Fuego cruzado

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No había que ser un agudo observador ni tener un espíritu detectivesco implacable: el cuerpo técnico de la Selección argentina es una bomba de tiempo. Y el reloj avanza. Las declaraciones de Carlos Bilardo del martes por radio Provincia fueron una muestra más que dentro del grupo de trabajo que encabeza Diego Maradona los cortocircuitos son moneda corriente. Desde el 4 de noviembre del año pasado, cuando Julio Grondona, Maradona y Bilardo irrumpieron en la sala de conferencias del predio de AFA hasta hoy los enfrentamientos públicos y privados casi que tuvieron a todos los protagonistas posibles en el tapete y ni siquiera la sufrida y ajustada clasificación a Sudáfrica 2010 fue un atenuante para acercar partes, por el contrario fue el desencadenante, por ejemplo, de la salida de Miguel Ángel Lemme, ayudante de Diego, hombre de Bilardo, defenestrado por Grondona.

La entrevista que Clarín le realizó a Alejandro Mancuso y Héctor Enrique en forma conjunta en Barcelona, tuvo efecto bumerán en el campamento argentino de la Ciudad Condal. El título «Con Bilardo tenemos muchas diferencias» fue el detonante dentro de la explosiva personalidad del manager general de selecciones, que cuando leyó en letra chica que Mancuso decía «que con Bilardo pensamos diferente cosas del fútbol y de la vida. Yo casi no tengo relación» fue el detonante para salir a la caza de un micrófono donde hacer su descargo. Sólo tiene algo de positivo estos dimes y diretes de alcoba en los medios periodísticos: otra vez se habla más del puterío que de lo mal que volvió a jugar el conjunto de camiseta celeste y blanca, esta vez ante un combinado de buenos jugadores que no habían entrenado ni una sola vez. Esos catalanes, dirigidos por primera vez por Johan Cruyff desde el banco, le hicieron cuatro goles a Argentina a menos de seis meses del debut mundialista de nuestra Selección. Para preocuparse seriamente.

En el balance anual, independientemente de los números, que siempre aportan al análisis, las columnas del haber señalan la ausencia de un arquero definido, la incógnita de los laterales, un suplente de características parecidas a la del capitán Mascherano, una falta total de funcionamiento que sustente la presencia del mejor futbolista de la Tierra en el plantel y podríamos seguir enumerando. Pero de eso hoy no se habla. Hubo una muestra más de diferencias, pero ya dentro de la privacidad del plantel. En el regreso, en el vuelo de Spanair que unía Barcelona con Madrid (desde la capital española el grupo partía hacia nuestro país) el cuerpo técnico viajaba en primera clase como es habitual, sin embargo Maradona tomó la decisión junto a Mancuso de hacer el viaje en dos asientos de la clase turista. ¿Bilardo? Se quedó en su butaca de primera.

Ante la cercanía del Mundial, la mayor preocupación son las repercusiones internas que obviamente tienen estos actos de comedia de enredos en el equipo, por encima de si se saludan cuando se cruzan en el predio de AFA o si comen asado juntos semanalmente, pero pareciera que nadie se ha percatado aún que el prestigio que supimos conseguir en un siglo está en manos de un grupo de tipos que ponen por encima de todo sus vanidades más profundas que la capacidad para manejar en armonía a la Selección argentina.

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