Parisi es guionista de televisión, y ha publicado las novelas biográficas "La niña y su doble" y "El gueto de las ocho puertas", basadas en testimonios que le ofrecieron dos mujeres que sobrevivieron al Holocausto, "Un caballero en el purgatorio", sobre lo que le contó un ladrón que se convirtió en artista gráfico, y la novela de suspenso con un toque narco "Delivery". Dialogamos con Parisi sobre su nueva novela, que ya piensa que será una saga.
Periodista: Luego de exitosas biografías noveladas, ¿qué lo llevó a pasarse a la novela policial?
Alejandro Parisi: "Con la sangre en el ojo" es una novela que surge más por el protagonista que por hacer una novela policial. El personaje me llevó al género. La comencé en el 2007, después la colgué, y hace un año la volví a agarrar. Viví cuatro años en Barcelona, soy porteño, pero al volver me sentí extraño en la ciudad. Pensando en el personaje de "Con la sangre en el ojo" me pareció divertido hacerlo uruguayo, que es como un argentino que no es argentino. Álvaro Balestra surgió como un hombre que renuncia a su carrera en la policía uruguaya, por motivos que prefiere callar, y se viene a Buenos Aires y acá sobrevive como detective privado buscando personas perdidas, siguiendo a infieles, custodiando a drogadictos en recuperación. Balestra me llevó a la novela negra. Estaba trabado con dos novelas biográficas que estaba escribiendo al mismo tiempo. Una es "La niña y su doble", historia de una sobreviviente del Holocausto, la otra "El caballero en el purgatorio" con la historia de Carlos Frattini un ladrón que logró redimirse, luego de 23 años de prisión, gracias a su talento como dibujante. Son biografías noveladas. Yo no soy periodista. Escribir de alguien que me cuenta una historia conmovedora lo aprendí sobre la marcha. Esas son dos historias muy densas, decidí cortar, pasar a la pura ficción, dedicarme a seguir las aventuras de Balestra.
P.: Estar con ese ladrón al que el pintor Raúl Soldi conoce en la cárcel y lo impulsa a dedicarse al dibujo, de alguna manera lo puso en el camino del policial.
A.P.: Totalmente. Las conversaciones con Frattini me dieron montones de datos, desde el otro lado, desde el del ladrón. Creo que las experiencias de Frattini me hicieron tomarle el gustito al mundo marginal. Quería un personaje que no necesariamente tuviera que tener la balanza de la moralidad, que tuviera una idea amplia de lo que es justo. Me alejaba de algo terrible como la vida de una sobreviviente del Holocausto, un hecho tan doloroso que uno se tiene que mantener al margen y reconstruir la historia. En cambio con Balestra me divierto.
P.: ¿Comenzaron a surgirle ideas de otros problemas en que intervendría su detective?.
A.P.: Mi idea es que las aventuras de Álvaro Balestra no se queden en esta novela, donde una mujer muy atractiva, con ganas de vengarse, lo contrata para que siga a su esposo para ver con quien le está metiendo los cuernos, y de pronto Balestra que va a fotografiar a un importante industrial en un maratón sexual lo encuentra convertido en cadáver. Mi idea pasó a ser la de una saga, que el personaje continúe, que tenga que resolver nuevos casos, que siga protegiendo al Rengo, ese linyera, ex futbolista, alcohólico, su ayudante, que es perseguido por un grupo conjurado a "limpiar" de "escoria" de la ciudad. Balestra me permite seguir disfrutando, y que los lectores lo disfruten. Y voy a necesitar otras novelas para descubrir qué lo llevó a exiliarse, a renunciar a su cargo, a saber qué es lo que prefiere callar.
P.: Y usted va dando pistas de eso.
A.P.: Balestra es un ex policía que se fue en tiempos de la dictadura uruguaya. Ahí hay algo que alguna vez deberá contar. No se sabe bien si participó o no participó en la represión, lo cierto es que se pasó a la otra orilla. En datos que va dando al pasar señalan algo. Es como una campana que no se escucha. Desde la narrativa Balestra me permite explorar los recodos, los rincones, los secretos de su vida, algo que otro personaje no me hubiera permitido. Balestra me permite meterme con la marginalidad, con el mundo criminal, y con la historia latinoamericana desde el otro lado, no desde el lado que escuchamos siempre.
P.: Su detective noaparece como alguien heroico que se las sabe todas.
A.P.: Es un detective de poca monta. Cuando viene a la Argentina su padrino es un comisario que le tira asuntos para que investigue, que siga, que custodie, nada importante, cosa que se gane un dinero y no se meta en problemas. Pero los problemas surgen cuando menos se lo espera. Por ejemplo, va a fotografiar a un tipo con su amante y lo encuentra muerto. Balestra ni puede dejar el caso, tiene que investigar. Igual le ocurre e con la matanza de mendigos que hay en la ciudad, en la que puede caer su amigo el Rengo. Balestra no busca investigar, pero el investigar se le impone. Y a veces es él quien entra a estar en peligro. El caso del Rengo y la "limpieza de mendigos" lo amenaza a él por su pasado.
P.: ¿Por qué se ha puesto tan de moda la novela negra, el thriller, el policial?
A.P.: Realmente es un género que ha crecido un montón. Para entender el fenómeno no hay que circunscribirlo a la literatura, el interés se observa en la televisión, en el cine, en los comics. Hay cantidad de series de televisión, fundamentalmente estadounidenses, que encaran lo policial desde las formas más diversas, desde la pura acción y el suspenso a la investigación científica de los forenses, pasando por otras formas de entrar en mundos oscuros. El policial habla de la sociedad, de una sociedad corrompida a nivel de la modernidad. Pareciera que tratamos todos de vivir dentro de unas reglas que nos parecen demasiado rígidas y entonces se mira a los que cruzan esas reglas con cierto romanticismo. Estamos rodeados de casos que nos envuelven y nos hacen pensar como si fuéramos detectives de un policial. El caso Nisman es superior a cualquier novela policial. En la literatura argentina se venía en una cadena de moralidad, del deber ser, y es bueno lo que aparezca con más insistencia lo que no debe ser. Si leemos policiales no es porque somos todos correctos, me parece que es porque somos todo lo contrario.
P.: ¿Qué autores de novela negra le interesan?
A.P.: James Ellroy, del que hasta lo que no lo leyeron lo conocen por "Los Ángeles al desnudo". Me gusta mucho la serie de Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán. Carvalho no es sólo un detective, explora la ciudad, la sociedad y cuenta lo que ve. Yo no escribí "Con la sangre en l ojo" desde el caso que resuelve el detective. En Carvalho encontré que un detective puede permitir al narrador hablar de cualquier cosa, y eso para un escritor está buenísimo, uno se puede meter en el tema drogas, delitos sexuales, corrupción.
P.: Usted se adelantó a hechos que salieron en los diarios. En "Delivery" cuenta de una pizzería que sirve para encubrir distribución de droga. ¿Cree que esa novela influyó?
A.P.: No, que terminamos todos presos (Ríe). Esa novela la escribí en el 200 y se publicó en 2002. Tenía amigos que repartían empanadas y no hacían nada de eso, pero yo pensé que podía haber cualquier cosa en la cajita que llevaban.
P.: ¿Ahora que está escribiendo?
A.P.: La segunda entrega del detective Balestra. Y estoy revisando "Su rostro en el tiempo", novela que sale el año que viene. Trascurre en Sicilia en los años 30 y 40 en una familia italiana que sufre los avatares de la guerra, con una historia de amor entre hermanos. La inspiración surgió de un viaje que hice en 2004 con mi abuela y mi viejo a Castellammare del Golfo, la tierra de nuestra familia.
| Entrevista de Máximo Soto |


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