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Fugaz encuentro con buenas actuaciones
Agustín Alezzo subrayó la credibilidad del trío de actores (además de Daniel Fanego y Emilia Mazer, María Ibarreta) y de una sencilla anécdota que abusa un poco de las metáforas.
Agobiado por el fracaso de su última intervención quirúrgica, un pintor comienza a identificarse obsesivamente con los hábitos migratorios de las golondrinas, mientras despotrica contra las molestas palomas que invaden su balcón. «A éstas ni se les ocurre pensar en vivir una vida en total libertad», declara furioso asociando la inercia de estas aves con la mediocridad generalizada de los humanos.
Desde hace varios meses utiliza su departamento como trinchera (aunque en realidad sólo lucha contra las palomas). No ve a su hija ni atiende las llamadas de Susana (María Ibarreta) su ex mujer convertida en mala de telenovela por más que sus reclamos resulten pertinentes. La inminencia de la muerte ha hecho que Pablo se vuelva más egoísta y malhumorado. Pero no son veleidades de artista sino mecanismos de autodefensa. Al igual que una bestia herida prefiere guarecerse en su madriguera, ya sea para ponerse a salvo de cualquier reclamo o demanda o para evitar miradas compasivas que lo harían sentirse peor. Esto no impide que su «ex» invada este pequeño refugio por el que vela Emilia, su actual esposa, una maestra de exquisita humanidad muy bien delineada por Emilia Mazer.
En base a esta sencilla anécdota -algo reiterativa en su utilización del vuelo como metáfora de libertad individual y audacia creativa- va tomando forma este fugaz encuentro entre un hombre y dos mujeres que luchan, de muy distinta manera, por sus intereses y convicciones.
Como en otras obras de Carlos Gorostiza («El pan de la locura», «Los Prójimos», «El patio de atrás», etcétera) también aquí la vida de un individuo cualquiera aparece indisolublemente ligada a la de sus semejantes. Y aunque no se profundice en los conflictos propios del artista, ni en otras cuestiones de mayor peso ideológico (como la polémica que entabla con Emilia cuando ésta decide sumarse al paro docente) «Vuelo a Capistrano» ofrece al menos el retrato de un hombre angustiado. Daniel Fanego lleva adelante este rol con humor e ironía. Aunque abre y cierra la obra llorando, no se pierde en el melodrama.
Agustín Alezzo, gran maestro de actores, subrayó la credibilidad de este trío generando un clima intimista muy a tono con la propuesta.


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