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Fuerza Aérea sin nafta para controlar el Mar Argentino
José Pampuro
Licitación
El contrato original -de carácter secreto- con Repsol YPF surgió de una licitación lanzada por la Fuerza Aérea en los noventa. El arma estableció la composición del precio con un valor diferenciado según el punto de expendio del insumo en distintos aeródromos del país. La lista abarca pistas importantes y otras auxiliares en toda la extensión del territorio nacional. La infraestructura precedente de YPF, desarrollada en tiempos de Mosconi a lo largo y ancho del país, fue una ventaja que le permitió a la petrolera española superar a otros competidores que no disponen del mismo armado logístico, sólo la equiparan en zonas del centro del país (Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe, etc.). En 2004, cuando se disparó el precio internacional del petróleo, el entonces ministro José Pampuro decidió consolidar las adquisiciones de aeronafta de las tres fuerzas en un solo contrato utilizando el de la Fuerza Aérea. Y el paso posterior fue extenderlo a todos los combustibles (buques, gasoil antártico, vehículos del Ejército).
La provisión del aeroquerosén Jet A1 (más los combustibles destinados a unidades navales y terrestres) para las tres fuerzas -sea por licitación o compra directa a Repsol- iba a ser tema central de debut de la Agencia Logística de la Defensa, ingenio burocrático concebido por el licenciado Sibilla. Esta centralizará la compra de bienes y servicios de uso común, articulará otras áreas logísticas y adquirirá los nuevos sistemas de armas.
Un dato histórico de la licitación de la aeronafta militar concentra la atención: se paga más caro el litro de Jet A1 (entre un 20 y un 30 por ciento) en Moreno, provincia de Buenos Aires, que en Bahía Blanca o Neuquén. Los logísticos civiles no se explican qué factor encarece el combustible de aviación en un lugar donde hay más facilidades de transporte e infraestructura que en los aeródromos del Sur.


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