12 de diciembre 2016 - 00:00

Ganancias: la doble derrota del macrismo

Para la oposición, si la iniciativa que acordaron avanza, habrá ganado. Y si el Ejecutivo lo veta, deberá pagar el costo político.

 En el Gobierno están convencidos que la sociedad los apoya. Se basan en encuestas donde muestran que el Presidente aún mantiene entre un 50% a 60% de imagen positiva, a un año de Gobierno. Claro que cuando se miran esas mismas encuestas en lo referido a la evaluación de la gestión o situación económica, entre otros, los porcentajes de aprobación bajan considerablemente.

A pesar del traspié oficial en el tratamiento del proyecto de modificación del Impuesto a las Ganancias, cuyo desenlace final aún es incierto, puertas adentro de la Casa Rosada están convencidos que no se perdió tanto. Dicen que les juega a favor la foto donde se vio "amontonados" a kirchneristas, socialistas, renovadores y peronistas sonriendo por haber impuesto su iniciativa. Es porque esa imagen es "el pasado" y la gente rechaza esa forma de hacer política.

En el oficialismo no tienen dudas en cuanto a que ganaron las elecciones porque la gente quería "un cambio". Sobre la base de este análisis, se puede comprender que a doce meses de gestión, el Gobierno en vez de mantener una actitud abierta y de diálogo hacia propios y ajenos, por el contrario se haya encerrado en los últimos tiempos.

Si bien es cierto que la gestión de Macri es de dialogar y reunirse con los distintos representantes de los sectores, esto no necesariamente significa -en particular en el ala política- que los planteos sean escuchados. La expresidente Cristina de Kirchner consideraba que su modelo era el mejor y no perdía tiempo escuchando otras voces. Los críticos del macrismo sostienen que han cambiado las formas, pero no el fondo.

El problema es que en vísperas de un año electoral daría la impresión que, dada la convicción de los lideres de Cambiemos sobre que la sociedad los apoya, van a ser menos permeables a un diálogo político. Este mismo análisis parece ser que hizo la oposición, especialmente el Frente Renovador, tal vez el principal contrincante del oficialismo.

"El massismo se suicidó políticamente al fotografiarse con el kirchnerismo más recalcitrante, apareciendo al lado de personajes como (Héctor Recalde) o (Axel) Kicillof, sólo faltaba Máximo (Kirchner)" comentan allegados al entorno presidencial.

Desde la oposición sostienen que este pensamiento es creer que la sociedad sólo está preocupada por cuestiones éticas (corrupción) y no por su bolsillo. Y agregan un dato: las cifras oficiales permiten calcular que el salario de los trabajadores en blanco cayó 6% en los primeros nueve meses del año, deterioro que seguramente fue mayor en el caso de los ingresos correspondientes a los informales.

El espectro opositor, más atento a los reclamos de la población, decidió unirse consensuando un proyecto para modificar Ganancias que mejora sustancialmente el ingreso a los trabajadores. Cálculos realizados en medios de los diputados opositores muestran, por ejemplo, que para un trabajador soltero sin hijos con un sueldo bruto de $ 40.000, la iniciativa del Gobierno lo obliga a pagar casi $1.250 mensuales de impuesto, mientras que la propuesta opositora reduce esta cifra a menos de $900, es decir un ahorro mensual de casi $ 300. En tanto, para un trabajador casado con dos hijos y un sueldo bruto de $50.000 mensuales, el proyecto del oficialismo supone un pago mensual de casi $1.900, mientras que la iniciativa opositora implica un pago de algo más de $900, casi $1.000 menos por mes.

A esta mejora de bolsillo se sumará que las horas extras al igual que los bonos por productividad, no estarán alcanzados por el tributo. Particularmente, el tema de las horas extras es uno de los mayores reclamos de los trabajadores. En muchos casos, los empleados se indignan porque es el Estado el que se apropia, a través de este impuesto, del esfuerzo adicional y no siempre es fácil decir que no al trabajo extra. "¿No era que eliminar el Impuesto a las Ganancias era justamente parte del cambio?" comentan con ironía en el Parlamento.

El Gobierno insiste con su estrategia de denostar a quienes votaron el proyecto opositor de Ganancias convencidos de que a la sociedad le pesa más el rechazo a que políticos cuestionados se "rejunten" que el beneficio de contar con una mejora en el bolsillo.

Sería la primera vez en la historia política argentina que la sociedad responde con el "corazón" en vez del "bolsillo", recordando la antinomia que en su momento planteara el exministro radical Pugliese.

Por el contrario, dentro de la coalición gobernante hay también voces que critican esta postura y creen que la situación económica tiene un peso determinante en el humor de la gente, entre ellos los radicales que están demandando al PRO una mayor apertura.

Lo concreto es que dentro de la oposición consideran que el triunfo es doble. Por un lado, si el proyecto termina siendo aprobado, habrán ganado y podrán mostrar que mejoraron la situación de la población. Y si el Gobierno lo veta (como aseguran, si no se cambia), deberá pagar el oficialismo un tremendo costo político.

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