras actuales monedas de un peso corresponden a 10.000.000.000.000 de los pesos moneda nacional que rigieron entre 1881 y 1969. Tamaña devaluación y todavía reclaman otra.


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