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Fotos de viajes de Horacio Coppola en imperdible muestra
El argentino Horacio Coppola es un testigo sensible y fotógrafo excepcional del siglo XX, así como un descubridor de aristas desconocidas de los barrios porteños desde los años 30.
Coppola nace en Buenos Aires en 1906. Inicia estudios en la Facultad de Derecho, pero luego se orienta hacia el arte. Su comienzo en la fotografía esta marcado por la influencia de su hermano mayor. «Fue mi hermano Armando, dentista y 20 años mayor que yo, el que me enseñó en mis comienzos todo cuanto supe sobre fotografía», señaló. Una influencia clave es también la visita de Le Corbusier a Buenos Aires, y sus conferencias en Amigos de Arte, «La mirada de las casas tradicionales de Buenos Aires como formas abstractas». Es el marco del que deriva su visión de los barrios porteños, caracterizado por un encuadre singular y la acentuación de ángulos y líneas geométricas en fachadas y balcones.
Si bien su vocación inicial es el cine, y a finales en 1929 es nombrado presidente del primer Cine Club, Coppola, se convierte en un testigo sensible y fotógrafo excepcional del siglo XX. Es un pionero del arte de la cámara en la modernidad de los años 30 en nuestro país, década enriquecida por su amistad con figuras como Alfredo Guttero, Xul Solar y Leopoldo Marechal, entre otras destacadas figuras.
Si algo faltaba para coronar el proceso de incorporación de la fotografía en el museo de arte, ese algo ocurre por vez primera en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) desde sus comienzos, en 1929. Allí se inicia, en 1932, la serie de exposiciones fotográficas en museos que han de convertirse, con el tiempo, en programa obligatorio en el mundo entero. En aquellos años, Coppola ilustra los barrios de Buenos Aires para el libro «Evaristo Carriego», de su amigo Jorge Luis Borges. «Caminar por Buenos Aires era una forma de conversar y una manera de cultivar la amistad. Veíamos la ciudad como un paisaje escurridizo en el que había que estar atento a sus personajes, a los objetos fortuitos en los que si uno sabe mirar encuentra mil formas insólitas. Mi primera aventura fue descubrir las perspectivas geométricas, las simetrías y sombras que dibujaban las siluetas negras de hombres de espaldas, aferrados a sus periódicos sin que se les moviera el sombrero. La Leica siempre lista, colgada al cuello. Cuando bajaba el sol, tomábamos la calle Corrientes a la altura de Once y llegábamos hasta Chacarita unas cuantas horas después», contó Coppola.
En su primer viaje a Europa en 1930, es decisivo su conocimiento del artista húngaro Laszlo Moholi-Nagy y el alemán Albert Renger-PTMtzsch, figura destacada de la Nueva Objetividad en fotografía. Estudia la luz y logra captar el clima y los personajes de la Europa de entreguerras. En 1932, regresa a Alemania y se inscribe en el Bauhaus -donde conoce a Grete Stern, que será su primera esposa-, antes de que la escuela fuera cerrada definitivamente en 1933 por el nacionalsocialismo.
Coppola se traslada a París y allí, Christian Zervos, el director de Cashiers dArt, le propone la realización de LArt de la Mesopotamie, y en ese proyecto fotografía piezas de la colección de arte del British Museum de Londres y el Louvre de Paris, ciudad en la que visita los talleres de Joan Miró y Marc Chagall. También registra La Ardéche, la campiña entre Lyon y Marsella. En las afueras de Londres produce su primer documental: «Un domingo en Hampstead Heath», sus primeros pasos como cineasta.
A su regreso a la Argentina, presenta en la redacción de la revista «Sur», una exposición de sus obras. «Buenos Aires decide retenerme junto con Grete y nuestros hijos Silvia y Andrés: Victoria Ocampo nos ofrece la redacción de Sur para la primera exposición conjunta que realizamos con Grete», recuerda Coppola. Tras el éxito de la muestra, llega la propuesta para documentar Buenos Aires, cuando transita el cuarto centenario de su fundación, «Buenos Aires 1936», un libro con prólogo y comentarios de Alberto Prebisch.
En los 60, en otro viaje por Europa fotografía sitios de Holanda, Bélgica, Alemania, Inglaterra, España e Italia. De vuelta en la Argentina, se inaugura en el Museo de Arte Moderno, la retrospectiva «Cuarenta años de fotografía», que luego se exhibe en Texas y en México. En 1981 integra la exposición colectiva «Fotografie Lateinamerica Von 1860 bis Heute» en Zúrich. En otras distinciones recibe el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes (1986); y veinte años más tarde, en 2006, se presentan en las calles de Buenos Aires gigantografías de sus fotos y se le rinde homenaje en su centenario.
La muestra en la galería Jorge Mara. La Ruche, está acompañada por la edición de un importante libro-catálogo y un DVD con tres de sus cortometrajes realizados en Berlín, París y Londres, y el que había dedicado a Buenos Aires sobre la obra del Obelisco.

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