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Fraude: denuncias que no llegan nunca a la Justicia
María Eugenia Vidal y Miguel Lifschitz
En las primarias bonaerenses en las cuales María Eugenia Vidal realizó una elección notable ya desde las primeras horas de la mañana se podía escuchar al locutor Fernando Niembro, candidato por el PRO, denunciar infracciones. Declaraciones de impacto mediático pero que nunca llegaron a materializarse ante las autoridades pertinentes.
Es de esperarse, entre quienes aseguran respetar las instituciones, que ante el menor indicio de infracción, estos hechos sean constatados y una vez con la prueba fehaciente, en lugar de acudir a los medios, se realice una presentación judicial. Esto evitaría situaciones absurdas como cuando el macrismo forzó un recuento en las elecciones de Santa Fe para descubrir que al final la diferencia a favor del socialista Miguel Lifschitz era mayor de la anunciado en la madrugada posterior a los comicios.
Entender la democracia como la competencia entre diversas fuerzas políticas por la voluntad popular implica aceptar los requerimientos propios de una campaña en un territorio de la longitud y la diversidad del argentino. El día previo a la elección en el PRO se organizaba el arribo de fiscales desde por lo menos seis provincias del norte argentino y otros tantos desde la Capital. Aún en la provincia de menor superficie este partido, exitoso sin lugar a dudas en otras latitudes, evidenció su escasa estructura para monitorear una elección. Referirse a hechos de violencia aislados no es un justificativo para esa realidad, que antes de motivar denuncias que nunca llegan a los tribunales debiera ser la excusa para un profundo replanteo sobre táctica electoral.
En las primarias en Tucumán Daniel Scioli se impuso por un margen indiscutible. Juan Manzur hizo lo propio el domingo.
El candidato a la presidencia del kirchnerismo sostuvo ayer que "Macri no puede poner en duda los resultados cada vez que pierde". Ese comentario es también un llamado de atención que debieran acusar todos los partidos, para evitar situaciones que sólo contribuyen a justificaciones mezquinas si no tienen el tratamiento preciso por la vía judicial.
El sistema electoral argentino es ampliamente perfectible. La propia Cámara Nacional Electoral emitió una acordada la semana pasada en la cual instó a las próximas administraciones a un profundo debate sobre como optimizar el modelo que regula la elección de autoridades. El texto de los camaristas encierra observaciones valiosas, pero es muy preciso en materia de tiempos: su pedido y expectativa es hacia el futuro. En el presente ya existe un sistema de reglas que debe ser acatado y que, claramente, en caso de que presente irregularidades, éstas deben conducirse por la vía institucional, más allá de los resultados o de las falencias partidarias de quienes aspiran a la primera magistratura.


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