Juan Manuel Abal Medina junto a Mariano Recalde y militantes k durante el encuentro para gestar una FUA paralela.
El jueves por la noche, tras una reunión con Juan Manuel Abal Medina, la cúpula universitaria ultra-K renunció a participar del congreso de la FUA. Y activó un dispositivo de magra eficacia: vaciar de peronismo la cumbre que sesionó, el sábado, en Córdoba.
Fue una maniobra a dos bandas y eslabonada: gambetear una derrota que desnudaría la vulnerabilidad del armado universitario de La Cámpora y deslegitimar el congreso de la FUA mediante la ausencia de la Juventud Universitaria Peronista (JUP).
Montó, para lo primero, una FUA paralela que sesionó en la Facultad de Sociales de la UBA. Desplegó, para lo segundo, una red de seducción y presiones: logró que un puñado de grupos del peronismo universitario cancelen, sobre la hora, sus pasajes a Córdoba.
El viernes, Abal Medina buscó desactivar el bloque bonaerense: le pidió al jefe de Gabinete sciolista, Alberto Pérez, que abortase la presencia de la JUP con base en la provincia. Lo logró, aunque los JP silvestres de Lomas de Zamora, Matanza y Mar del Plata igual asistieron.
Algo similar pasó en Jujuy. La jefatura de la JUP acató el mandato nacional, pero buena parte de los congresales estuvieron en Córdoba. Hay un dato que explica esas rebeldías: el armado universitario suele tener autonomía de los caciques territoriales.
Algo más: para el PJ, que soporta las embestidas puristas del neocamporismo, la FUA se convirtió en una modesta imposición de límites. Sencillo: una oportunidad para explicitar que la construcción de los ultra-K en la universidad todavía no es relevante.
Al final, la JUP anotó 211 delegados y se quedó con tres butacas de la FUA, entre ellas la Secretaría General para Ismael Genovese, protegido de Alejandro «Galleguito» Álvarez, histórico de la JUP, socio de Rubén Torelli, ligado al gremio de UPCN. Andrés Rodríguez, jefe de esa cofradía estatal, apadrinó la aventura y aportó logística.
En la previa, los ordenadores de la JUP tentaron a La Cámpora con un pacto y hasta le ofrecieron que postule al número uno de la boleta, cargo que en esas horas se imaginó para Anabella Lucardi, formada en la NBI de Derecho y que reporta a Mariano Recalde.
El interventor de Aerolíneas Argentinas es junto con Eduardo «Wado» De Pedro el operador universitario de La Cámpora.
A la defensiva, la rama K sospechó una emboscada y rehusó la invitación. Ante eso, los delegados peronistas decidieron participar por las suyas en el congreso y para identificarse eligieron un nombre emblemático: Frente Universitario Néstor Kirchner/JUP.
Ganó, al final, Franja Morada, con 290 cartones -delegados- contra 211 del peronismo; la izquierda criolla se unió en el Frente 20 de Diciembre y juntó 169 manos mientras el FAP, donde confluyeron los socialistas del MNR y Libres del Sur, entre otros, colectó 127 voluntades.
El episodio, satelital de las grandes ligas, aportó algunas pistas:
Según los delegados peronistas, una fusión entre los K y la JUP podría haber arrebatado el control de la FUA a los radicales de Franja Morada. Los referentes aliados con La Cámpora rechazan ese supuesto y arriman un dato: hace décadas, la FM y la JUP mantienen una amable empatía que sostiene un statu quo donde los radicales conducen y los peronistas funcionan como sus socios menores.
A su vez, de acuerdo con la queja K, la FUA hace ocho meses que no sesiona, por lo cual opera casi en la «clandestinidad» ya que sólo se reunió para convocar al congreso del sábado, al tiempo que mantiene encriptado el sistema para definir cuántos cartones le corresponden a cada agrupación que participa de las elecciones en cada una de las facultades. Otra queja recurrente es que, con el mismo sistema, desinfla a las representaciones rivales y «engorda» a las propias, algo que ocurre con las nuevas universidades.
Montada en esos argumentos, la Casa Rosada -Abal Medina debutó como estratego en una cuestión doméstica, casi una nimiedad- optó por gambetear una posible -o inevitable- derrota que hubiese clarificado que la juventud kirchnerista parece ser, en los papeles, menos contundente que lo que reza el relato oficial. Es más: al desmenuzar la galaxia universitaria K, La Cámpora es un espacio con menos volumen que otros sectores como Miles de Walter Formento, el Movimiento de Participación Estudiantil (MPE) o el Movimiento Universitario Evita, rama estudiantil del Evita de Emilio Pérsico. También intervienen la JP Descamisados, Kolina y el sabbatellismo de Nuevo Encuentro, entre otros.
La JUP, en tanto, está presente en buena parte de las universidades y aprovechó el sábado, tras el congreso, para perfilar su nueva mesa nacional que terminaría de formalizarse esta semana. Juan Carlos Saintote, con base en la UTN, estará al frente mientras que Federico Argüelles (Mendoza) y Mario Ríos (Salta) estarán como segundos.
En el segmento universitario se expresa una disputa entre el peronismo y los ultra-K que se registra, aunque en general sin manifestarse, en los demás espacios que comparten el PJ oficial con los sectores juveniles kirchneristas. Es decir: tanto La Cámpora como la JUP decidieron, al final, ir separados a pesar de que eso implique, para ambos, una derrota. Los primeros acusan a los segundos de ser «funcionales» a Franja Morada; los segundos imputan a los primeros querer imponer nombres y formas sin tener real peso dentro del mundo universitario. Una prueba piloto de otras difíciles convivencias.
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